Columnista invitada

Columnista invitada

La República

Más columnas

Columnista invitada

Geopolítica y salud pública16 May 2021 | 8:53 h

Columnista invitada

El génesis del caos03 May 2021 | 4:38 h

Columnista invitada

Palabras para Rafael03 May 2021 | 4:13 h

Columnista invitada

El bacalao de Troya28 Mar 2021 | 12:45 h

Regiones y la pandemia, primeras evidencias

“Una de las claves para revertir esta situación podría ser el enfoque descentralizado y territorial de los problemas públicos, tomando como referencia las buenas prácticas, en el marco de la crisis”.

Por: Denise Ledgard y Rodolfo Benites, PNUD Perú

El coronavirus ha expuesto la debilidad institucional en América Latina, y en el Perú ha desnudado las grietas institucionales y de gobernanza que la inercia del progreso macroeconómico de los últimos años parecía ocultar. Como nunca, se ha manifestado la fragilidad con la que se definen prioridades, se establecen consensos y se gestiona lo público.

Al inicio de la pandemia, con un liderazgo centralizado, el Estado acertó con una de las cuarentenas más estrictas y anticipadas de la región y uno de los planes económicos más audaces, que incluye una importante transferencia de recursos a gobiernos regionales y locales. No obstante, no se ha logrado contener los contagios y los daños en la salud y la economía.

Una de las claves para revertir esta situación podría ser el enfoque descentralizado y territorial de los problemas públicos, tomando como referencia las buenas prácticas, en el marco de la crisis. Los gobiernos descentralizados –26 regionales, 2070 municipales (entre provincias y distritos) y 2400 municipios de centros poblados–, son normalmente señalados cuando se trata de no saber gastar, de algún caso de corrupción o de no haber cumplido algunas metas establecidas desde Lima.

Durante esta pandemia, los gobiernos descentralizados se encuentran en la primera línea de gestión de la emergencia sanitaria, y si sus respuestas son rápidas, efectivas y ajustadas a las particularidades territoriales, tienen el potencial de contener y controlar los brotes epidemiológicos, prevenir futuras crisis e iniciar la recuperación de la economía local con inclusión, resiliencia y sostenibilidad.

Constatamos esto cuando observamos las regiones que han sido más y menos afectadas. Los gobiernos descentralizados no han reaccionado de la misma manera y hay diferencias significativas entre regiones. Lima, Ucayali, Loreto, Piura, Lambayeque, Callao y Tumbes reportan las mayores tasas de contagios por cada 100 mil habitantes. Por el contrario, Cajamarca, Cusco, Moquegua y Arequipa muestran las menores tasas de contagios y fallecidos por cada 100 mil habitantes en el país. Pero ¿qué acciones realizaron sus gobiernos regionales que ayudarían a explicar estos resultados?

Al analizar información procesada en la plataforma GRANDATA UNDP, las regiones con menor tasa de contagio y letalidad lograron mantener estable la reducción de la movilidad interna durante las primeras semanas de cuarentena. En general, en estas regiones encontramos un trabajo anticipado a nivel de tres líneas de acción: prevención, contención y acciones frente a la reactivación económica.

Como señala el director regional del PNUD para América Latina y El Caribe, Luis Felipe López-Calva, debemos convertir esta crisis en una oportunidad para construir Estados con liderazgo institucional y político efectivo. Para el Perú, una de las formas de materializar esa oportunidad podría ser con gobernanza efectiva, que empiece a mirar el territorio y sus necesidades, articulando a los distintos actores (públicos y privados), logrando resultados en favor de la ciudadanía.

A casi 20 años del inicio de la descentralización en Perú, las capacidades de los gobiernos regionales han evolucionado de maneras distintas. Hoy algunos están en condiciones de utilizar oportunamente y con eficacia su autonomía en el campo de la salud, la gestión integral de esta crisis y el inicio de la recuperación; quizás este sea el punto de partida para repensar la descentralización el Estado.