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Opinión

¿Y ahora?, por Kurt Burneo

El interés de EE. UU. en controlar el petróleo venezolano se complica por la disminución de la demanda china, que opta por otras fuentes energéticas, como Irán y Rusia.

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Con Donald Trump a la cabeza, EE. UU. quiere recobrar la influencia perdida en Sudamérica. | Composición Joel Davila/Líbero

Frente a distintos   eventos derivados de la acción militar de EEUU sobre Venezuela, hay uno que destaca por sus implicancias futuras, me refiero al anuncio del presidente Trump de manejar el país -comenzando con la administración del petróleo- hasta que se de un proceso de transición, ¿Cuánto tiempo llevará esto?  No lo sabemos, pero fijar posición ahora si es importante dado que lo que se pone en cuestión son conceptos fundamentales para la os convivencia entre los países como la soberanía en el marco del Derecho Internacional -si acaso queda algo de él- y claro que hay aspectos económicos implicado y los mirare basado en el manejo de una materia prima abundante en Venezuela e importante en la economía internacional como es el petróleo.

El presidente Trump desde el primer momento luego de la captura de Nicolas Maduro, señalo su interés que Estados Unidos venda el petróleo de Venezuela, buscando así influenciar más directamente por el lado de la oferta de esa tan materia prima, pero ¿y qué pasa con la demanda?

China ha sido durante buen tiempo uno de los mayores compradores de petróleo de Venezuela. Pero su requerimiento por este combustible está reduciéndose, en tanto China está logrando una transición rápida hacia los vehículos eléctricos. Esto implicaría un efecto marginal sobre que las importaciones de petróleo de China.  en tanto China además podrá conseguir el petróleo que necesita de Irán o Rusia.   Siendo China el mayor importador de petróleo del mundo, lo que sucede allá tiene un efecto dominó en el mercado petrolero mundial Adicionalmente, la trayectoria a la baja en el largo plazo de la demanda de China: es una opinión consensuada en el mercado. 

En mi opinión genera ruido y más incertidumbre en el mercado, el que la administración Trump le diga a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, no solo que corte vínculos con China, Irán, Rusia y Cuba, si no también aceptar asociarse exclusivamente con Estados Unidos en la producción de petróleo. Al final no hay proyectos de inversión que se seleccionen por un valor presente neto positivo, si no por decisión política pura. ¿Beneficio para quién?

Curiosamente Trump, intentó -sin suerte- este viernes 09 enero, convencer a los principales ejecutivos petroleros para una nueva y amplia campaña de exploración en Venezuela.  No habiendo como resultado, compromiso importante de las empresas para invertir miles de millones de dólares en el país, existiendo más bien un marcado escepticismo.

“Es imposible invertir”, dijo el CEO de ExxonMobil, Darren Woods, a los funcionarios en una evaluación directa de los obstáculos para hacer negocios en el país. “Hay varios marcos legales y comerciales que tendrían que establecerse incluso para entender qué tipo de rendimientos obtendríamos de la inversión”.

Cualquier intervención estadounidense para reducir la exportación de petróleo a China, seria vista en dicho país como una medida un ataque simbólico contra China a escala mundial, pero el caso es que China seguirá teniendo acceso al suministro de petróleo de otros países, por ello, las refinerías chinas probablemente recurrirán a otros barriles sancionados con descuento de Irán y Rusia.  . Es decir, Venezuela necesita los negocios de China más de lo que China necesita de los negocios venezolanos.

Paradójicamente, la intervención estadounidense en Venezuela, podría reforzar la búsqueda de mayor autonomía energética, intentando producir más de su propia energía en el país y romper la dependencia de fuentes extranjeras que pueden verse interrumpidas. El año pasado, China estaba construyendo 510 gigavatios de capacidad solar y eólica a escala comercial, según Global Energy Monitor, lo que se adiciona a los impresionantes 1.400 gigavatios que ya tenía en funcionamiento. China se comprometió a construir aún más en septiembre, prometiendo aumentar la capacidad eólica y solar instalada a 3.600 gigavatios, seis veces más que en 2020. El país también está construyendo centrales nucleares y aplicando un programa agresivo para poner en funcionamiento la energía de fusión, una fuente casi ilimitada de energía limpia.

Y frente a lo descrito ya desde el plano local, los partidos y sus planes de gobierno que perspectivas manejan siendo el Perú un importador de petróleo Hacerse ei muertito no funciona.

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