El voto que Lima no quiso entender, por Eliana Carlín

Los resultados de hoy son, también, el resultado de años de mirar sin ver. El establishment tiene ahora una oportunidad — no de corregir al votante, sino de aprender de él.

Mientras escribo estas líneas no parece estar completamente definido quién pasa a la segunda vuelta con Keiko Fujimori. El nivel de violencia mostrado por Rafael López Aliaga en los últimos días demuestra que un escenario con Renovación Popular en segunda vuelta estaría plagado de altisonancias y agresividad, pese a que el fujimorismo es ideológicamente su primo hermano.

De pasar a segunda vuelta Roberto Sánchez, como parecen indicar la mayoría de proyecciones, vendría hacia delante una campaña con una polarización enorme, probablemente con violencia interpersonal en varios niveles y la aparición de nuestras peores fracturas como sociedad. Una reedición de lo ocurrido en 2021, pero como una secuela no esperada por muchos.

Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, se encuentra disputando ahora mismo su pase a segunda vuelta. Me detengo en este punto para reflexionar sobre los denodados esfuerzos que se han venido desarrollando desde distintas organizaciones, empresas y personas naturales para impedir que esto ocurra. Más concretamente, para buscar que los peruanos no voten por una alternativa similar a esta. Sin ánimo de hacer una crítica árida, estos resultados muestran que el establishment se sigue mirando el ombligo.

Si bien creo que parte desde una intención buena, querer enseñarle civismo a las personas para civilizar sus votos y sus percepciones sobre la sociedad es un enfoque errado y paternalista. Ha llegado el momento de asumir humildemente que desde el establishment limeño se necesita aprender, si de verdad se busca tener una república posible, vivible. ¿Qué genera el voto anti-establishment?, ¿por qué el mayor clivaje que tenemos hoy es Lima-regiones?, ¿hemos hecho lo suficiente para abordar las brechas sociales que nos afectan hoy?

Los resultados de hoy son, también, el resultado de años de mirar sin ver. El establishment tiene ahora una oportunidad —no de corregir al votante, sino de aprender de él. De entender, de una vez, que la república posible no se construye desde arriba hacia abajo. Se construye cuando alguien, por fin, decide escuchar de verdad.