El fracaso de la señora K

Segunda derrota histórica de la forma de hacer política desde las tinieblas.

Segunda derrota histórica de la forma de hacer política desde las tinieblas.

Frente a los peruanos, el Congreso está en la obligación de desandar y rectificar el camino iniciado el año 2016 en que, abusando de la mayoría que los electores le confirieron en las urnas, decidió capturar el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM).

De cara al país tiene que retroceder, y una vez más vencido por la democracia y la libertad. Las consecuencias de esta decisión son desastrosas para el régimen democrático porque para conseguirlo debieron aliarse con personajes oscuros a quienes encumbraron a este organismo, les sirvieron algunas veces como peones de trabajos sucios y otras veces los dirigieron delictivamente, en un intercambio nefasto de prebendas que terminaron por envilecer esta institución que las leyes llamaron a la decencia y a la pulcritud.

¿Por qué lo hicieron? No fue solo el disfrute del poder. A través del CNM y de las maniobras para establecer cabezas de playa en la Corte Suprema y el Ministerio Público, buscaban –aún buscan– la impunidad para Keiko Fujimori y su esposo, Joaquín Ramírez y otros procesados del fujimorismo por graves delitos, es decir, buscaron acomodar las leyes, torcer la justicia y esconder a verdad.

La liquidación del CNM y el procesamiento de su vocal favorito en funciones, César Hinostroza –el que guarda celosamente el secreto de la ‘señora K’ como arma de negociación y ajuste de cuentas–, es la derrota de esa estrategia. Es la segunda vez en la historia del fujimorismo que fracasa estrepitosamente su forma de hacer política desde las tinieblas y corroyendo el Estado. Antes fue cuando tenían todo el poder, ejercido por papá y por Montesinos. Ahora, con menos poder, pero con la misma cultura que ha manchado la institución parlamentaria, felizmente han sido encontrados tempranamente con las manos en la masa.

Será difícil que, muy a su pesar, y teniendo tras de sí la cólera de un país harto de las mentiras, el fujimorismo certifique la muerte de su obra y entierre sus sueños de un CNM propio con consejeros cama adentro. Es la primera etapa de un largo camino que adopta la lucha contra la corrupción luego de varios meses que pretendieron jugar a los detectives y transparentes, amañando comisiones investigadoras, interpelando y pontificando, cuando a espaldas del país capturaban instituciones para malherirlas.

En el Pleno Extraordinario convocado por el presidente de la República debido a que Fuerza Popular se negaba a procesar a “su” CNM, no habrá lugar para el disfuerzo constitucional o la falsa defensa de la autonomía, que no solo no está en riesgo, sino que es la misma que no fue respetada cuando Fuerza Popular decidió entrometerse en el Poder Judicial, el Ministerio Público y el CNM. Sí debería haber un espacio solemne para las disculpas, el reconocimiento de las graves infracciones, y el compromiso de sancionar a quienes en el Congreso y sistema de justicia tuvieron una actuación delictiva estelar.

Y pensar que a este grupo sus gonfaloneros llamaban un partido moderno y democrático que había aprendido de sus errores.

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