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Opinión

Vengan a tomar café con nosotros, por Mirko Lauer

"De alguna manera el grupo hostigador ha sido tácitamente elevado por el Ministerio de Cultura al rango de partido político".

larepublica.pe
Lauer

Recibir a personas políticamente indeseables tiene un precio para los funcionarios del Gobierno. Es un tipo de acto que se presta a variadas lecturas, desde la que ve magnanimidad innecesaria hasta la que detecta secretas ganas de traicionar, pasando por la que percibe simple tontería. En todo caso, es el tipo de gesto reservado para los jefes máximos, no para la segunda línea.

Si acaso se puede conversar con los más censurables como parte de un esfuerzo de conciliación amplia, siempre es bueno comenzar con los más aceptables y cercanos, y proceder desde allí. Acoger activistas de ultraderecha en un ministerio a pocos días de una movilización de protesta tiene un sabor a provocación.

No solo han salido perdiendo los funcionarios que llevaron a cabo la invitación, despedidos a toda velocidad. También el grupo de hostigadores llamado ‘La Resistencia’ descubre lo tóxico que le resulta al Gobierno establecido. Preferibles sus gritos que sus saludos, el grupo descubre que más bien hay fuertes resistencias a tratar con él.

Como el Perú oficial es un país de protocolo, todos quieren ser recibidos y muchos reciben en su oficina cuando no deben hacerlo. No faltan quienes descubren quién es el que los ha visitado recién después de la despedida. También hay quienes se curan en salud no recibiendo a nadie en su olímpico escritorio.

En el caso que comentamos la invitación no tiene sentido. No es papel del Ministerio de Cultura acoger grupos radicales para llamar a la concordia, y la metida de pata justifica la renuncia de la titular del ramo, una curtida burócrata multipropósito. La cual, de paso sea dicho, viene teniendo una gestión pobre. El actual problema revela también una comprensión pobre.

Que se sepa, el único vínculo de los invitados con la cultura es su proclividad a hostigar presentaciones de obras en las librerías, así como domicilios y oficinas de periodistas. Invitarlos para aleccionarlos sobre racismo parece una pérdida de tiempo.

De alguna manera el grupo hostigador ha sido tácitamente elevado por el Ministerio de Cultura al rango de partido político. Lo cual debería a su vez preocupar a los dos partidos sindicados como sus promotores, Fuerza Popular y Renovación Popular. Al primer partido lo ayudó durante la campaña, con los resultados que ya se sabe.

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