Keiko, cuesta abajo en su rodada

"¿Qué vendrá ahora? Sí Keiko reacciona con la inmadurez con la que asumió su derrota por PPK, seguirán las metidas de pata y sobrevendrá el descalabro del fujimorismo".

"¿Qué vendrá ahora? Sí Keiko reacciona con la inmadurez con la que asumió su derrota por PPK, seguirán las metidas de pata y sobrevendrá el descalabro del fujimorismo".

Este ha sido un mes muy malo para Keiko Fujimori y ella lo ha cerrado con dos errores garrafales. El primero fue grabar un mensaje en video declarando la guerra al gobierno de Martín Vizcarra, que fue pésimamente recibido por la opinión pública. Hasta ahora acumula más de 24 mil “No me gusta” en YouTube. El segundo fue ir a un par de entrevistas televisivas desastrosas, defendiendo la permanencia del fiscal de la Nación, Pedro Chávarry. Aparentemente enterarse de que la aprobación del presidente Vizcarra triplica la suya hizo que los nervios la traicionaran y, con la obvia intención de desprestigiarlo, hizo público que ambos mantuvieron “reuniones reservadas”, no informadas al país, dejándolo como un mentiroso porque, consultado por la prensa, él lo había negado públicamente. 

¿En qué medida afectará este destape a Vizcarra? Es poco probable que erosione su credibilidad que en este momento es la más elevada de todo el elenco político nacional. Debe jugar a favor de Vizcarra que haya pedido disculpas por haber puesto su compromiso con Keiko por encima de su compromiso con el país y con la transparencia y que haya revelado que se decidió mantener las reuniones en secreto a pedido expreso de Keiko Fujimori. Sea cual fuera el juicio que se haga sobre su papel en este incidente, asumir un compromiso así, con quien no ha vacilado en apuñalar a su madre, a su padre y a su hermano, revela una gran ingenuidad. Y Keiko mina la contundencia de su propia afirmación cuando, defendiendo la permanencia de Pedro Chávarry como fiscal de la Nación (la garantía de que podrá manipular el caso Lava Jato para no ir a la cárcel) afirma que “las mentiras hay que entenderlas en su propio contexto” y que “hay que valorar si es que esa mentira es grave o no”. 

A la larga su infidencia constituyó un grave error: liberado de su promesa de guardar silencio, el presidente Vizcarra reconoció que efectivamente se reunieron, según su versión, a pedido de Keiko (ella intenta suavizar las cosas afirmando que fue por mutuo interés) dos veces, la primera en un encuentro de carácter protocolar en el que ella le deseó éxitos y le prometió su respaldo, y la segunda para intentar imponerle que parara la ley de los octógonos de advertencia en el envase de los alimentos procesados, que le entregara la cabeza de la ministra de Salud, que el gobierno apoyara la ley Mulder y que en adelante el presidente le consultara toda decisión relevante de gobierno. Como correctamente ha calificado Rosa María Palacios este ucase, se trataba de un golpe de Estado en toda la línea, que pretendía ponerla a ella como presidenta de facto. 

¿Qué le hacía sentir a Keiko que estaba en condiciones de imponer semejante diktat? Ella venía de haber defenestrado a Pedro Pablo Kuczynski de la presidencia y destruido a su hermano Kenji y su grupo parlamentario disidente. Semejante despliegue de poder la hizo sentirse capaz de poder avasallar al nuevo gobierno y convertir a Vizcarra en un títere útil para allanarle el camino a la presidencia el 2021. Pero las cosas no salieron como ella esperaba: el presidente rechazó sus pretensiones y le hizo saber que no estaba interesado en una tercera reunión que había sido solicitada a través de Daniel Salaverry. Vizcarra rompió luego con la línea de conciliación que mantuvo PPK con el fujimorismo, parando iniciativas parlamentarias como la de pretender sustraer a las cooperativas (buena parte de los cuales son máquinas de lavar dinero) de la supervisión de la SBS, o evitar que se pusiera los octógonos de advertencia en los alimentos procesados.

Vizcarra pasó luego a la ofensiva con el mensaje presidencial del 28 de Julio con la propuesta de reformas políticas y judiciales, la no reelección de los parlamentarios y la realización de un referéndum si el fujimorismo pretendía bloquear estas iniciativas. Un mes después es posible juzgar la corrección de estas medidas: según la última encuesta de GfK la aprobación de Vizcarra subió en un mes 16 puntos, de 27% a 43%, mientras que el Parlamento, el gran reducto de poder de Keiko, cayó al récord histórico de 7% de aprobación. Keiko, según la encuesta de Ipsos, cayó al 15%, con un contundente 80% de desaprobación, por debajo de Julio Guzmán (21%) y Verónika Mendoza (20%).

¿Qué vendrá ahora? Sí Keiko reacciona con la inmadurez con la que asumió su derrota por PPK, seguirán las metidas de pata y sobrevendrá el descalabro del fujimorismo. Hay que recordar que el huayco de evidencias del escándalo Lava Jato está a la vuelta de la esquina.

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