¿Quién petardeó al senado?

El fujiaprismo saboteó la bicameralidad en el Congreso.

El fujiaprismo saboteó la bicameralidad en el Congreso.

Es patético el lamento del fujiaprismo porque se está desperdiciando la oportunidad histórica de restablecer la bicameralidad en el congreso cuando fueron ellos los que boicotearon esa posibilidad.

Las cuatro iniciativas para la reforma político-judicial vía referéndum que el presidente Martín Vizcarra anunció el 28 de julio fueron aprobadas por el congreso bajo presión del gobierno y de la ciudadanía debido a que, antes que nada, en el parlamento abundan ganapanes que solo les interesa pasar por caja cada fin de mes.

Votaron por el referéndum pues si no decidían antes del 4 de octubre, el gobierno hubiera planteado una cuestión de confianza que podría haber terminado en la disolución constitucional del congreso.

Tres de las cuatro iniciativas se aprobaron, en términos generales, en el sentido original: reforma del CNM, financiamiento de partidos políticos, y no reelección parlamentaria.

En la cuarta, sin embargo, la referida a la bicameralidad, los congresistas introdujeron, a último minuto, una trampa en la que cayó el presidente Vizcarra, quien de manera improvisada comentó a favor de las cuatro iniciativas, y pronto debió rectificar.

Lo que aprobaron fue la posibilidad de la reelección por la puerta falsa vía el senado, pero lo grave es que pretendieron convalidar la pata de cabra para violar la institucionalidad que significaba cambiar el sentido de la cuestión de confianza y modificar las implicancias políticas de la censura al consejo de ministros.

Eso es una trampa a la democracia porque lo que quería el fujiaprismo era desnivelar la relación constitucional entre los poderes ejecutivo y legislativo a favor del congreso.

Seguramente, los fujiapristas piensan que siempre van a ser mayoría en el parlamento, algo poco probable en el futuro debido al repudio ciudadano que han cosechado por sus agresiones a las instituciones democráticas.

En ese contexto, el TC declaró esta semana, precisamente, que, al igual que con la ley mordaza, las modificaciones indebidas a la cuestión de confianza eran inconstitucionales.

Pero esa sentencia del TC va por cuerda separada del referéndum, el cual ya no se puede detener ni modificar, pues eso sería reiterar la apuesta por el atajo legal que tanto le gusta al fujiaprismo.

La evidente conveniencia para el país de la bicameralidad tendrá que encontrar un camino después del referéndum del 9 de diciembre, pues el fujiaprismo envenenó esa posibilidad en esa fecha por su interés particular de sabotear la consulta popular.

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