Así es el Lago Oeste de Hangzhou: un recorrido por el patrimonio de la humanidad y uno de los museos más antiguos de China
Con el reconocimiento de su paisaje cultural por la Unesco, el Lago Oeste ofrece una experiencia única al navegar sus aguas y contemplar las maravillas a su alrededor a más de 30°.

Son las 10.03 a. m. de un domingo y la temperatura supera los 30 grados. El ruido de las bicicletas acompaña el inicio de nuestro recorrido por Hangzhou, capital de la provincia de Zhejiang, en el este de China. Turistas y visitantes locales avanzan por los alrededores del Lago Oeste: algunos prefieren las motos; otros caminan junto a la orilla y observan las embarcaciones que navegan entre construcciones tradicionales.
El calor obliga a buscar sombra, pero también invita a detenerse frente al agua. Entre paseos, jardines y edificios de techos curvos, el paisaje ofrece una primera impresión de lo que conoceremos durante la jornada. Nuestra visita combina dos paradas: la sede histórica del Museo Provincial de Zhejiang, en Gushan, y un recorrido en barco por el lago.
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Primera parada: uno de los museos más antiguos de China
Antes del ingreso, presentamos nuestros pasaportes y pasamos las pertenencias por el control de seguridad. La arquitectura tradicional del conjunto forma parte del recorrido: sus edificios se distribuyen en un entorno que permite alternar la visita a las salas con las vistas del exterior.
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La fachada del edificio principal del Pabellón Gushan del Museo Provincial de Zhejiang. Foto: LR/Jennifer Valqui
El Museo Provincial de Zhejiang fue fundado en 1929, originalmente con el nombre de Museo del Lago Oeste. El portal cultural de China lo identifica como uno de los más antiguos del país y sitúa su sede histórica al pie de Gushan, junto a la ribera norte del lago.

Un letrero de madera que indica la dirección hacia el Centro Educativo del Museo Provincial de Zhejiang. Foto: LR/Jennifer Valqui
Dentro, las zonas con aire acondicionado ofrecen una pausa frente a la temperatura de la calle. Nos detenemos ante esculturas, vitrinas con caligrafías chinas y una sala de cerámicas. Las formas y los detalles de las piezas nos hacen avanzar despacio, aunque disponemos de poco tiempo para observarlas.

Una de las salas de exposición interiores del Pabellón Wenlan. Foto: LR/Jennifer Valqui
Después de casi una hora, salimos a buscar algo de beber. Un refresco cuesta 25 yuanes: nos parece caro frente a lo que habíamos encontrado en Shanghái, pero, con ese calor, el precio pasa a segundo plano. Todavía falta caminar hasta el lugar donde abordaremos el barco.

El detalle del tejado de uno de los pabellones históricos de la colina Gushan. Foto: LR/Jennifer Valqui
El Lago Oeste, un paisaje reconocido por la Unesco
En el trayecto encontramos vendedores ambulantes que se acercan con calculadoras para negociar sus precios. Los números en la pantalla permiten entender las ofertas sin compartir el idioma. A nuestro alrededor continúa el movimiento de visitantes que van de una zona a otra de la orilla.
El paisaje cultural del Lago Oeste de Hangzhou fue inscrito como Patrimonio de la Humanidad en 2011. El reconocimiento de la Unesco comprende el lago, las colinas que lo rodean por tres lados y un conjunto de templos, pagodas, pabellones, jardines, calzadas e islas artificiales.

El Lago del Oeste en Hangzhou, justo el cuerpo de agua que rodea la colina donde se encuentra el Pabellón Wenlan. Foto: LR/Jennifer Valqui
Su configuración es resultado de siglos de intervención humana. Según la organización, este entorno ha inspirado a poetas, estudiosos y artistas desde el siglo IX e influyó en el diseño de jardines de China, Japón y Corea. El agua, las construcciones y la vegetación forman parte de una misma composición paisajística.
Desde la orilla vemos pasar botes y embarcaciones turísticas. Ahora nos toca subir a una de ellas y observar desde el agua el paisaje que hasta hace unos minutos recorríamos a pie.
Un paseo en barco y el regreso a Shanghái
Dentro de la embarcación encontramos una zona con aire acondicionado e incluso enchufes para cargar el celular. Después de tantas fotografías y videos, esa posibilidad resulta útil. Algunos pasajeros se quedan en el interior; nosotros nos acercamos a la proa, donde hay una vista más despejada.
El espacio comienza a llenarse. Desde allí seguimos el recorrido con el teléfono en la mano, entre nuevas fotografías y pausas para mirar el entorno. El calor continúa fuera de la cabina, pero la vista nos mantiene un rato más en cubierta.

Los barcos turísticos que navegan por el Lago del Oeste se caracterizan por fusionar la comodidad moderna con una estética tradicional china muy cuidada. Foto: LR/Jennifer Valqui
Al desembarcar, vamos a almorzar. Nos espera una mesa redonda con una plataforma giratoria en el centro, sobre la que se distribuyen los platos para compartir. La hacemos girar para elegir la comida. Hay Coca-Cola y otros refrescos para acompañar el almuerzo.
Después llega el momento de volver a Shanghái. Nos esperan casi tres horas de camino, tiempo suficiente para descansar tras una mañana de caminatas, salas de museo y navegación. El celular regresa con más fotos y menos batería; nosotros, con una jornada junto al Lago Oeste para contar.












































