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Opinión

Vacunas y nacionalismos

“... Mariátegui, contra la cartilla internacionalista del marxismo ortodoxo, rescataba el ´nacionalismo revolucionario´y la necesidad de ‘peruanizar el Perú’”.

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“... Mariátegui, contra la cartilla internacionalista del marxismo ortodoxo, rescataba el ´nacionalismo revolucionario´y la necesidad de ‘peruanizar el Perú’”.

Hoy por hoy, América Latina es la región más fragmentada de la tierra. Nuestros países compiten por las vacunas, cada uno por su cuenta. No queda articulación válida, ni regional si subregional. Solo escombros del pasado común.

A escala global, los países ricos atesoran vacunas a pesar de que, o nos salvamos todos o nos hundimos todos. Vivimos la exacerbación de nacionalismos salvajes, de los que Donald Trump ha sido combativo abanderado.

Esta balcanización planetaria lleva fácilmente a condenar a todos los nacionalismos, habidos y por haber. Tal condena se inscribe en la tradición de lo que Isaiah Berlin calificó como la mirada “asombrosamente eurocentrista” de finales del siglo XIX y principios del XX. Una mirada que se reafirmó con las barbaridades de los nacionalismos nazi y fascista del siglo XX y sus temerarias reencarnaciones de hoy mismo.

La mirada eurocéntrica no cubre, sin embargo, toda la historia ni toda la geografía de los nacionalismos. Para empezar, como lo recuerda Benedict Anderson, los primeros nacionalismos no fueron europeos sino americanos. Son los nacionalismos que alentaron a los Estados Unidos, a Brasil y a la América que fue hispánica, a rebelarse frente a sus metrópolis, mucho antes de que se expandiera la ola nacionalista europea.

En segundo lugar, durante el siglo XX no solo se dan nacionalismos en Europa. Despiertan también los nacionalismos de las excolonias, bastante diferentes a los europeos. Quizás hay un hito para el mundo colonial y este puede fijarse en 1905. En ese año, Japón derrotó militarmente a Rusia y, con ello, se constató que Europa no era invencible. Siete años antes, en 1898, otra potencia extra europea, EE. UU., había vencido a España.

El triunfo japonés de 1905 contribuyó al despertar de las conciencias nacionales en los territorios coloniales y estimuló a personalidades independentistas que, muy jóvenes entonces, zarandearon todo el siglo XX, como Rabindranat Tagore, Sun Yat Sen, Mohamad Gandhi, Jawarharlal Nehru, Mustafá Kemal Atartük y Mao Zedong.

A diferencia de las xenofobias europeas, en las excolonias se afirmaron las identidades de cada nueva nación, junto con una voluntad de solidaridad supranacional. Sus expresiones incluyen la Conferencia de Bandung, el panafricanismo y los múltiples organismos multilaterales del Asia y sus subregiones. De Bolívar a Nkrumah, el nacionalismo de las excolonias ha perseguido y construido cooperaciones supranacionales.

Así, en América Latina, el nacionalismo inicial, el de la Independencia, puede considerarse como el “nacionalismo latinoamericano”, que Carlos García Bedoya, entre otros, reivindicaban hace medio siglo. De hecho, la historia regional es la historia de los intentos fallidos por (re)construir la unidad, en los que el Perú ha sido particularmente activo.

De este arresto colectivo latinoamericano fueron exponentes, en el tránsito del siglo XIX al XX, el uruguayo José Enrique Rodó, con su Ariel, y el cubano José Martí, que reclamó “Nuestra América”. Un cuarto de siglo después, nuestro José Carlos Mariátegui, contra la cartilla internacionalista del marxismo ortodoxo, rescataba el “nacionalismo revolucionario” y la necesidad de “Peruanizar el Perú”. Tareas que Fernando Belaúnde convirtió en slogans, cuando proclamó “La conquista del Perú por los peruanos” y esgrimió “El Perú como Doctrina”.

En suma, hay distintos tipo de nacionalismos y tiene mucho sentido pensar, precisamente ahora, en un sano nacionalismo de escala latinoamericana. No contra los vecinos, sino con ellos. Para recuperar el tiempo perdido en el último lustro y para ser más solidarios, o sea, más efectivos, en esta era de pandemias. Encuentros como el de esta semana entre los presidentes de México y Argentina son buenos augurios.

MEX5713. IGUALA (MÉXICO), 24/02/2021.- El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (d); y su homologo de Argentina, Alberto Fernández (i), se despiden hoy, durante la conmemoración de los 200 años del Plan de Iguala y el Día de la Bandera, en la ciudad de Iguala en el estad de Guerrero. Fernández pidió este miércoles en su visita en territorio mexicano un nuevo Plan de Iguala para toda América al celebrar los 200 años de este proyecto que culminó en la independencia mexicana. EFE/David Guzmán

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