
Alan García quiso hacerlo. Manuel López Obrador quiso hacerlo. Ambos fracasaron. Ahora Pedro Castillo quiere hacer lo mismo. ¿Qué hay con el deseo de vender el avión presidencial? Lo más probable es que se trata de dar prueba de una austeridad personal. El avión propio, privado o público, es el símbolo N°1 de la opulencia.
Pero el mercado de aviones presidenciales de segunda mano es complicado. García no encontró postores. La oferta de López Obrador ya lleva unos tres años, y ahora está considerando rifarlo entre los mexicanos. A la vez, son muchos los mandatarios que prefieren sus aviones a los de las aerolíneas comerciales.
El anuncio de Castillo evoca su inicial resistencia a gobernar desde Palacio. Es el presidente del pueblo que elude señales del poder tradicional, y que en este caso se lanza a volar en clase económica. Aunque la norma es que la aerolínea invite a los presidentes a pasar a primera clase, lo cual hace toda la diferencia en vuelos largos.
Pero la decisión de vender tiene sus problemas. El avión no es, propiamente hablando, del presidente, sino de la Fuerza Aérea. Esta lo utiliza además para toda suerte de tareas cívicas, como se ha venido demostrando a lo largo de la pandemia. Vender ese avión probablemente creará la necesidad de adquirir otro, mucho más caro.
Como ha hecho notar el general César Astudillo, hay cuestiones técnicas que tomar en cuenta. El avión tiene “pocas horas de vuelo y pocos ciclos de rutina”. Su propietario, la FAP, tendría que establecer que no lo necesita. La venta, si se llega a materializar, le traería a Pedro Castillo muchos problemas, y ninguna solución.
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Es seguro que al disponer alegremente del avión Castillo no consideró cuestiones técnicas o legales. Quizás solo pensó que el pueblo no usa avión propio. Si es así, es un tipo de idea que puede llevar lejos. Él se quedaría sin avión, y los sufridos funcionarios públicos obligados a viajar larguísimas horas en clase económica.
Los gestos de austeridad real de un presidente siempre son bienvenidos. Siempre y cuando ellos se den dentro de ciertos márgenes de razonabilidad. En este caso concreto Castillo no tiene por qué vender un avión útil para el país. Para fines de su imagen, bastaría con que simplemente deje de utilizarlo.





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