La Tierra se agrieta bajo el hielo de la Antártida con terremotos submarinos que están cambiando la vida en la superficie
Los sismos bajo el hielo antártico ocurren a casi dos km de profundidad, de donde crecen floraciones microscópicas que son visibles desde el espacio.
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Un estudio reciente publicado en Nature Geoscience reveló una conexión inesperada entre la actividad sísmica profunda bajo el hielo de la Antártida y el crecimiento masivo de fitoplancton en la superficie del océano. Investigadores de la Universidad de Stanford analizaron registros sísmicos y datos satelitales en la región de la Dorsal Antártica Austral, encontrando una correlación entre terremotos submarinos y floraciones extraordinarias de fitoplancton que pueden observarse desde el espacio.
Estas floraciones microscópicas, que en años con mayor actividad sísmica se han extendido cientos de miles de kilómetros cuadrados, no solo alimentan la base de la cadena alimentaria oceánica, sino que también desempeñan un papel clave en la captura de dióxido de carbono de la atmósfera. Los resultados sugieren que procesos geológicos remotos pueden tener efectos biológicos y climáticos de gran alcance.

Los terremotos submarinos aumentan la intensidad de las floraciones de fitoplancton.
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El vínculo invisible entre sismos y fitoplancton
El fitoplancton son organismos microscópicos, similares a plantas, que flotan en las capas superiores del mar y constituyen la base de la cadena alimentaria marina, además de absorber grandes cantidades de CO₂ atmosférico.
La investigación liderada por Casey Schine y Kevin Arrigo indica que los terremotos submarinos de magnitud significativa, especialmente en los meses previos a la primavera y verano austral, aumentan la intensidad de las floraciones de fitoplancton vistas durante la temporada de crecimiento. Ambos compararon décadas de imágenes satelitales con registros de actividad sísmica y descubrieron que años con mayor número de terremotos se traducen en floraciones mucho más densas y extensas de fitoplancton en la superficie del Océano Austral.
Este vínculo indica que, aunque los sismos ocurren a kilómetros de profundidad, su efecto sobre los nutrientes del océano puede propagarse hacia arriba, integrando geología y biología en una misma ecuación.

Aunque los sismos ocurren a kilómetros de profundidad, su efecto sobre los nutrientes del océano puede propagarse hacia arriba.
¿Dónde más sucede, aparte de la Antártida?
Aunque el estudio se centró en el Océano Austral, los científicos advierten que procesos similares podrían ocurrir en otras regiones con alta actividad tectónica y presencia de respiraderos hidrotermales.
El Anillo de Fuego del Pacífico, una vasta cadena de zonas de subducción y volcanes que bordea gran parte del océano Pacífico, alberga innumerables dorsales y respiraderos hidrotermales donde podrían existir procesos análogos de interacción entre terremotos y nutrición oceánica.
En estos entornos, las placas tectónicas en colisión generan frecuentes terremotos y también alimentan sistemas de chimeneas hidrotermales activas que liberan minerales al océano profundo.
Regiones como las dorsales del Pacífico oriental o zonas volcánicas submarinas (por ejemplo, el sistema de respiraderos del East Pacific Rise) son ejemplos de áreas donde la geología activa podría influir en la biogeoquímica oceánica de manera similar a la observada en la Antártida.
¿Por qué los terremotos alimentan a los océanos?
La clave está en los respiraderos hidrotermales, grietas en el fondo marino donde brotan fluidos calientes ricos en minerales como el hierro, un nutriente limitante para el fitoplancton en muchas zonas del océano.
Cuando un terremoto sacude la corteza terrestre bajo el océano, puede modificar y reabrir canales en estos sistemas de respiraderos, facilitando la liberación de más nutrientes hacia el agua circundante.

Estos terremotos submarinos ocurren a casi dos kilómetros de profundidad.
Este hierro, escaso en grandes áreas como el Océano Austral, puede ascender hacia las capas superiores en cuestión de semanas o meses, mucho más rápido de lo que se pensaba, alimentando explosiones de fitoplancton visibles desde satélites.
Además de su papel ecológico al sustentar la red alimentaria marina, el fitoplancton también contribuye al sumidero global de carbono, ayudando a retirar CO₂ de la atmósfera, por lo que estos procesos tienen implicaciones directas en el ciclo climático del planeta.




















