Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".
Tuve que cotejar varias veces las fotografías en X para convencerme de que era real y actual lo que mostraban. Una fila de niñas cargando a sus bebés, mostradas con absoluto desparpajo por la congresista Milagros Jáuregui de Aguayo, en el “refugio” de su esposo, Guillermo Aguayo Horna. Estas niñas violadas eran mostradas con orgullo por la candidata con el número 2 al Senado por Renovación Popular. El lugar se denomina La Casa del Padre y su propósito es lograr que se cumpla lo que ellos llaman “el diseño del cielo”, es decir, según Wikipedia, “la responsabilidad de moldear el mundo.” De acuerdo a lo que plantean los evangélicos. Los fanáticos, me permito añadir, porque estoy seguro que no todos comparten esta visión sectaria y retrógrada.
El mundo tal como ellos lo entienden, claro está. Es decir, una distopía en donde solo tiene lugar lo que sus creencias religiosas intolerantes y dogmáticas ordenan. De ahí que se exhiba a estas niñas no como víctimas de violación que fueron abandonadas y obligadas a dar a luz un bebé que jamás quisieron tener, sino como mujeres rescatadas y cobijadas. Uno de los aspectos más alarmantes de este desparpajo, es la tranquilidad de saber que ese crimen no tendrá consecuencias. Nunca fue más evidente el mote de Renovación Medieval que se le ha puesto al partido de López Aliaga.
Varias de las personas que comentaron esas escenas de violencia, bajo la aparente serenidad de la dupla madre (niña) hijo, hicieron la analogía con la novela El Cuento de la Criada, de la escritora canadiense Margaret Atwood. Muy cierto. Lo que esas imágenes mostraban era Gilead (ese es el lugar imaginado por Atwood), en donde las criadas son violadas para que den a luz a niños que luego serán entregados a sus amos. También en ese relato (hay una serie estupenda en streaming) todo transcurre en una falsa atmósfera de regocijo y paz.
Mientras esto ocurría en el citado albergue, el fiscal de la Nación desactivó las fiscalías especializadas en violencia contra la mujer en Condorcanqui, Amazonas, donde se atienden, según informa en X Alonso Zambrano, casos de abuso sexual contra niñas awajún y wampis. Punto para Gilead. Como en ese lugar imaginario, en el muy real refugio de los Aguayo, las niñas están uniformadas y son obligadas a posar para los fotógrafos. Algo debe estar muy enfermo en nuestra sociedad para que estas escenas no tengan consecuencias. Más bien pareciera haber una connivencia entre los poderes cuya separación ha desaparecido, para sumirnos en un atraso moral aún mayor del que ya padecemos. Las altísimas cifras de violación a niñas tienen, en el “diseño del cielo”, la respuesta que los violadores ni siquiera habían pedido: den rienda suelta a sus pulsiones tanáticas contra esas niñas -en ocasiones sus hijas- que nosotros nos encargaremos. Además, tenemos el respaldo de las autoridades.
También por esto es que Renovación Popular y otros partidos que integran el Pacto Corrupto, sueñan con sacar al Perú de las Cortes Internacionales de Justicia. De ese modo, una vez que hayan “barrido” a los jueces y fiscales que aún resisten, no tendremos adonde acudir. Esto también es parte del “diseño del cielo”. No solo la eliminación del enfoque de género en la educación escolar, sino incluso la normativa para eliminar el delito de feminicidio, alegando que también hay violencia contra el hombre. Por eso en las propuestas de Renovación Popular, se pretende eliminar el Ministerio de la Mujer y remplazarlo por el del Ser Humano. Los mamarrachos como la prisión amazónica resguardada por shushupes, distraen la atención de estas arremetidas contra la protección de los derechos de las personas más vulnerables.
Lo peor que podríamos hacer es bajar los brazos, pensando que ya no hay nada que hacer. Hay motivos para sentirse desanimado, por supuesto. El candidato de ese partido, y no es el único, es recibido en los medios que apuestan por él y lanza disparates sin ton ni son. Como sigue primero en las encuestas -aunque con porcentajes muy bajos- insiste con discursos improvisados en el acto. Ese populismo irresponsable y la insistencia en la “mano dura” que facilita el control tiránico de la sociedad, deberían bastar, parece creer.
Acaso por eso la pastora Aguayo sintió que debía hacer un despliegue insolente de su fanatismo religioso, exponiendo a esas niñas y sus bebés producto de violaciones. Como si hubiera un concurso de atrocidades, apelando a los aspectos más primitivos de una sociedad que se siente -con razón- abandonada. En esas circunstancias cualquiera, imaginan, que lance propuestas delirantes, tiene chance de pasar la valla y llegar a ser elegido. Esa parece ser la apuesta de la congresista Aguayo y no es la única.
En el laberinto inextricable de la cédula de votación, todo puede ocurrir, es innegable. Por eso es indispensable insistir en no dejar pasar estas descaradas muestras de barbarie contra las personas más indefensas. Hagámosles saber que el diseño que están mostrando como si fuera el cielo, es en realidad el infierno. Vivimos tiempos oscuros, en el Perú y el resto del mundo. Razón demás para dar la pelea y no bajar los brazos, sabiendo que nos va a costar. Incluso nos causará dolor. Pero la imagen de esas niñas avergonzadas en público, es uno de esos alicientes para seguir en la brega.
Gracias congresista Aguayo, por darnos motivos para no cejar. Si callamos ahora, estamos abandonando a esas niñas en manos de sus violadores y sus encubridores, es decir ustedes los fanáticos religiosos. #PorEstosNo

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".