José Carlos Agüero: “Cuando hablamos de grupos de poder, lo que está en discusión no es la verdad”
Memoria. Si hay un libro para leer en la coyuntura actual, ese es Sombriti de José Carlos Agüero, uno de los escritores peruanos más relevantes del presente siglo. En la luz poética de su escritura, la obra expone heridas históricas, pero, a la vez, el camino que nos podría ayudar a sobrellevarlas.

Sombriti (Lumen) es un libro del escritor e historiador José Carlos Agüero publicado en 2023 en Chile y tres años después tenemos su edición peruana. Escrito originalmente para su hija, el libro proyecta los tópicos habituales en la trayectoria del autor y mantiene una estructura híbrida. Sin embargo, destaca sobre todo como una apuesta por la verdad personal e histórica, dirigida a un público objetivo muy bien definido: la generación actual. Sin exagerar, por todas las sensaciones que genera, este libro es de lectura obligatoria. La República conversó con Agüero.
-Uno de los aspectos que me llaman la atención de tu poética es la mezcla de registros y géneros. Está presente en otros libros tuyos; pienso en Persona, por ejemplo. Cuando se te lee, no se siente esa confluencia. ¿Cómo fue que te decidiste por ese modelo de escritura?
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-No es una planificación. Creo que, por la naturaleza de las cosas que estaba intentando representar, eché mano de lo que podía ser útil. Pero no porque haya buscado hibridez o porque me haya creído vanguardista. Tanto en la poesía, cuando escribo poesía, como cuando escribo prosas, estoy buscándome lo mismo. Estoy buscando significados. Las anécdotas son útiles para un relato o para un ensayo; no solamente las anécdotas, sino las ideas. Me gusta pensar que, a través de la imagen y la intuición, el lenguaje poético permite que puedas aproximarte hacia la historia real de maneras más profundas, tal vez no tan explícitas. Y esa aproximación, si quieres una aproximación medio poética, te llama hacia una especie de montaje, de acción de montaje, de no ir directo, de interrogar lo que estás haciendo al mismo tiempo. Entonces es una reflexión sobre la representación y sobre el lenguaje. Yo creo que es por eso.
-Sombriti es un libro que escribiste para tu hija Billie. Y en lo que relatas, la memoria sobre los años de violencia sigue presente. La aproximación a este periodo suele exhibir muchísimos datos, pero tú fuiste por otra vía al abordarlo desde la memoria emocional. Eso sí es nuevo.
-No es nuevo y no es distinto a lo que han hecho otras personas en otros lugares del mundo. Pero sí soy consciente de que en efecto hay maneras distintas de aproximarse al recuerdo de la violencia política en diferentes lugares. He trabajado mucho tiempo en temas de memoria, entonces soy un experto en esos asuntos. Conozco los registros, las diferentes aproximaciones académicas, pero también escriturales que ha habido durante el siglo XX.
-Sabes a lo que vas.
-No escribo desde la ingenuidad de alguien que de pronto se encuentra con la escritura y no sabe qué hacer. Eso no sería cierto. Entonces, sé en qué tradición se inscribe lo que hacemos en términos de memoria. Y en esas posibilidades de aproximarte al tema, en efecto, creo que me siento más inclinado a aquello que no es cronológico. Lo cronológico es muy importante porque brinda un lugar a cada acontecimiento, a cada experiencia vital dentro de una organización que le da sentido. No es que no sea importante. Pero a mí, por lo menos, precisamente por lo que te mencionaba, que es una aproximación más poética, lo que me importa no tanto es la organización cronológica, sino los significados de la experiencia de cada individuo o de cada grupo en relación con alguna situación complicada, extrema y compleja. Eso te lleva a aproximarte a la experiencia, no a la cronología.
-¿La raíz de tu poética como escritor es la poesía?
-Sí. Siempre he sido un lector de poesía.
-En Sombriti hay varias capas narrativas. Una de ellas tiene que ver con los años 90. Recorres el centro de Lima; estás muchas horas leyendo en la Biblioteca Nacional de la av. Abancay. Como que la cultura no deja de ser un refugio o un consuelo ante un escenario marcado por el horror y el desaliento.

"Sombriti" (Lumen). Precio: S/ 59 y S/ 44.25. Imagen: Difusión.
-La cultura salva. Hace la vida más llevadera. Te otorga inteligencia, indudablemente. Te otorga lenguaje, que es fundamental para poder estar en una comunidad. Te otorga belleza, que para los pobres es muy escasa porque no tienen los recursos. En los 80 y 90 la pasamos muy mal. Pero, así como Lima te puede maltratar terriblemente, te puede consolar bellamente al mismo tiempo. La lectura de El perseguidor de Julio Cortázar me marcó.
-Ese relato se lee en unas cuantas horas. Imagino que al salir a la av. Abancay, ver su oscuridad y sus densas luces amarillas, como que lo acerca a uno a la atmósfera del jazz.
-Fue hermoso. Tenía poco dinero e iba a la universidad. Y la cultura me permitió experimentar el mundo de otra forma. Estaba la Biblioteca Nacional, pero también iba a la Filmoteca de Lima, la Casona de San Marcos. Era un circuito cultural al que iba porque era gratis. Muchos en Lima hacíamos ese circuito de ofertas culturales.
-En Sombriti le cuentas todo a tu hija. Hablas de la herencia recibida; tu padre murió en la masacre del Frontón y tu madre murió en 1992. Una lectura sobre tu libro es la siguiente: se puede sanar si se cuenta la historia completa. Hoy se pretende cambiar lo que pasó. Veamos: el LUM, el Informe de la CVR y la reciente masacre de 2022-2023.
-En el libro hay dos cosas, sobre todo, que me preocupan, y que tienen que ver con el pasado, la memoria. Hay procesos que nos superan, que son muy largos, y que una cosa buena que podría pasar, que podríamos hacer todos, ya sea una hija, pero también la sociedad, es darse cuenta de que está inmerso en un proceso, que hay alguien más que te está escribiendo, solo que no lo sabes. Es un llamado a reconocer que formas parte de la escritura de otro.
-¿Por eso se habla en el libro de la guerra con Chile?
-La guerra con Chile ha nutrido y ha generado una tradición de odio y animadversión hacia otra sociedad, hacia otro país, hacia otra nación, hacia gente común y corriente, sin que nadie se haya preocupado, por lo menos en las generaciones como las nuestras, de ser conscientes de que ese es un dispositivo de control, de organización intelectual e ideológica. Simplemente se vive como una naturaleza. Y esos mecanismos que se dan a través de la educación, las estatuas, las calles, el espacio público, la tradición familiar, las canciones, la música, todo, son dispositivos de memoria, solo que silenciosos, largos y poderosos.

José Carlos Agüero: "Yo no creo que todas las personas que están en contra del LUM, por ejemplo, tengan una posición filosóficamente relativista y negacionista de la violencia política". Foto: Marco Cotrina.
-¿Y podemos darnos cuenta de ello?
-Podemos darnos cuenta. No es tan fácil, pero podemos. Y si eso sucede, podemos decirle a la siguiente generación: no tienes por qué inscribirte en esta tradición. Por eso lo menciono en el libro y es análogo a un proceso como el de la violencia política. Muchísima gente, incluidos actores políticos, está inmersa en otro proceso, en un proceso largo, que creo que los supera también. Yo no creo que todas las personas que están en contra del LUM, por ejemplo, tengan una posición filosóficamente relativista y negacionista de la violencia política. Sus reacciones, sus referentes, sus héroes, sus tradiciones, ya están escritos desde antes. Ya sienten que Fujimori lo configuró. Ya sienten que hubo un proceso de pacificación militar. Saben cosas, sean verdaderas o no, antes de que reflexionen sobre ellas. Por eso es tan complicado; no es solo ganar una discusión en el momento presente. No se trata de que se discuta con el ministro de Cultura, Alberto Beingolea, y le demuestres que está diciendo tonterías. No, porque él mismo está inscrito, muy posiblemente, en una visión como esa, la cual lo integra a un grupo conservador. Eso es más difícil de superar que solo pelearte con alguien por un lugar de la memoria.
-Pero quienes critican al LUM no han ido al LUM. Se supone que se habla de lo que se ve.
-En esta acusación respecto del trabajo de la Comisión de la Verdad o El Lugar de la Memoria, hay que preguntarse quiénes tienen esta visión negativa para poder hablar con precisión. No eres tú, no soy yo, sino que son grupos de poder. Entonces, cuando hablamos de grupos de poder, lo que está en discusión no es la verdad; lo que está en discusión es la capacidad de un grupo de poder de legitimarse, de tener la capacidad de seguir siendo grupo de poder, de mantener su capacidad de influencia y de legitimar su acción en el presente. Eso es lo que un grupo de poder va a discutir en el espacio público.
-¿Cualquier grupo de poder de derecha o de izquierda?
-La extrema derecha, la extrema izquierda, cualquier grupo de poder. En asuntos como este, controversiales, porque se está hablando de extrema violencia ejercida por agentes estatales y también por ciudadanos organizados en grupos basados en armas, es poco probable que les interese a estos grupos una discusión sobre el contenido. Les interesa una discusión sobre qué consecuencias tiene este artefacto. Entonces, es irrelevante para los grupos de poder si se dice la verdad o no. No es eso lo que están discutiendo; por eso no vale de nada, como aclararle a alguien “no, pero mira, en la Comisión de la Verdad, en la página tal, en el tomo 2, no sé cuántos capítulos, hay tal y tal información que te demuestra; o en el LUM, si te das cuenta, al inicio, en el primer panel, se dice lo que tú quieres”. No es una discusión sobre la verdad. No es que convencieron a sectores militares, no es que convencieron a la extrema derecha de que era necesaria una revisión crítica de los crímenes. Esos grupos no fueron convencidos ni entonces, ni, obviamente, como lo vemos, están convencidos ahora. Lo que ocurrió es que los grupos favorables a una revisión crítica del pasado tuvieron mayor capacidad de influencia, la cual les permitió hacer un lugar de la memoria. Hoy esos grupos tienen menos capacidad de influencia y los otros, mayor.








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