
En un Estados Unidos que vive el acelerado declive de la prensa escrita y del reporterismo, Miranda Priestly, la icónica editora de Runway, intenta salvar la revista de alta costura. En otra redacción en Nueva York está Andy Sachs, su exasistente. “Meryl (Streep) era la pieza clave”, dice el director David Frankel sobre la secuela de El diablo viste a la moda. “Dijo que lo haría si había un gran guion”.
Esta vez, la historia no sigue la adaptación del libro de Lauren Weisberger. Streep había sido una de las personas del elenco a las que les “horrorizaba” hacer una secuela pronto. “¿Cómo podría superarse la primera?”, comenta en una información de producción de 20th Century Studios enviada a La República. No podemos revelar detalles de la trama, pero podemos decir que es una película coherente con los tiempos y, por momentos, mordaz. Por eso, no es solo sobre la industria de la moda, sino sobre el poder y el periodismo.
“No fue hasta hace unos dos años que Aline Brosh McKenna (la guionista) tuvo una idea que tenía sentido en la actualidad. Y funciona ahora porque muchas cosas han cambiado en el mundo de las revistas, en el ámbito editorial y en el periodismo en general. El negocio prácticamente se desvaneció, y todos están tratando de ver cómo hacerlo funcionar. Y es en ese contexto donde surge la tensión y surge la trama, y donde pasan a primer plano todas las cosas que la gente tiene que hacer para mantener el barco a flote en tiempos turbulentos”, señala la ganadora del Óscar.
Como se puede ver en los avances, Miranda Priestly sigue siendo poderosa. El legado es una de las palabras clave del filme. “Comienza cuando Miranda está en la cúspide, pero al mismo tiempo hay un terremoto bajo sus pies. La marca está en peligro y el modelo de negocio de las revistas se está desmoronando y, en cierto modo, la película trata sobre cómo dirigir una empresa sólida o viable mientras se navega en aguas nuevas. Ella está lidiando con el desgaste que implica todo eso y con las presiones de estar al frente de una gran corporación”, responde Streep.
Escena de la esperada secuela.
Había dos preguntas que se planteaba el director David Frankel: ¿Cómo mantienes algo en marcha cuando está perdiendo influencia e importancia cultural? ¿Cómo logras que una publicación que es un medio tradicional siga siendo relevante para la gente? “El mundo del periodismo impreso cambió. El mundo cambió. Para ponerlo en perspectiva, el primer iPhone no se lanzó hasta un año después del estreno de la primera película, y creo que eso marcó, de algún modo, el principio del fin. Y, a medida que vimos cómo el periodismo impreso seguía en declive año tras año, empezó a tener sentido explorar ese cambio y desarrollar una historia en la que estos personajes volvieran a interactuar. La cuestión de cómo Miranda Priestly enfrentaría el declive de su imperio nos resultó fascinante”.
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Y en el caso de Andy Sachs, la aspirante a periodista que llegó a Runway en busca de un trabajo que le permitiera conocer el mundo editorial, pero sin saber nada de moda, el director comenta lo que quería abordar con su historia. “20 años después de haber arrojado tu teléfono a una fuente y haberte alejado de Runway para trabajar en un periódico, ¿qué te haría volver? Queríamos explorar los sacrificios que estos personajes deben hacer para sostener su carrera. Si la primera película era una historia de aprendizaje, en la que una joven descubre su lugar en el mundo, la secuela trata sobre una mujer madura que enfrenta la realidad de todas las decisiones que tomó en su vida”. El guion convenció al estudio desde la primera lectura. “No cambiaron ni una palabra. Todas esas cosas mágicas que casi nunca pasan en Hollywood”.
El diablo viste a la moda se convirtió en un fenómeno cultural. Desde su estreno en 2006, la millonaria taquilla fue acompañada por premios y por la buena recepción de la crítica. Es una de las pocas comedias que han alcanzado nominaciones a los Óscar y a los BAFTA.
“Quizá, parte de ello tenga que ver con que las mujeres líderes y ambiciosas, las llamadas girlbosses, todavía estaban surgiendo y eran algo emocionante hace veinte años”, comenta Streep acerca del éxito de la película. “Ahora, por supuesto, ese término ha sido muy cuestionado, pero creo que sigue siendo relevante explorar cómo lideran las mujeres y de qué forma lo hacen. El mundo está turbulento y bastante sombrío. Las noticias son inquietantes, y es lindo recordar lo que el mundo tiene de maravilloso, de libre, de bello y hasta de absurdo”.
Para Anne Hathaway, el director fue “valiente” al no limitarse y poder hablar del presente. “Andy es alguien que se ha mantenido fiel a sí misma durante los últimos 20 años”, señala acerca de su personaje. “Tomó decisiones de vida y emprendió un camino en el que creía, y creo que esa decisión le resultó muy satisfactoria. Su vida no necesariamente se parece a la de otras personas, pero la hace feliz. Tiene confianza en sí misma profesionalmente, algo que se ganó. Sabe moverse en una oficina y ahora tiene un poco de poder, pero sigue siendo una persona encantadora con la que trabajar”.
La otra asistenta, Emily, es una ejecutiva en Dior. “Ahora tiene poder, por amor de Dios”, comenta Emily Blunt. “Y creo que está en una posición en la que realmente disfruta ejercer ese tipo de poder sobre los demás. La mayor ambición de su vida es ser icónica”.
En la película hay más de un guiño sobre la persona que inspiró el libro: Anna Wintour, la exdirectora de Vogue. “No recuerdo quién es esa chica”, fue una de las frases de Wintour cuando se habló del bestseller que había publicado Lauren Weisberger. En El diablo viste a la moda 2 Miranda “no recuerda” a sus asistentes.
“Probablemente sea un poquito más dura, como yo, porque con el tiempo uno presta considerablemente menos atención a lo que dice (se ríe)”, dice Streep sobre su personaje, a quien define como alguien “un poco más libre” ahora. “Sigue siendo astuta y mantiene un control firme sobre sí misma y su equipo. Lo que no ha cambiado es su apetito por el trabajo, por hacer lo que ama y en lo que es realmente buena”.





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