
"Se hace necesario no sólo revisar la naturaleza del gobierno, sino también el papel de las oposiciones."

"Presumir que puede haber gobernanza sin suprimir las leyes procrimen y antiderechos, proseguir con la agenda de mano dura frente al auge criminal sin reformar radicalmente la Policía y continuar gobernando con “los de Lima”, desde Lima y a nombre de Lima, mirando por encima del hombro a los territorios, no conducirá al éxito"

"Frente a la posibilidad de prolongar el régimen híbrido a través de un gobierno oligárquico limeño no existe otra ruta que un acuerdo democrático en sede parlamentaria"

"Votar desde la incertidumbre es desafiante. El voto recibe una intensa presión que intenta cambiar su naturaleza. Es coaccionado por dos ideas: 'votar bien', Vargas Llosa dixit, y arrastrar tu voto como una condena —'asume tu voto'—, como si votar fuese igual a gobernar".

"El 7 de junio, mirados los resultados del 12 de abril, nada está perdido para el voto democrático"

"Siendo objetivos, enlazando la tendencia de neutralización mutua y el desembalse desigual, es probable en porcentajes iguales que pasen a la segunda vuelta dos candidatos del pacto, en cuyo caso tendríamos un resultado parecido al de 2016, o que lo hagan un candidato del pacto.

“No son estrictamente un pacto político sino una coalición bastante lejana del compromiso de los diversos (…) que patrocina un régimen híbrido con un pie en la legalidad y otro en la ilegalidad, y que agoniza por ineficacia y vacío”

La militarización de la relación bilateral introduce el Perú en la Nueva Guerra Fría, un borrascoso cuadro en el que la actitud errática de la administración Trump no garantiza alianzas duraderas.

La actual polarización social es más difícil de gestionar. La impaciencia social es tan intensa como el rechazo al poder y no parece haber espacio para el gradualismo en un grupo de expectativas impostergables.

Los fujimorismos en la versión 2.0 -sin modelo- tienen posibilidades de ser reelegidos en cómodas cuotas para formar un nuevo pacto gobernante.

El pacto y su gobierno se han atrincherado en Lima y alrededores (en 15 días, Jerí no ha salido de Lima), y el país se mueve en dos escenarios a la vez: los partidos en campaña por el poder y la sociedad insumisa y en campaña contra el poder.

Cuando se inició en diciembre de 2023, la presidencia de Milei era prometedora e idealmente disonante para los oídos radicales, habida cuenta de que le precedían varios años de fracaso peronista y la experiencia neoliberal de Macri, igualmente desastrosa.

"Que varios gobiernos de la región asimilen sin mayor crítica la versión de que el Cartel de los Soles está encabezado por el gobierno venezolano gráfica un estado de cosas con países dispuestos aceptar cualquier tono de un discurso intervencionista en la región".

El peligro reside en lo siguiente: que el resultado electoral impida superar esta situación y divida y fragmente más a la comunidad nacional y, más allá de las elecciones y luego de ellas, deje al país sin mecanismos que garanticen una mínima convivencia.

Estas iniciativas se conectan en la dialéctica internacional de crisis y pugnas que se superponen, tensiones que producen vientos que modifican rápidamente las coyunturas, alianzas y confrontaciones, en un escenario donde la idea de la policrisis permite catalogar los desafíos inmediatos.

Una paz invertida en la que el mundo pasa de la prevención de los conflictos a las guerras preventivas.

No queda duda que el papa es más peruano que norteamericano, una realidad que los peruanos asumirán lentamente. Sus primeras expresiones también reflejan un estado emocional profundamente latinoamericano.

La administración Trump II se topará con estas dos barreras: el principismo democrático de una región que no acepta con carácter exclusivo la culpa de problemas regionales y globales que pertenecen a todos, y el pragmatismo de economías abiertas en las que hay que competir más que coactar.

La idea de hace dos décadas sobre que el país está bien, pero no la economía y bienestar personal, parece haber sido reemplazada por otra, que “el país está mal, pero yo estoy mejor”.

El Perú ha dejado de ser un régimen presidencialista liberal y democrático y transformado en un régimen parlamentario de facto, iliberal, es decir, autoritario.

Es dramáticamente cierto que el pacto liberal no ha podido frenar el auge del delito organizado y que en algunos países las élites políticas son el crimen mismo o sus lazos con este son muy estrechos.

Una sociedad sin seguridad, con gobiernos democráticos —de derecha o izquierda— que son incapaces de controlar el avance del crimen, es la principal contribución del autoritarismo y extremismo.

En Guatemala, la OEA, NNUU, EEUU, CIDH, Unión Europea y Human Rights actuaron sobre un piso mínimo institucional existente y persistente a pesar de la captura criminal de una parte del Estado. En Venezuela, en cambio, la comunidad internacional es hasta ahora poco eficaz.

La Constitución peruana es la más reformada del mundo en menos tiempo. En 31 años, sus artículos fueron objetos de 109 intervenciones modificatorias”.

En varios países de América Latina, se afirma una conducta arbitral que introduce un nuevo papel militar ante Gobiernos débiles y/o impopulares. La otra tendencia es hacia una creciente presencia de las FFAA en las tareas contra el delito común y los reclamos sociales. Está de vuelta una doctrina de seguridad nacional.

“Es probable que el superoutsider que la mayoría del país espera no sea ni de izquierda ni de derecha, sino todo lo contrario; es decir, extremista en la palabra y la acción”.

“La tendencia de la ‘nueva’ democracia que se instala en la región se encuentra lejos de combinar las reglas institucionales, las libertades y los resultados”.

“Latinoamérica es, en este momento, el laboratorio extremista cuya promesa es acabar el delito sin importar los procedimientos. Se puebla de Bukelei, producto emergente y marketero”.