Donó su terreno para un parque público y terminó vendido por US$10 millones a un centro de datos: ¿la peor traición o negocio maestro?
La venta de la propiedad, donada en 1999 por la familia Bland, generó reclamaciones legales y protestas vecinales sobre su uso actual.
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Una histórica donación de tierras en Taylor, Texas, destinada originalmente a un parque infantil, desató una intensa controversia nacional sobre el uso del suelo público. El terreno se vendió por millones de dólares para edificar infraestructura tecnológica, lo que provocó una fuerte disputa entre el avance económico y el respeto a la voluntad inicial del donante.
Medios de Estados Unidos califican la situación como un ejemplo extremo de cómo las promesas urbanas pueden cambiar con el tiempo. Tras pasar por diversas entidades públicas durante más de dos décadas, la propiedad afronta litigios legales y reclamos vecinales que cuestionan si ese destino final contradice el acuerdo original.
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Así quedaría el centro de datos en el terreno, según el ayuntamiento. Foto: City of Taylor
¿Cómo fue la donación de la familia Bland y la posterior venta del terreno?
En 1999, los Bland transfirieron entre 87 y 88 acres de tierra a una entidad de parques del condado por la suma simbólica de US$10. La escritura original, revisada por los periodistas, incorporó una restricción de uso expresa: "Con la condición expresa de que el predio se destinara a uso recreativo público".
Con el tiempo, el terreno pasó por diversas instituciones, desde una fundación hasta la administración municipal. En 2008, la ciudad traspasó la superficie a la Taylor Economic Development Corporation por US$15.000. Ese movimiento estratégico inició la valorización económica de un espacio originalmente comunitario.
El giro definitivo ocurrió en 2025, cuando la corporación de desarrollo vendió el área a la empresa Blueprint por cerca de US$10 millones. Esa millonaria operación comercial autorizó la construcción de un centro de datos a gran escala, obra que integra un proyecto de infraestructura digital estimado en miles de millones de dólares.
¿Qué pasó tras la venta millonaria del terreno? Reclamos y debate entre traición o negocio
La venta del predio desató la indignación de habitantes y ambientalistas, quienes afirman que la obra vulnera el objetivo inicial de la propiedad. Entre las voces inconformes sobresale Pamela Griffin, quien declaró que la población prosperó con este sitio como zona de esparcimiento y que la medida actual rompe un compromiso histórico con los vecinos.
Por su parte, el gobierno local respaldó la transacción con el argumento de que el suelo posee permiso fabril y que la infraestructura atraerá fuertes dividendos económicos. Las proyecciones del ayuntamiento prevén que el complejo tecnológico aportará un aproximado de US$30 millones en tributos durante la próxima década, junto con fondos destinados a los colegios de la zona.
La disputa permanece latente ante posturas encontradas: los detractores catalogan la acción como una 'traición' a la esencia de la herencia primigenia, mientras los funcionarios la califican como un dictamen pragmático bajo la ley actual. El proceso legal sigue bajo evaluación jurídica y se ha transformado en un emblema de la fricción que existe entre la identidad vecinal y la rápida expansión digital.





































