Igualdad ¿naces o te haces?

Por: Yohann Turbet Delof (*)

Por: Yohann Turbet Delof (*)

El principal aporte del gran sociólogo Pierre Bourdieu fue la puesta en evidencia científica de la reproducción social. Definió la noción de “capital cultural” como un conjunto de costumbres, conocimientos y comportamientos que se transmite de una generación a otra y que muy difícilmente puede ser superado, explicando así que no todos, al contrario de lo que se dice habitualmente, nacemos con una igualdad de posibilidades y oportunidades.
 
Para Bourdieu, le corresponde a la escuela luchar en contra de esta desigualdad de hecho. Sin embargo, el igualitarismo republicano (los mismos beneficios para todos) sólo la mantiene, la reproduce y hasta la legitima. Simplificando al extremo, todos tenemos un capital familiar X diferenciado, al cual se agrega un capital escolar Y, llegando así a un capital X+Y que queda diferenciado y mantiene las mismas brechas.
 
Frente a eso, debe existir una voluntad política para superar las desigualdades reales y dar a todos, las mismas oportunidades. En Francia, el sistema universitario, mayoritariamente gratuito, tiene una doble estructura: de un lado, las universidades son de acceso libre, y la selección se hace progresivamente, con los exámenes anuales; del otro lado, las “altas escuelas”, universidades de élite, seleccionan a sus estudiantes con un concurso de ingreso altamente competitivo. En 2001, Richard Descoings, el director de una de ellas, Sciences Po, conocida por formar los altos funcionarios y políticos franceses, decidió actuar para romper el círculo vicioso de la reproducción social y creó una vía especial de acceso para los alumnos de liceos ubicados en zonas socialmente sensibles. Consideraba el sistema del concurso como altamente discriminatorio, excluyendo automáticamente a los que no poseen el “capital cultural” de los mejores alumnos. 

Para él, esta situación no permitía aprovecharse de la diversidad de talentos contenida en el tejido social, en razón de un fuerte fenómeno de autocensura: en resumen, “eso no es para mí”. Se generó todo un escándalo, ya que era la primera vez que se aplicaba un principio de affirmative action (discriminación positiva) en Francia, un país nutrido al igualitarismo absoluto y al mérito republicano. Hoy en día, la gran mayoría de las “grandes escuelas” han creado un sistema similar, a fin de aportar más diversidad social a las élites, para que sean más representativas de las sociedades contemporáneas, profundamente mestizas y diversas.
 
Este mismo principio rigió la creación del programa “Beca 18”, que apuntaba a ubicar y empujar los talentos peruanos. Se escuchó mucho menosprecio, “¿Para qué enseñar francés a esos?”. Y, ¿qué es lo que vimos? cientos de jóvenes peruanos más animados que nunca, dejando su ciudad natal para estudiar un nuevo idioma en Lima y esforzarse durante meses para lograr niveles que jamás hubieran podido ni siquiera pensar alcanzar. Uno no aprende un nuevo idioma porque considera que le es inaccesible, que está reservado a un cierto círculo social, a algunas grandes familias que consideran tener el monopolio del conocimiento. 
 
Cuando estos estudiantes viajaron a Francia y empezaron sus carreras técnicas, hubo reservas, ya que el Perú todavía no está suficientemente considerado como un país con altos estándares educativos. Ahí nos damos cuenta de que internacionalizarse no significa solamente abrir sus fronteras para generar más flujos económicos y controlarles cada vez menos. Internacionalizarse es ganarse una legitimidad en la “tercera mundialización” (Dominique Wolton), la del saber y la cultura.

Es crear intercambios profundos, pensados, legítimos, entre países, para que se enriquezcan mutuamente. Es apostar sobre la diversidad cultural y mostrar que su propio país tiene mucho por aportar a los otros. Esta internacionalización se crea con mecanismos de cooperación, convenios e intercambios; se crea alcanzando altos niveles educativos y culturales, gracias a macro-políticas globales, visionarias y ambiciosas, con alcances a mediano y largo plazo.
 
Después de unos meses en Francia, estos jóvenes peruanos, a pesar de todo, demostraron que eran capaces de cumplir con los objetivos planteados y hasta varios de ellos se posicionaron dentro de los mejores de sus promociones. Unos cuantos también decidieron continuar sus estudios superiores en Francia e integraron las mejores universidades de ingeniería. Demostraron que la concentración y el esfuerzo les había permitido superar todas sus supuestas debilidades iniciales. Creo que todos regresaron a su país con un ánimo demultiplicado, con esta sensación de que nada iba a ser imposible en su vida. Serán los futuros líderes del Perú.
 
Si nadie abre estas puertas, no se abren solas. Es nuestra responsabilidad actuar de manera activa y voluntaria para romper las barreras simbólicas que impiden el acceso de todos a una educación integral y de calidad, a una vida densa, rica, internacionalizada.
 
¡Hay que alentar las futuras blanquirrojas! Es el sentido del nuevo programa de responsabilidad social de la Alianza Francesa. Cien becas integrales serán atribuidas a futuros estudiantes (de todas edades), para que alcancen un nivel intermedio o superior de idioma francés, otorgándoles después facilidades para que vayan a estudiar a Francia. Como se hace en artes visuales con “Pasaporte para un artista” y en moda con “Flashmode”, concursos en los cuales se apuesta sobre los jóvenes talentos, apoyándoles para que creen, estudien y viajen y finalmente se conviertan en los grandes de mañana, se apunta a destruir la autocensura que hace considerar los idiomas como un “asunto reservado”.
 
Aprender idiomas es un acto universal, de apertura al mundo, a la diversidad y la pluralidad. Así abrimos nuestros ojos y nuestra mente. Si nos quedamos con los brazos cruzados, nuestro sistema desigualitario e injusto se auto-reproducirá sin fin y sólo podremos quejarnos de no vivir en el mundo que queríamos.

(*) Director General de la Alianza Francesa de Lima.

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