China no se rinde frente a la desertificación y ahora recurre al bambú para reforzar la Gran Muralla Verde
La estrategia busca sustituir los plásticos no biodegradables por barreras de bambú tejidas y bandejas para recoger el agua de lluvia.
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China ha decidido apostar por un nuevo aliado para contener el avance de la desertificación: el bambú. Investigadores de la Academia China de Silvicultura estudian el uso de este material natural para sustituir las barreras de paja y plástico que durante décadas ayudaron a estabilizar las dunas en el norte del país. La iniciativa forma parte de los esfuerzos para fortalecer la Gran Muralla Verde.
El anuncio coincide con la presentación de un plan de conservación de bosques y pastizales con una vigencia de cinco años. Este documento contempla nuevos proyectos para impulsar la Gran Muralla Verde hasta 2030, con el propósito de combatir la degradación del suelo en las regiones áridas del noroeste, norte y noreste de China, según South China Morning Post. Los especialistas consideran que el bambú puede ofrecer una solución más duradera y respetuosa con el medio ambiente frente a los métodos tradicionales.
El bambú surge como una alternativa más resistente y sostenible
Durante años, las cuadrículas elaboradas con paja representaron una de las principales herramientas para fijar la arena y evitar el desplazamiento de las dunas. Los investigadores indican que este material suele mantener su eficacia durante apenas dos o tres años, debido a su degradación natural.
Las barreras de plástico también ofrecieron una opción para estabilizar el terreno, aunque presentan un inconveniente importante: tardan mucho tiempo en descomponerse y pueden generar riesgos ecológicos a largo plazo. Además, algunas especies vegetales utilizadas para controlar la arena, como Artemisia, se relacionan con un incremento de las alergias al polen en determinadas zonas.
Ante este panorama, el equipo propuso aprovechar los abundantes recursos de bambú del país. Esta planta destaca por su rápido crecimiento, su resistencia mecánica, su flexibilidad y la escasa cantidad de recursos que necesita para desarrollarse, cualidades que la convierten en una materia prima atractiva para proyectos de restauración ambiental.
La Gran Muralla Verde busca frenar el avance de los desiertos
El proyecto nació en la década de 1970 como una respuesta al avance constante de los desiertos sobre extensas áreas del norte de China. Desde entonces, el país ha construido una extensa red de bosques, arbustos y plantas capaces de reducir la erosión del viento y proteger los suelos más vulnerables.
La desertificación constituye uno de los principales desafíos ambientales para estas regiones. El sobrepastoreo, la deforestación y el cambio climático favorecen la pérdida de tierras fértiles, por lo que las autoridades chinas mantienen una estrategia que combina soluciones naturales con innovaciones tecnológicas para fortalecer la protección del territorio.
Las pruebas muestran una mayor durabilidad y menores costos
Los investigadores también desarrollaron nuevas técnicas para transformar el bambú en cuadrículas y barreras capaces de fijar la arena con mayor eficacia. Paralelamente, diseñaron bandejas elaboradas con fibra de bambú y madera destinadas a captar agua de lluvia, una medida que puede favorecer la recuperación de zonas degradadas.
Según un informe publicado el año pasado por la Administración Nacional de Bosques y Pastizales de China, estas barreras renovables y biodegradables resisten mejor el envejecimiento provocado por la exposición solar. Su vida útil puede alcanzar entre tres y diez años, además de reducir los costos generales en más de un 20%. Las pruebas realizadas en Qinghai y la Región Autónoma de Mongolia Interior respaldan su potencial para reemplazar tanto las estructuras de paja como las de plástico. Al mismo tiempo, los científicos exploran otras alternativas, entre ellas el cultivo de hongos comestibles para enriquecer los suelos arenosos y reforzar la lucha contra la desertificación.




















