Tomasa Tito Condemayta: la indómita cacica que arrasó al yugo español

La República
18 05 2019 | 03:06h

Hace 238 años, Túpac Amaru II ofrendaba su vida atado a cuatro corceles en sentidos cardinales. A su diestra, la feroz 'Cacica de Acos', condenada al puño español y a nuestra indiferencia, moría estrangulada tras liderar épicamente ejércitos íntegros de mujeres por la causa independentista. Esta es su historia.

La historia de nuestra independencia frente al yugo español no siempre estuvo teñida con la sangre de hombres valientes, sino también con la de memorables mujeres que dejaron a su familia y a su gente por defender los ideales de libertad que desde siempre los pueblos autóctonos demandaron ante los ruines conquistadores de la época.

Este fue el caso de Tomasa Tito Condemayta, valiente cacica de Acos que a los cuarenta años luchó codo a codo junto a Túpac Amaru II en la mayor revolución indígena del continente americano, formando un ejército de mujeres que hicieron retroceder a los españoles en puestos claves como Sangarará. Un día como hoy hace 238 años, ella ofrendó su vida junto a los inmortales José de Condorcanqui y Micaela Bastidas.

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La valiente caudillo nació en 1729 en el seno de una familia noble Inca asentada en la provincia de Acomayo, en la región Cusco. El ayllu heredado de su padre desde siempre fue inusualmente rebelde ante los españoles y esto favoreció a que la elocuencia de nuestra heroína adquiriera un peso trascendental.

Cuando Tupac Amaru II y su esposa Micaela Bastidas Puyucahua pidieron una rebelión contra el dominio español en Perú en 1780, Condemayta dejó a su esposo e hijos para unirse a los rebeldes en Tinta. Como estratega, lideró a su propio ejército desde el sur y gracias a su posición económica  ayudó a financiar la revolución. Su paso por las tropas anti realistas fue imprescindible, aunque lamentablemente muy pocos hoy la recuerden.

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Precisamente, en la batalla de Sangarara un ejército integrado por mujeres pampa runas al mando de Condemayta derrotó a un poderoso ejército español, en una de las victorias más emblemáticas para la causa independentista. Era una audaz estratega que se hizo oficial de su propio batallón de guerreras emponchadas y armadas en su mayoría con hondas y flechas. También dirigió la exitosa defensa del puente Pillpintuchaka en el Apurímac contra los europeos que se acercaban a retomarlas  posiciones tomadas por las huestes a su mando.

Sin embargo, cayó derrotada ante el poderío bélico del enemigo el 7 de abril de 1781 y fue ejecutada previa tortura junto a los demás líderes revolucionarios el 18 de mayo en la Plaza Principal del Cusco. Ella fue la única noble nativa ejecutada junto con Túpac Amaru II. Luego de una lenta y dolorosa muerte por garrote y horca, su cabeza fue empalada y trasladada como elemento disuasivo a su natal Acos. Pero su nombre, como la sangre viva sobre tela virgen, nadie podría borrarlo jamás.

El azote de la indiferencia

Ha sido tan ingrata la historia con Tito Kuntymayta que el Ministerio de Cultura erró este año su imagen con la de otra luchadora indígena, la boliviana Bartolina Sisa, cuando publicaron una estampilla conmemorativa en su honor con motivo del Bicentenario de la Independencia a celebrarse este 2021. Fue la antropóloga Karen Bernedo quien informó sobre este error y señaló sentirse decepcionada por el uso de una imagen equivocada para representar a una heroína peruana.

No cometamos nosotros nunca más este deshonor al escuchar su nombre, pues solo recordando su lucha ella “volverá siendo millones” al igual que los demás gestores de la inolvidable misión libertadora de Túpac Amaru II, la inmortal 'serpiente resplandeciente' de los Andes.

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