Arde el mundo cultural: el caso Ariana Harwicz
El retiro de la escritora argentina Ariana Harwicz del festival Cultur-ALH de España generó una ola de reacciones en la que participaron no pocos escritores y figuras referenciales de la cultura hispanoamericana. A favor y en contra.

No hay duda de que estamos atravesando tiempos recios en todos los ámbitos de la vida. Y, en esa dinámica, las artes, la cultura y la creación no están ajenas a cómo van los vientos en el mundo. Es precisamente uno de los mayores conflictos del presente siglo, como el de Israel y la Franja de Gaza, el que más está incidiendo en los últimos tiempos en el discurso intelectual y cultural.
Lo dicho no es nuevo. Pero sí es el que ha hecho que el mundo cultural, y no solo hispanoamericano, se manifieste en esta ocasión. Y de qué manera, porque lo que pasó en la tercera edición del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur-ALH de Granada, en España, ya es de otro nivel, principalmente porque vemos en esa controversia la participación de cientos de escritores divididos, entre los que contamos plumas de primer nivel.
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Este festival se llevó a cabo del 21 al 27 de septiembre. Entre sus invitados más reconocidos, de acuerdo con la web del festival, se anunció a Gabriela Wiener, Juan Villoro, Lina Meruane, Luis García Montero, Margaret Atwood, Rita Segato, David Trueba, Ariana Harwicz y John Banville. En total, fueron 60 invitados.
Por la magnitud del evento, y por contar con nombres estelares como Atwood y Banville, el Cultur-ALH no es algo que se planifica en poco tiempo. Sin embargo, algo pasó.
El pasado viernes 18 de septiembre, la plataforma Red Universitaria por Palestina de Granada solicitó a la Universidad de Granada, organizadora del festival, el retiro de la escritora argentina Ariana Harwicz del programa de actividades. Harwicz, por cierto, es una escritora reconocida. Su novela Matate, amor (2012), por ejemplo, fue llevada al cine en 2025 con Martin Scorsese como productor.
La petición de la plataforma se basó en un tuit que Harwicz publicó en septiembre de 2025. En aquella ocasión, la narradora dijo:
“Les angustia terriblemente que no haya genocidio [en Gaza]. Lo desean, desean que haya genocidio para confirmar su odio a Israel”.
Esta es, bajo todo punto de vista, una declaración tremendamente controversial, no por el contenido (la masacre en Gaza está más que documentada), sino por su carácter incorrecto en tiempos políticamente correctos. Es tan políticamente correcto el tiempo que corre que, incluso, volteando la figura del enunciado de Harwicz, sería igualmente controversial.
La petición tuvo eco en las autoridades de la universidad, quienes desembarcaron a Harwicz a pocos días de la inauguración del festival. La autora argentina estaba programada para participar en el conversatorio “Oponerse al mundo”, el pasado sábado 26.
Las reacciones no tardaron en manifestarse. Una de las primeras vino por cuenta de John Banville, uno de los invitados top del Cultur-ALH, quien canceló su participación, programada para la clausura, en apoyo a Harwicz. Con Banville fuera del barco, la exclusión de Harwicz se volvió un escándalo internacional.
Pero el lunes 21, un grupo de autoras que participaban en el Cultur-ALH emitió un comunicado en el que respaldaban el retiro de la argentina. Las razones: las manifestaciones públicas de Harwicz sobre el conflicto en Gaza y el rechazo al boicot cultural a Israel.
Harwicz se defendió
Este escándalo fue discutido en todos los espacios de cultura y de noticias que se pudo. En este escenario, la autora se defendió. Veamos lo que declaró para La Nación de Argentina. Solo un cachito:
“Puedo entender que los estudiantes pro-Palestina no me quieran, está bien, son activistas, no escritores; pero lo que no me parece lógico es que una universidad pública que se declara democrática acepte esa presión y me eche a mí. Sería hipócrita, sería falso pensar que no es por antisemitismo. Lo que pasa es que ellos escudan, encuentran subterfugios, estrategias lingüísticas y discursivas, como siempre ha hecho el totalitarismo, para no decir lo que se dice. En eso consiste el terror: disfrazar las palabras. Ya lo sabemos cómo funcionó en los años 30 y 40. Me expulsaron por ser judía. A ningún otro integrante de la lista de 60 personas se le ha hecho un interrogatorio de lo que piensan de China y Nepal; sobre Putin o sobre Ucrania, o sobre Sudán o sobre Israel. Todo el mundo tenía libertad de expresión para hablar de literatura, porque no era un foro económico-político, salvo yo, que tengo que pasar por un escáner a ver si puedo pasar o no. No fueron los estudiantes los que me expulsaron. Fueron siete u ocho escritoras las que me expulsaron. Son de Latinoamérica”.
El miércoles 23, circuló una carta de apoyo a Harwicz firmada por 350 personalidades hispanoamericanas de la cultura y política, entre las que podemos mencionar a Fernando Savater, Margo Glantz, Piedad Bonnett, Andrés Trapiello y Santiago Roncagliolo. Pero el viernes 25, más de 500 personalidades hispanoamericanas de la cultura y política igualmente firmaron un manifiesto que respaldaba la expulsión de Harwicz. Entre los firmantes, podemos ver a Cristina Rivera Garza, Alejandro Zambra, Marta Sanz, Camila Sosa Villada, Andrea Abreu, Pilar Quintana y Lucrecia Martel.
“Reconocemos el valor de quienes, desde la comunidad universitaria, señalaron lo que consideran discursos negacionistas o justificatorios de la violencia contra el pueblo palestino y llevaron esa discusión hasta los espacios institucionales”, dice parte del manifiesto.
¿Se debe borrar a un autor por sus posturas políticas? ¿Esa es la dinámica, bajo criterios ideológicos, con los que se empezarán a desarrollar los festivales de arte y cultura? Esta controversia tiene para rato. Si algo positivo se podría sacar de este cruce discursivo, es que ya se está discutiendo. Ninguna polémica es mala. La discusión es también cultura.
































