Vizcarra – Villanueva (2)

Mirando el vecindario, encontramos una gran diversidad de situaciones. De un lado, tenemos vicepresidentes que asumieron el poder y no hicieron sino prolongar las crisis que los llevaron al poder.

Mirando el vecindario, encontramos una gran diversidad de situaciones. De un lado, tenemos vicepresidentes que asumieron el poder y no hicieron sino prolongar las crisis que los llevaron al poder.

Retomo el comentario sobre el nuevo presidente y su flamante Consejo de Ministros. Para no caer en la pura especulación, puede ser útil remitirse a experiencias cercanas de los últimos años. 

Mirando el vecindario, encontramos una gran diversidad de situaciones. De un lado, tenemos vicepresidentes que asumieron el poder y no hicieron sino prolongar las crisis que los llevaron al poder. Recordemos a Ecuador con la crisis iniciada con la elección de Abdalá Bucaram en agosto de 1996, que solo terminaría con la elección de Rafael Correa diez años después, a finales de 2006. Caído Bucaram a los seis meses de gestión, el Congreso pasó por encima de la vicepresidenta Arteaga y nombró presidente al congresista Fabián Alarcón, quien gobernó solo un año y seis meses. En las nuevas elecciones ganó Jamil Mahuad, quien apenas gobernó un año y cinco meses, entre agosto de 1998 y enero de 2000; completó su periodo el vicepresidente Gustavo Noboa. En las elecciones de finales de 2002 ganó Lucio Gutiérrez, quien gobernó dos años y tres meses; terminó el periodo Alfredo Palacio, durante un año y ocho meses. Todo esto en medio de una grave crisis económica, altos niveles de confrontación política, y de protesta social. 

Otro ejemplo de sucesión caótica es el que tuvo Bolivia con la renuncia de Sánchez de Lozada en octubre de 2003, apenas a un año y dos meses de haber asumido el cargo; sustituido por el vicepresidente Carlos Mesa, quien solo pudo gobernar un año y siete meses; ante su renuncia habrían tenido que asumir la presidencia el presidente del senado y de la cámara de diputados, quienes también renunciaron, por lo que asumió el poder el presidente de la Corte Suprema, Eduardo Rodríguez, quien básicamente cumplió con la obligación de realizar nuevas elecciones en los siete meses en los que estuvo a cargo. Digamos que la crisis iniciada con Sánchez de Lozada solo se resolvió tres años y cuatro meses después, con la llegada de Evo Morales a inicios de 2006. 

Pero también hay casos exitosos, aún en contextos de crisis muy graves. En Brasil, escándalos de corrupción llevaron a la destitución de Fernando Collor a finales de 1992, después de un año y nueve meses de gestión. El vicepresidente Itamar Franco asumió la presidencia, en medio no solo de una grave crisis política, sino también económica. El éxito en estabilizar la economía, con la gestión del ministro de hacienda Fernando Henrique Cardoso, permitió que Franco tuviera una gestión exitosa, que Cardoso fuera elegido y reelegido presidente, que gobernara entre 1995 y 2002, y que iniciara el periodo que hasta no mucho era percibido como el del “milagro brasileño”, que como sabemos se desbarrancó años más tarde. 

Vizcarra llega al poder después de un año y ocho meses de gestión de Kuczynski, y los tres años y cuatro meses que tiene por delante son un periodo muy largo como para solo hacerse el muertito y dejarse llevar por la corriente. A favor cuenta con un buen entorno económico, y cierta buena voluntad de los actores políticos, interesados en llegar al 2021 en las condiciones más favorables. Pero también es cierto que al fujimorismo le sigue preocupando el escenario judicial y la izquierda sigue siendo crítica con el modelo económico como durante Kuczynski, por lo que puede terminar igual de atenazado. Por ello debería intentar ganar espacio y legitimidad ante la opinión pública con iniciativas anticorrupción, con la reconstrucción y la recuperación económica, con el combate a la inseguridad, recuperando iniciativas de reforma en educación y salud. ¿Le alcanzará con el equipo que tiene? 

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