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Opinión

Este bote se va a mover bastante, por Augusto Álvarez Rodrich

El agravamiento de problemas cotidianos de los ciudadanos.

larepublica.pe
AAR

La estabilidad del gobierno se debilitará aún más si este no soluciona, pronto, los agobios principales de la gente, que no son los de la agenda vinculada a la institucionalidad jurídica o el adelanto electoral, sino a los abatimientos cotidianos, como lo evidencia la reacción social a la inseguridad creciente.

Una bomba puesta por sicarios en una discoteca de San Juan de Lurigancho y el reclamo legítimo de su alcalde tuvieron como respuesta que la presidenta Dina Boluarte decretara, desde Nueva York, el estado de emergencia en su distrito y San Martín de Porres en Lima, y en Sullana, incluyendo poner a las fuerzas armadas en la calle. “¿Qué hubiera pasado si la bomba en la discoteca en SJL hubiera sido en Miraflores o San Isidro?”, me preguntó esta semana Jesús Maldonado, su alcalde.

¿En dos distritos, y en el de al lado? ¿En qué cambia la cosa decretando la emergencia, que más parece notificación notarial de que hay una emergencia, pero no una solución?

La respuesta solo parece apresuramiento para salir del apuro y demostrar que se gobierna cuando la presidenta viaja, pero no un enfoque nuevo para enfrentar un problema ya bien viejo como el del crimen, pues tiene la misma tara peruana de creer que una dificultad se resuelve con una norma en El Peruano, el anuncio de que será resuelto y una buena intención.

La inseguridad grave que abruma la vida cotidiana de los ciudadanos no está teniendo en el gobierno nuevas ideas para enfrentarla —que se necesitan, pues, hasta ahora, no dan buenos resultados—, ni en la oposición —si eso existe hoy en el Perú—, ni en el Congreso que es anexo del crimen, ni en los alcaldes, algunos de los cuales, como el de San Luis, plantea tonterías como el ‘fusilamiento inmediato’.

Más dinero, soldados y discursos no resuelven el problema. Como en la economía, en la que antes que más punches se necesita liderazgo fuerte para remover los obstáculos ideológicos y burocráticos a la inversión privada, sin la cual no habrá crecimiento y sí, en cambio, más pobreza y hartazgo social.

Si a ello se agrega El Niño en camino, para el que no se ve preparación, y la baja aprobación al gobierno y al Congreso, se puede prever que este bote llamado Perú se va a mover bastante.

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