
La guerra contra Irán, conforme al derecho internacional, es ilegal, ya que configura una agresión prohibida por el derecho internacional. En esta apreciación no existen ni dudas ni interpretaciones. La posición política de los actores es cosa muy distinta. El presidente Trump fundamenta la guerra en la convicción de que Irán no puede acceder al arma nuclear —como ya lo han hecho, al margen del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TNP), Israel, Corea del Norte, India o Pakistán— y en la necesidad de cambiar el régimen de gobierno iraní. El secretario de Defensa y jefe del Pentágono, Pete Hegseth, ha afirmado que Estados Unidos libraba una "guerra santa" y una "cruzada" que perseguía la protección de la civilización occidental.
En el contexto del sistema internacional unipolar fragmentado de nuestros días, la guerra, la violencia y el uso de la fuerza ilegítima se están generalizando. Se hace la guerra y se impone una paz armada para preservar los intereses de las políticas de poder. Y se justifica ideológicamente.
Esta situación, más allá de las cuestiones políticas interestatales, afecta a cientos de miles de personas que mueren, son desplazadas y ven degradadas sus condiciones de vida. Hay en la crisis actual, más allá de cuestiones esenciales como la violación o negación del derecho internacional o la perversión de la democracia, una cuestión ética y moral que tiene que ver con la vida de los seres humanos.
En la comprensión de esta gravedad de la situación mundial, León XIV, el día de su elección, hizo de la paz el centro nodal de su reflexión espiritual y pastoral. Pero no de una paz impuesta, sino de la paz desarmada y desarmante, que refiere a una paz distinta a la paz como ausencia de guerra solamente: "Esta es la paz de Cristo resucitado: una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante".
Con posterioridad, y en el movimiento de la evolución de los acontecimientos en Gaza, Irán y Líbano, el Papa León XIV, con prudencia, ha llamado la atención de los líderes mundiales y de los pueblos para que desestimen la espiral de la guerra, la muerte y la destrucción y se abran los espacios para solucionar los conflictos a través de la negociación y el respeto al derecho internacional, a los valores de la democracia y los derechos humanos.
Se ha constituido, así, en el referente de contención más importante a las políticas de poder de la Casa Blanca, sin oponer a la fuerza otra fuerza material, sino aquella derivada de la fortaleza de la dignidad humana y la solidez de una perspectiva moral, en representación no solo de las poblaciones católicas o cristianas, sino de toda la humanidad, sin diferenciar credos ni religiones.
Cuando el presidente Trump elevó las amenazas contra Irán señalando que "destruiría toda la civilización iraní", en una declaración sin precedentes en las relaciones internacionales del último siglo, consultado León XIV, en Villa Barberini, dijo: "Hoy, como todos sabemos, ha habido también esta amenaza contra todo el pueblo de Irán. ¡Y esto es verdaderamente inaceptable! Ciertamente hay aquí cuestiones de derecho internacional, pero, más aún, es una cuestión moral que concierne al bien del pueblo en su conjunto, en su totalidad".
Trump, en respuesta, señaló que el Papa era "terrible en política internacional" y que debían informarle que Irán quería poseer la bomba nuclear y había asesinado a miles de personas. Esta declaración no es importante por intentar recusar lo dicho por el Papa, sino porque justifica la guerra con Irán por una causa que supone amerita el uso de la fuerza. Es la recuperación del concepto de la guerra justa, que existió en el pasado cuando se pensaba que la guerra era un instrumento de la política exterior de los Estados. Hoy esa noción no existe. Es más, es contraria al derecho internacional y a las normas imperativas jurídicas y éticas de la convivencia humana.
La guerra justa es hoy la guerra injusta, que viola el derecho internacional. La diplomacia vaticana ha contribuido desde inicios del siglo XX a su proscripción ética y jurídica. Recientemente, Francisco, en la Encíclica Fratelli tutti, señaló: «Fácilmente se opta por la guerra esgrimiendo todo tipo de excusas aparentemente humanitarias, defensivas o preventivas, recurriendo incluso a la manipulación de la información. De hecho, en las últimas décadas todas las guerras han pretendido tener una «justificación» (...) hoy es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible «guerra justa». ¡Nunca más la guerra!»
León XIV ha dotado al NO a la guerra de una propuesta teológica-pastoral y diplomática que no reduce la paz a la ausencia de guerra y que la libera de toda coacción autoritaria, que reemplaza la paz armada impuesta por el poder, por la paz de las personas en su vida cotidiana y de una relación Estado-sociedad civil basada en la democracia, y especialmente el discernimiento racional, la liberación del autoritarismo: una paz que realice derechos, no que los restringa o conculque.
En esta dimensión pastoral de la paz, afirma León XIV que "El desarme integral [...] sólo puede afirmarse mediante la renovación del corazón y de la inteligencia" (Jornada Mundial de la Paz, 8 de diciembre 2025). Aquí la referencia a la renovación del corazón alude a la necesidad de dejar de lado la ambición del poder, la fascinación por la dominación del otro; la renovación de la inteligencia se refiere al desarme de la mente, para hacer prevalecer la vida humana y su dignidad a la lógica del cálculo militar o geopolítico.
Desde el punto de vista diplomático, la paz desarmada y desarmante constituye una opción por la recuperación de los medios pacíficos de solución de controversias: la negociación, los buenos oficios, la mediación y el uso del derecho internacional como una fuerza transformadora. Que al eliminar los conflictos, los sustituya por una convivencia de ejercicio de deberes y derechos, de entendimiento pacífico, con respeto por la identidad nacional, cultural y espiritual del otro.
En su reciente gira africana, ha reiterado que no hay que inventar la paz, hay que acogerla, propiciando el diálogo y la reconciliación para resolver los conflictos que afectan a Camerún y Angola. Al mismo tiempo, ha reafirmado el compromiso de la Iglesia con los pobres, con la vida democrática, el respeto de los derechos humanos y la lucha contra la corrupción.
En términos globales, la misión del Papa por la paz desarmada y desarmante, ya en las prácticas diplomáticas concretas, expresa la más importante iniciativa en búsqueda de equilibrios mínimos a la unipolaridad y unilateralidad de la escena internacional contemporánea. Coincide y permea otras iniciativas ya estrictamente propias de la política internacional, en las cuales la diplomacia estadounidense empieza a encontrar límites y emergentes equilibrios: a la contención silenciosa de China en el ámbito del comercio y las cuestiones estratégicas en el Asia, se han sumado estos días los grados de autonomía ejercidos por varios países europeos, especialmente España, Alemania, Italia y Suiza, que no han asumido la guerra contra Irán como una guerra suya. El NO a la guerra de Sánchez ha sido paradigmático.
El liderazgo espiritual de León XIV cruza transversalmente todos los esfuerzos, actitudes y movimientos que se oponen a la guerra. Que trabajan, en la vida cotidiana y en los espacios de la política mundial, por preservar una convivencia basada en el respeto mutuo entre las naciones, la convivencia pacífica, el respeto de los derechos humanos y la oposición a la tiranía de las políticas de poder ilimitadas.





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