Perú entre los países con menor pretensión salarial
A diferencia de otros países de la región, Perú carece de un procedimiento vinculante para la actualización del salario mínimo, dejándola en manos del gobierno de turno, según expertos.
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En medio del debate por el aumento del sueldo mínimo, un estudio de Jobint —una empresa tecnológica de recursos humanos con marcas como Bumeran, Zonajobs, Selecta y HiringRoom— muestra que Perú tiene una de las expectativas salariales más bajas de América Latina con US$ 864 mensuales, superando solo el de Ecuador con US$ 811.
Y es que en la mayoría de los países latinoamericanos existen procedimientos establecidos para evaluar anualmente los incrementos del salario mínimo. En naciones como Chile, Colombia, Uruguay, Ecuador, Brasil, Argentina, México y Costa Rica, representantes de empresas, trabajadores y gobiernos se reúnen para discutir posibles ajustes, basándose en indicadores como la inflación, la productividad, el costo de la canasta básica, el desempleo y la informalidad.
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“En Perú, aunque en 2007 el Consejo Nacional de Trabajo y Promoción del Empleo (CNTPE) aprobó un mecanismo técnico, no existe un procedimiento vinculante ni predefinido para actualizar el salario mínimo, lo que deja esta decisión a discreción del gobierno de turno”, explicó a La República, Fernando Cuadros, exviceministro de Empleo.
De igual forma, señaló que el salario mínimo en Perú ha perdido poder adquisitivo, mientras que en otros países de América Latina ha aumentado, de acuerdo con datos de la OIT.
Pretensión salarial
Este rezago contribuye a la posición de Perú como uno de los países con las pretensiones salariales más bajas en la región. De acuerdo con el ‘Informe Regional’ de Jobint, Argentina encabeza la lista con una pretensión salarial promedio de US$ 1.234 a dólar oficial y US$ 1.137 a dólar MEP. Le siguen Chile con US$ 1.139 y Panamá con US$ 1.039, mientras que Perú ocupa el penúltimo lugar con un promedio de US$ 864, superando solo el de Ecuador, que es de US$ 811.
En niveles de seniority, los puestos de jefe o supervisor en Perú presentan una pretensión salarial promedio de US$ 1.185 por mes, detrás de Argentina (US$ 1.612 a dólar oficial) y Chile (US$ 1.458). Asimismo, los puestos senior tienen un salario requerido promedio de US$920 por mes, mientras que los niveles junior alcanzan US$ 556.
“Sin embargo, cabe destacar la estabilidad en las remuneraciones: entre 2020 y 2024 se registra una variación positiva de sólo un 1,52%”, indicó Miguel Bechara, director comercial de Bumeran Perú. Además, la variación acumulada en el salario pretendido desde mayo de 2023 hasta noviembre de 2024 muestra un aumento del 5,57% en Perú, superando a Ecuador (0,28%) y Panamá (2,97%), pero por debajo de Chile (6,84%).
Ahora bien, según Fernando Cuadros, uno de los factores que contribuye a esta situación es la baja demanda de empleo formal en comparación con la abundante oferta de mano de obra. Esta desproporción genera una presión a la baja en los salarios, ya que los empleadores tienen mayor poder para contratar sin necesidad de ofrecer sueldos competitivos.
Además, continuó explicando el economista, el poder de negociación de los trabajadores es limitado debido a factores estructurales. En primer lugar, Perú cuenta con uno de los niveles de sindicalización más bajos de Sudamérica, lo que dificulta la capacidad de los empleados para exigir mejores condiciones laborales. En segundo lugar, el uso extendido de contratos temporales agrava esta situación: "dos de cada tres trabajadores formales se encuentran bajo este tipo de contrato, lo que reduce su estabilidad y poder de negociación", resaltó Fernando Cuadros.
Por otro lado, existen diferencias salariales según el tamaño de las empresas. De acuerdo con el experto, el salario promedio en todo el sector privado formal es de S/2.700. Las microempresas, con menor capacidad financiera y niveles de productividad más bajos, pagan un promedio de S/1.700 mensuales. En contraste, las grandes empresas, que suelen tener mayor productividad, ofrecen sueldos que oscilan entre los S/3.300 y S/3.400. Sin embargo, incluso estas empresas "podrían pagar más si existiera una mayor capacidad de negociación" por parte de los trabajadores.
La brecha salarial de género también es un desafío persistente. En noviembre de 2024, Perú registró una diferencia del 8,71% en los salarios pretendidos entre hombres y mujeres, mayor que en Panamá (3,64%) y Ecuador (7,84%), pero menor que en Chile (10,79%).
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Poder adquisitivo
Una de las principales preocupaciones de Fernando Cuadros es que la RMV actual no alcanza para cubrir la canasta básica familiar. Después de descontar las contribuciones al sistema de pensiones, el salario real de los trabajadores es aún más bajo, lo que sitúa a muchos de ellos en una situación cercana a la pobreza extrema.
En esa misma línea, Julio Cesar Bazan, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores del Perú (CUT), indicó que uno de los principales obstáculos que enfrenta la propuesta del aumento de la RMV es la resistencia tanto del gobierno como de los empresarios.
“No tienen justificación técnica para rechazar este aumento. Las cifras están claras: el costo de vida ha subido, y es justo que los salarios reflejen esta realidad. Sin embargo, persiste una cultura de explotación que no permite que los trabajadores reciban lo que realmente merecen”, señaló el líder sindical.
La solución empieza, de acuerdo con Fernando Cuadros, con incrementos salariales anuales y moderados. Esto evitaría que se generen cambios abruptos que puedan afectar negativamente a las empresas, especialmente a las mypes, las cuales podrían enfrentar dificultades para asumir esta medida de golpe. Al hacer ajustes salariales de manera gradual, se lograría evitar la informalidad laboral, el desempleo y fomentar un crecimiento económico más estable.
Aunque el 2024 está llegando a su fin, Julio César Bazán afirma que los trabajadores del país continuarán luchando por una remuneración justa en 2025, con acciones de denuncia a nivel internacional que presionen al gobierno peruano a cumplir con sus compromisos laborales.
“El aumento que proponemos de S/1.330 es una cifra razonable y ajustada a la realidad del país. No es una cifra ideal, pero es un paso necesario para comenzar a resolver esta deuda histórica con los trabajadores”, concluyó.

























