Cultural

Ricardo Raphael: "Si un periodista no corrige sobre la marcha, pierde reputación y se convierte en un propagandista"

El reconocido periodista mexicano Ricardo Raphael conversó con La República sobre su último libro, "Fabricación", el cual, aparte de mostrar una vigencia que taladra, es igualmente una muestra del poder de los elementos literarios a la hora de dar consistencia a narraciones reales y complejas. Fabricación es también una metáfora de lo que debe ser el periodismo, con mayor razón en tiempos en donde las historias reales se suelen contar a medias.

Ricardo Raphael. Foto: Difusión.
Ricardo Raphael. Foto: Difusión.

El mexicano Ricardo Raphael es uno de los periodistas y analistas políticos más reconocidos de Latinoamérica. Sus libros no solo son un reflejo de la dinámica social y política de su país, sino también de toda la región. Lo que suele buscar Ricardo Raphael es conectar con los lectores y en esa tarea la literatura ha sido una aliada para su registro de no ficción, más aún con casos complejos como el de Isabel Miranda de Wallace (1951-2025), figura muy conocida en México a quien llamaban madre coraje. En Fabricación (Seix Barral), no ficción de gran calidad literaria, Ricardo Raphael desmonta ese mito y nos muestra a la vez la importancia de la ética y el compromiso que no se debe perder en el periodismo.

 

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-Fabricación es un libro de no ficción. Su historia es compleja, pero se lee como una novela.

-Este es un caso que tenía como desafío, quizá el más importante, encontrar el balcón desde donde contar la historia. Es una historia muy compleja, sobre todo porque, si bien se trata de un hecho criminal, no es un hecho criminal que ocurre en un lugar específico, en un momento dado, sino más bien es un hecho criminal que ocurre de forma continuada a lo largo de veinte años. Ese solo hecho ya lo vuelve complicado. Segundo, es un hecho que pudo haber continuado tanto tiempo porque recibió cobertura desde el poder de un lado y desde los medios de comunicación del otro. En realidad, es un fresco de época. Es un crimen cometido en una época específica en mi país, México, pero al mismo tiempo en una época del planeta donde la demagogia punitiva ha ganado fuerza. Por demagogia punitiva, pondría la forma de combatir el crimen al estilo Bukele, pero también diría Trump y los migrantes; la criminalización de los migrantes y los campos de concentración donde tienen a los migrantes. Entonces, en ese sentido, sí me dio la impresión desde muy al principio que tenía frente a mí una manera de contar mi época. Y contar estas historias solo desde la literatura le habría restado veracidad. De hecho, si esto hubiese sido una novela completamente sacada de mi cabeza a manera de ficción, habría sido una muy mala novela, porque estos hechos ocurrieron, están documentados, hay papeles, hay pruebas.

-Pero contar la historia de Isabel Miranda de Wallace, personaje muy popular en México en un tiempo y cuya figura luego entró en cuestionamiento, desde el periodismo mismo, habría sido muy pesado.

-Sin duda, las historias son muy rudas. Usé la herramienta literaria para comunicarme con el lector. Yo creo que A sangre fría de Capote está ahí puesta; Norman Mailer con La canción del verdugo; pondría en esa misma lógica a Emmanuel Carrère y El adversario; está Una novela criminal de Jorge Volpi. Está también mi libro Hijo de la guerra, del que hablamos hace unos años. Ahora, esto puede sonar un poco arrogante, pero este libro tiene su propio género y lo llamaría novela de antificción. Porque aquí hay una narrativa que describe al personaje, que es la señora Isabel Miranda de Wallace. Ella arma una ficción, fabrica un crimen; ahí veremos por qué lo fabricó; fabrica pruebas, incluso hace un casting y fabrica culpables. Lo que hace este libro es desmontar su ficción.

-En el 2005, Isabel Miranda de Wallace denunció el secuestro y la desaparición de su hijo; todo el mundo la apoyó y se forjó una imagen que llegó a ser muy popular. Llegó a recibir reconocimientos relacionados con los derechos humanos. ¿Qué te llamó la atención para ir sobre un personaje que muy pocos se atrevían a cuestionar?

-Fue la propia actitud de la señora Miranda, no a propósito del crimen relacionado con su hijo. Se volvió una justiciera, se volvió una mujer que legitimaba las acciones más repudiables del régimen, se volvió una combatiente contra los defensores de derechos humanos, se volvió una defensora de la tortura. Esto no resta que, cuando ella denuncia el secuestro y la desaparición del hijo, yo la haya entrevistado y le haya creído. Pero en el camino ese respeto se fue gastando hasta que llegué a esta sensación de desconfianza. 13 años después de los hechos, me llegan documentos sobre la paternidad biológica de su hijo desaparecido. Al respecto, la entrevisté en la televisión pública y me juró que el señor Wallace era el padre de su hijo. Si ella fue capaz de mentir en televisión nacional sobre la paternidad de su hijo, ¿qué otras mentiras no habría? Así empezó la investigación en donde me encontré muchísimas mentiras para fabricar este caso. Debo decir que esta fabricación de un crimen se debió a la necesidad de ocultar un crimen mayor. Mi hipótesis es que en realidad quien originalmente fragua la fabricación fue el hijo, e involucra a la madre, porque de esa manera se protegen frente a adversarios muy poderosos vinculados al crimen organizado. Te quiero decir que actualmente hay cinco personas en la cárcel, pero en realidad las víctimas de este caso, en mi contabilidad, llegan a 60. Porque la idea de ocultar implicó someter a muchas personas. Yo no fui el único que investigó este caso, y llegó un momento en que la investigación misma podía volverse peligrosa para nuestras vidas. En México era conocida como “madre coraje”.

Isabel Miranda de Wallace. Foto: AFP.

Isabel Miranda de Wallace. Foto: AFP.

-Entonces, ¿sí hubo amenazas contra ti?

-Mi teléfono fue intervenido, dejaban mensajes incómodos en el teléfono de mi hijo, me mandaron a los golpeadores. Sí hubo amenazas.

-Cuando un periodista está en esa situación, ¿cuál es la mejor arma de defensa?

-Ante las amenazas, se debe seguir presentando más pruebas de lo que estás investigando. Nuestro oficio periodístico no tiene que convertirnos en mártires; para eso están el ejército y la policía. Para mí, ver los rostros de las madres de las víctimas me resultó prácticamente imposible abandonarlas. Por eso mi libro está dedicado a ellas, las verdaderas madres coraje. Ellas fueron abandonadas por los políticos, que no querían meterse con un personaje muy popular; por muchos periodistas que no querían quedar mal. No lo hice por valentía, lo hice por un deber ético con estas personas; incluso te hablaría de una dimensión empática con ellas.

"Fabricación". Imagen: Difusión.

"Fabricación". Imagen: Difusión.

-Este escenario que describes en Fabricación, también sucede en toda Latinoamérica. Este caso tiene lazos con el crimen organizado.

-Es un fenómeno que trasciende a México y la manera cómo la política está imbricada. Estas organizaciones criminales son empresas transnacionales; eso es lo que vuelve relevante este tipo de relatos porque permite radiografiar algo que está pasando en todo el continente, incluyendo a Estados Unidos. El crimen organizado se está apoderando de las riquezas de los países.

-¿El periodismo de investigación ya no está en los medios de comunicación, sino en libros como este?

-Este caso no existiría si los medios de comunicación no lo hubieran abrazado, si no hubieran sido cómplices de la señora Wallace. Los medios se enamoraron de ella en el 2006 y el 2007, la madre coraje buscando a su hijo. Era la Bukele mexicana. Su discurso es muy parecido al de Bukele, solo que ella lo hizo muchos años antes. Es decir, pena de muerte, el ejército a las calles. Toda la demagogia punitiva. Tras conocerse la verdad, me hubiera gustado que los medios que la apoyaron reconocieran que se equivocaron al inventar un mito. No lo hicieron. En donde sí hubo periodismo en este caso fue en los medios de comunicación alternativos, con periodistas digitales e influencers. Sí creo que una investigación de este tipo tiene que encontrar asidero en un libro. Hoy en día, nuestro oficio periodístico está viviendo su época renacentista. Las redes sociales me fueron muy útiles, hicieron intrascendente el silencio de los medios tradicionales.

-¿Qué debe tener un periodista?

-Autonomía robusta. Un periodista debe tener varias alternativas para publicar sus investigaciones. Un periodista debe tener autocrítica, saber corregir lo que viene investigando. Los tiempos con los que trabaja un periodista son muy cortos. Si un periodista no corrige sobre la marcha, pierde reputación y se convierte en un propagandista. Yo apoyé a Isabel Miranda de Wallace y luego tuve que aceptar que me equivoqué. Se suele decir que la confianza se construye a milímetros, pero cuando se destruye, se destruye a kilómetros. Cuando un periodista no reconoce el error, su caída es en picada. La reputación individual del periodista hoy sí cuenta. Los periodistas tienen que ser marcas de credibilidad.

-¿Qué libro te ha marcado? No necesariamente para Fabricación.

-Yo acuso de Émile Zola me marcó muy temprano. Es un caso donde se acusa, probablemente de manera falsa, a un oficial de haber entregado información de inteligencia al ejército enemigo. Y además en una época de un gran antisemitismo. Dreyfus era judío. Entonces, Zola, gran escritor de su época, que incluso fue condenado a un año de prisión por escribir Yo acuso, lo que hace es conectar a sus lectores con Dreyfus para que lo puedan ver desde un lugar distinto. A lo mejor algunos no cambiaron de opinión, a lo mejor otros reforzaron su creencia, pero el Yo acuso nos transforma moralmente, nos hace reconfigurar no solamente nuestra vida frente al caso, sino también frente a la sociedad en la que vivimos.

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