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Opinión

Usted es la culpable, por Jaime Chincha

La mentira tiene patas cortas, señora. Y usted debe saber que el poder se acaba, siempre. Y, luego de todo lo dicho, comprenderá que usted es la culpable de todo este desmadre.

larepublica.pe
Jaime Chincha

La señora Dina Boluarte ha entrado en trompo. La capitana del Titanic se acaba de enterar de que el Perú chocó con el iceberg. El delirio de la negación la ha poseído. Se resiste a aceptar que tan solo el 4% del país le da cierto crédito. Usted es la presidenta más rechazada en toda la historia republicana. Sabe que se hunde y el golpe a su talón de Aquiles ha sido el cofre. Acaba de despedir al suboficial Félix Montalvo por haber dicho en febrero que él la dejó en el condominio Mikonos. Las evidencias apuntan a que allí estuvo también Vladimir Cerrón. Todo da para colegir que en ese afable lugar, al sur de Lima, se produjo una cumbre clandestina entre ambos. Los dinámicos del centro y Dios sabe qué cosas más habrían sido la agenda de tan oscura cita. Usted, presidenta, se resiste a hablar del tema. Quien calla otorga. Ni siquiera le da para abrir un solo flanco más que le produzca una mayor rigidez de la que ya posee en el rostro. Informantes certeros afirman que a usted, señora Boluarte, la prepararon con antelación para la infausta conferencia de prensa del último martes. Castillo, al menos, solía decir en su ignorancia que andaba aprendiendo desde la presidencia. Usted, señora, no aprende nada; ni toda la sopa de cifras que pidió a sus ministros 24 horas antes. Usted, señora, no es consciente de haber maltratado a los seis periodistas que le hicieron preguntas. Usted no es consciente de que no respondió nada. Luego de la conferencia, como siempre, los ministros le festejaron a rabiar la faena contra los periodistas. Por eso es que usted se mantiene en una realidad artificial. Usted no se ha dado cuenta de lo efímero que es el poder y que todo, siempre, tiene su final.

La señora Boluarte está tan fuera de la realidad que se atrevió a decir que quienes convocaban el paro de esta semana eran transportistas informales. No, señora. La gente ya no puede más con toda esta delincuencia que está arrasando vidas día tras día. Los transportistas que paran son los formales, aquellos que apoquinan al fisco del que sale su sueldo. Los están matando a plena luz del día y con gente en los buses. Los que no paran son los que ya pagaron los cupos a los extorsionadores. Son los mismos que se toman la foto con su protegido, Juan José Santiváñez. Es decir, el Estado ha sido capturado por las mafias y el Ministro del Interior lo sabe. La defensa ciega que usted ejerce sobre el señor Santiváñez está más que clara. Usted, señora Boluarte, pone las manos al fuego por él porque él le sabe todas las trapacerías que ha hecho con el cofre y sus encuentros con el prófugo Cerrón. Santiváñez le sabe demasiado y usted es capaz de arriesgar a un país entero con tal de salir bien librada. Pero esa realidad ficticia en la que usted vive siempre termina derrumbada por la realidad de verdad. La Embajada de los Estados Unidos acaba de emitir una alerta espantosa. Dicen los gringos que, ante la imparable ola de atracos que azota Lima, han conseguido informes recientes de robos a mano armada y robo de celulares en zonas donde viven y visitan ciudadanos estadounidenses, incluidos Barranco, Miraflores, La Molina y Surco. Esto es una cachetada para el país, a quince días de la cumbre de APEC.

Y justo allí sale, presto, el primer ministro de la señora de apellido Adrianzén. Pide al pueblo no marchar durante la cumbre de noviembre. ¿En qué mundo vive este señor? Las extorsiones a diario, los asaltos, la alerta estadounidense, las muertes de transportistas. ¿No es eso suficiente para tan mala imagen ante el mundo, para reclamar por un paro? Y paran también los pujantes comerciantes de Gamarra, que también le suman el estipendio, señora. Según una encuesta revelada ayer, el 93% de empresarios del emporio comercial que denunció delitos y extorsiones no recibió la ayuda de las autoridades a las que requirieron. Se sabe que Adrianzén anda con un pie afuera. Es muy bacán hablar desde el púlpito del premierato, escoltado por seguridad y liebres que te abren el camino en el tráfico de mierda que padece Lima. Adrianzén y todo el gabinete cometen una ilegalidad a diario cuando paran el tráfico. De acuerdo a la Constitución, solo los presidentes de los tres poderes del Estado y cualquier presidente extranjero en visita oficial pueden parar el tráfico. Qué fácil hablar desde la ilegalidad, señor Ministro.

La presidenta tendría entre ceja y ceja a Adrianzén, buscando rápidamente su reemplazo. Lo que Adrianzén provoca es rebelarse, con el perdón del verbo. Y es que, según datos cruzados durante esta semana desde la redacción de La Tuerca, el señor Adrianzén tendría las horas contadas como jefe de gabinete. Ya se sabe que tanteó a Javier González Olaechea. No hubo relevo porque el excanciller pidió el cambio de Santiváñez y eso para la señora Boluarte es un imposible. Con ese verbo florido que posee el señor, lo más probable es que, si lo botan, lo primero que hará es desnudar a la señora de los Rolex. El nombre que más resuena para el premierato es el de Eduardo Arana, el actual ministro de Justicia. Arana es muy cercano a Dina. Su consejero, su asesor, su confidente. El recambio debería producirse antes de la cumbre de APEC, que acontecerá en quince días.

Dice uno de mis escritores favoritos, Alfredo Bryce Echenique, que el Perú pasa por el peor momento de su historia. No le falta razón. El sicariato y la extorsión de hoy son el Sendero y el MRTA del ayer. Lo de los ochenta fue ideología radical y enfermiza; lo de hoy es robo porque te quito la plata y te mato. Lo que une ambos fenómenos es el de atentar contra poblaciones civiles indefensas ante un Estado incapaz de protegerlas. No hay que olvidar que el MRTA pedía cupos y amedrentaba, tal como hoy lo hacen el Tren de Aragua y sus satélites locales.

La señora Dina Boluarte ha entrado en trompo. Dice que no miente, pero se ha despachado mintiendo a lo largo de su presidencia efímera. Que el Rolex fue una herencia, luego que se equivocó al aceptarlo y que lo devolvió. Después, que su wayki se los prestó por tiempo indefinido y que, al final, lo devolvió. La mentira tiene patas cortas, señora. Y usted debe saber que el poder se acaba, siempre. Y, luego de todo lo dicho, comprenderá que usted es la culpable de todo este desmadre.

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