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Opinión

Cuando las elecciones no te gustan

“... es el de Donald Trump apelando a sus argumentos más delirantes para sostener, más allá de toda evidencia terrenal, que Joe Biden no le había ganado las elecciones”.

LOS PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE TRUMP
A supporter of President Donald Trump chants outside the Senate Chamber inside the Capitol, Wednesday, Jan. 6, 2021 in Washington. (AP Photo/Manuel Balce Ceneta)

En todos los países donde se realizan limpiamente, las elecciones presidenciales implican un acto soberano de cada ciudadano, por ninguneado que sea, por insignificante que le parezca a los poderosos. Es el único momento igualitario de las democracias, sobre todo de las más endebles, el instante crucial en el cual el mendigo tiene el mismo derecho que quien se cree un príncipe.

¿Pero qué pasa si, una vez concluida la febril campaña y dados los resultados electorales, uno de los candidatos —o los dos— decide que no le gustó el resultado y apela a la tormentosa palabra ‘fraude’, como viene ocurriendo en nuestro país? Una rauda revisión histórica de esos momentos tensos, poblados de desvaríos, demuestra que las consecuencias son peligrosísimas.

El ejemplo más reciente, por cierto, es el de Donald Trump apelando a sus argumentos más delirantes para sostener, más allá de toda evidencia terrenal, que Joe Biden no le había ganado las elecciones de noviembre del 2020. Se inventó fraudes imposibles, presionó a algunos de los gobernadores que le eran favorables para que lo siguieran, inundó la red de fábulas altisonantes.

Las consecuencias fueron fatales para Estados Unidos, en cuerpo, alma y realidad. Una turba trumpista alentada por el mandatario asaltó el Capitolio haciendo que, como pocas veces, el gran país pareciera una república bananera. Una potencia mundial rozó niveles ignominiosos de caos debido a que, nada menos que su mandatario, era incapaz de aceptar un resultado adverso.

Hay variantes, claro, en este desprecio velado o abierto por la opinión ciudadana. En agosto del año pasado el presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, ganó por sexta vez los comicios presidenciales con el 80% de los votos. Alguien pegado a las informaciones planas o a las fake news diría que fue lo justo, que no había acta que impugnar por lo aplastante de la victoria.

Craso error. Semanas antes, las autoridades judiciales —que dependen de Lukashenko— detuvieron a dos candidatos opositores, Viktor Babariko y Serguéi Tijanovski. Quedó en carrera la joven candidata Svletana Tijanovskaya, que solo recibió el 9% de los votos. La plataforma digital independiente Golos, además, determinó que en este caso sí hubo realmente fraude.

Se habrían alterado los resultados de más de 1.300 colegios electorales (no actas, ojo), con lo que Lukashenko, en rigor, solo habría obtenido un 40% de los votos. La Unión Europea no reconoció los comicios. Pero, claro, eso no le importó al veterano presidente, que hace poco ha sido acusado de forzar el aterrizaje de un avión en territorio bielorruso para detener a un periodista.

Algo similar ha hecho el presidente Daniel Ortega en Nicaragua, que —sin ruborizarse— ya va por la detención del cuarto potencial candidato que lo podría enfrentar en las elecciones de noviembre, incluyendo a Cristiana Chamorro, quien se perfilaba como una rival fuerte. En suma, la posibilidad de una alteración de la cancha electoral es real y potencialmente perversa.

Pero requiere una condición esencial: un aparato poderoso que lo monte, bien aceitado, capaz de todo, hasta de zurrarse en los observadores internacionales, algo que para nada ha ocurrido en el Perú. O una gran soberbia, como la del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien denuncia ‘fraude’ porque, finalmente, una coalición variopinta lo va a sacar del poder.

Lo peor de todo es que estos trances se tornan incontrolables, explosivos, catastróficos. En Bielorrusia y Nicaragua han costado detenidos, muertos. En EE. UU., un enorme papelón internacional y también algunas víctimas. ¿Supongo que nuestros candidatos, que tuvieron tan modesta votación en la primera vuelta, no quieren empujarnos a ese abismo, no?

A supporter of President Donald Trump chants outside the Senate Chamber inside the Capitol, Wednesday, Jan. 6, 2021 in Washington. (AP Photo/Manuel Balce Ceneta)

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