
El país está pasando por situaciones complicadas, que se han acentuado en las regiones del sur; no pretendo comentar validez de los reclamos, pero sí está claro que se han dado situaciones de vandalismo, definitivamente condenables.
El título de esta columna, está relacionado por los más afectados por esta situación, que en su mayoría son parte de la población vulnerable.
Sin duda es el sector más afectado, tanto para el turismo interno como extranjero. Varios países han recomendado a sus ciudadanos no venir al Perú, hasta que la situación esté más tranquila; esto tiene repercusiones a largo plazo, porque la imagen de inseguridad del país no será fácil de borrar.
Evidentemente esto reduce los flujos de visitantes. El mayor efecto negativo ha sido en Puno, que prácticamente todos los hoteles han cerrado; en Cusco el flujo hacia Machu Picchu se ha reducido al 10% de lo usual en esta época; en Tacna se ha perdido la afluencia de turistas chilenos, muy importante para esta región; en Arequipa se ha manifestado en la menor demanda de viajeros al Valle del Colca.
Todo esto ha originado pérdida de ingresos tanto para los trabajadores dependientes que han perdido su empleo, como los independientes al no poder trabajar, ejemplo conductores de taxis. La mayoría de operadores turísticos y los proveedores de servicios relacionados, son personas naturales o microempresarios, cuya situación es sumamente crítica. La gran mayoría son familias de ingresos bajos, que les afecta directamente a su consumo.
Las empresas de este segmento, así como los emprendedores, están permanente en el límite de sus pequeñas operaciones y por lo tanto, no es probable que cuenten con reservas que les permita afrontar una disminución o pérdida de sus ingresos; estas paralizaciones están afectando sus actividades normales.
Otro impacto de esta situación es la ruptura de la cadena de pagos, especialmente en el sur, ralentizando aún más, la actividad empresarial; esto se origina por la imposibilidad de cumplir en uno de sus eslabones, que se transmite a toda la actividad empresarial; esto conlleva el incumplimiento de sus obligaciones financieras, con el consecuente problema con las instituciones prestatarias y la dificultad para obtener nuevo financiamiento.
Las paralizaciones y la interrupción de carreteras, impide la llegada de productos a los mercados, tanto de origen agropecuario como industrial. En el primer caso se trata de perecibles, que se deterioran y son pérdida para los agricultores o transportistas que no abastecen al mercado de las ciudades provocando escasez.
Los productos industriales generalmente no pierden su valor, pero al igual que en el caso anterior no llegan al mercado de destino.
El desabastecimiento se traduce en aumento de precios, alentando la inflación que es una preocupación general, al afectar directamente a las familias.
Las movilizaciones que se vienen dando en el país y especialmente en las regiones del sur, están afectando diferentes actividades, la mayoría de ellas realizadas por familias vulnerables, que son las de menores ingresos y que están permanentemente luchando por salir de esa situación.
Por ello el título de esta columna, porque los afectados son los más débiles de la cadena.





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