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Opinión

Todos están zafando el pompis, por Mirko Lauer

Es notable el silencio de la representación nacional, hombres o mujeres, como si el hemiciclo completo esperara que el asunto se vaya solo. Quizás lo haga. Después de todo, siempre hay un escándalo nuevo para tapar el anterior.

larepublica.pe
Mirko Lauer

A unos 15 días de su descubrimiento (varios se lo atribuyen), como siempre por una delación, la famosa red de prostitución en el Congreso está cada vez más “presunta”. A primera vista da la impresión de que los medios temen meterse directamente con el funcionario parlamentario caficho o el congresista putañero. De allí la insistencia en echarle mano a la palabreja.

Nunca una presunción ha producido tantos titulares ni escamoteado tantos nombres. No sabemos de una persona con nombre y apellido que haya estado ofreciendo esos servicios sexuales ni de una que los haya contratado. Así, la presunta red solo existe como una aureola de sospechas. Se esperan grandes destapes, apenas el político mosca Eduardo Salhuana vuelva de China.

Es verdad que la fiscalía ya se ha interesado en el asunto. Pero al ritmo que van las cosas, el presuntismo que flota en torno al tema va a eliminar casi toda posibilidad de investigarlo. Mientras tanto el honorable público espera los primeros datos firmes sobre un encuentro proxeneta-meretriz-congresista. Daría hasta para una canción.

Aparte de la inmoralidad intrínseca en la acusación, lo que le ha dado alas al tema ha sido la actitud de Salhuana. Hizo un despido sin muchas consecuencias, anunció otro que todavía no se ha concretado, e informó que no piensa alterar sus planes de viaje ni nada. Cada vez más este vivaracho madrediosense da la apariencia de ser el jefe de la presunta red.

Mientras se descubre quién es quién en esta historia, hay algunas cosas que nos intrigan. ¿Los 130 congresistas, o buena parte de ellos, son realmente un público cautivo de la putería en el propio local? ¿Es un caso de ociosidad? ¿O se quiere añadir el placer de la transgresión? ¿O contratar en casa ofrece ciertas garantías?

Pero insistimos: la palabreja presunta significa que la cosa va a demorar, que la pita se va a romper por lo más delgado, que el escándalo va a ser trasladado a otra geografía. De otra parte, no se sabe si ser putañero es un delito, y menos uno que justifique penas de primera plana.

Es notable el silencio de la representación nacional, hombres o mujeres, como si el hemiciclo completo esperara que el asunto se vaya solo. Quizás lo haga. Después de todo, siempre hay un escándalo nuevo para tapar el anterior.

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