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La reforma olvidada

Gorki Gonzales Mantilla (*)

La Republica
Gorki Gonzales
Columnista invitado

La actual reforma política nos remite a los orígenes de la república, a las tensiones, debilidades y aspiraciones que le dieron lugar. Cuando la idea de forjar una comunidad en la diferencia de nuestras culturas pudo haber sido el plan que contuviera el modelo político, pero las pugnas por el poder circunstancial se antepusieron al proyecto republicano y este perdió contenido. En la letra de los textos constitucionales quedaron las ideas para proscribir los privilegios o afianzar la igualdad, y las instituciones del poder político para la libertad y los derechos fueron utopías inalcanzables para las grandes mayorías.

Aquellas tensiones fomentaron la inestabilidad institucional e hicieron del Estado un ente débil, proclive a la sumisión ante los poderes económicos, sin iniciativa para hacer nada en favor de las comunidades excluidas y más pobres. El debate constitucional hizo muy poco por revertir esta realidad y es probable que fuera complaciente con ella: es el relato de un constitucionalismo de baja intensidad, preocupado por los diseños formales, por la dogmática repetitiva y la lectura de los textos normativos como si fueran la realidad social.

Esta reforma política debería servir para enmendar los errores del pasado y superar esta larga coyuntura de desaciertos y enconos. Debería ser una fuente de discusión para robustecer el significado de los partidos como actores del bien común republicano, antes que como gestores de intereses privados. Por esa razón, el debate sobre la participación política no puede desconocer la crisis de legitimidad del sistema representativo, debe incorporar la paridad de género y superar el injustificable déficit en la representación del voto de nuestras comunidades indígenas.

A partir de este episodio deberíamos ser capaces de reconocer que estas reformas apenas son una parte mínima de los desafíos que el proyecto republicano supone. Aún se esperan las políticas necesarias para garantizar los derechos y libertades de las comunidades más postergadas del país. Esta es la gran reforma olvidada en las luchas intestinas de nuestra historia, la transformación que, al revés de lo que ocurre hoy, exigirá tomar en serio el significado de la Constitución en la práctica cotidiana de la política y sus fines.

(*) Jurista – Profesor principal de la PUCP.