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Cultural

El centenario del maestro Rubem Fonseca

En mayo, se cumple el centenario del nacimiento del gran escritor brasileño; y este 15 de abril, cinco años de su partida. ¿Por qué leer a este tremendo escritor, maestro absoluto del policial y de la novela negra?

Rubem Fonseca. Imagen: Difusión.
Rubem Fonseca. Imagen: Difusión.

Durante la segunda mitad de los años 90, en Lima hubo una fiebre por los libros del autor brasileño Rubem Fonseca (1925 - 2020). No es que no se le conociera, los círculos de lectores lo ubicaban desde los años 70, y, como bien sabemos, la literatura de Brasil no era tan traducida al castellano como lo es ahora (aun así, sigue siendo insuficientemente traducida). Simplemente, empezaron a llegar más libros del autor y en ello tuvo que ver la editorial Norma, cuya logística de distribución permitió que los lectores no solo tengan sus últimos libros, del mismo modo aquellas obras en las que este autor fundó su prestigio como un maestro del policial y del relato negro, tanto en cuento y novela. Pensemos en sus novelas El caso Morel (1973), El gran arte (1973) y Agosto (1990).

Fonseca estudió derecho, llegó a ser comisario y tentó la posibilidad de ser juez. Empezó en las lides narrativas a la edad de 38 años. Lo primero es la data, pero lo segundo es la esencia.

Que su primer libro, uno de cuentos llamado Los prisioneros (1963), lo haya publicado a una edad tardía, nos dice mucho de la seriedad con la que este autor asumió la literatura. Desde ese título se puede advertir no solo una proyección temática, sino también una temperatura de la escritura basada en la verosimilitud gracias a la experiencia de vida que lo llevó a conocer la dinámica del crimen y la configuración moral de no pocos policías, abogados y jueces que habitan en sus celebrados libros.

Este 2025, se cumplen 100 años del nacimiento de Fonseca y el próximo 15 de abril, un lustro de su partida.

En YouTube, pueden digitar las siguientes señas: “Rubem Fonseca en Lima”.

Ahí encontrarán la conferencia que ofreció el autor en la Embajada de Brasil en Lima, en 2008. Lo acompañaron en mesa los escritores Alonso Cueto y Enrique Planas. Ese video en YouTube es una clara muestra de que en este mundo, perdido en la frivolidad y el mal gusto, sí es posible encontrar maravillas. Ese video, bien visto y asimilado, vale más que muchísimos programas enteros de escritura creativa. Si en caso ese video tenga alguna función en estos tiempos, esta no es otra que iluminar al joven narrador y estabilizar al narrador con trayectoria.

En lo personal, entré tarde a la fiesta de los lectores de Rubem Fonseca. A la fecha, conozco su obra, pero no deja de impactarme el primer libro que leí de él.

Cuando lo escribió, ya era un autor consagrado y su nombre figuraba en las listas de candidatos al Premio Nobel de Literatura. Ese libro, una novela específicamente, era el siguiente: Y de este mundo prostituto y vano sólo quise un cigarro entre mi mano (1997).  No es una obra maestra, pero sí una novela menor escrita por un maestro.

Aquí tenemos un caso jalado de los cabellos. El protagonista, el abogado Mandrake, tiene que encontrar la razón de ser de la fascinación que despierta el exitoso escritor Eduardo Flavio en tres bellas mujeres de distintas edades (Amanda, Luisa y Silvia), lo suficientemente “locas” como para ser las primeras sospechosas si se presenta en el panorama un asesinato.

Lo que hace creíble el argumento, pese a las coordenadas ya indicadas, es la ley básica del policial, o de la novela en general: la interacción entre los personajes y esta se desarrolla partiendo de la pasión de Eduardo Flavio por los cigarros y la literatura.  A saber, las sesiones que Mandrake graba con el escritor son apologías sustentadas sobre el consumo del tabaco. Fonseca le da páginas enteras a la voz de Eduardo Flavio, en especial cuando establece una relación entre el tabaco y el oficio de escribir.

El crimen, que lo hay, es un pretexto. Esta es una novela que Fonseca escribió para los lectoescritores y no solo del policial. Divertida, social y crítica. Es una buena puerta de entrada al mundo literario de Fonseca y a la vez una ventana a su mundo interior. Si no han leído a Fonseca, háganlo. Fonseca queda.

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