
Estados Unidos acusó este lunes a Cuba de haber liderado durante casi siete décadas una campaña de espionaje y subversión dentro de su territorio, según un informe especial del Departamento de Estado que incrementa la presión de la administración de Donald Trump sobre La Habana.
El documento sostiene que el régimen cubano logró infiltrarse “en las más altas esferas del gobierno de Estados Unidos”, reclutó y formó “generaciones de activistas” y respaldó lo que denominan “terrorismo de izquierda”. Una funcionaria del Departamento de Estado afirmó que “han desempeñado un papel indispensable en casi todas las insurgencias, revoluciones y movimientos militantes de extrema izquierda más notables dentro y fuera del hemisferio occidental”.
El documento, titulado 'Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI', asegura que La Habana desarrolló una “guerra de desgaste prolongada”. Si bien reconoce que la isla “nunca tuvo la capacidad de derrotarlos en un conflicto armado convencional”, afirma que perfeccionó un modelo orientado a “volver a EE. UU. contra sí mismo”.
La publicación llega después de meses de endurecimiento de la política estadounidense hacia la nación latinoamericana, que atraviesa una grave crisis económica y energética.
El Departamento de Estado centró parte de sus acusaciones en la Red Nacional sobre Cuba, una coalición estadounidense integrada por más de 60 organizaciones. Según el reporte, la red mantiene vínculos con el ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos), entidad sancionada por Washington por presunto apoyo a actividades de inteligencia y contrainteligencia.
El documento menciona también a CodePink, Socialistas Democráticos de América y el Gremio Nacional de Abogados. EE. UU. sostiene que forman parte de una infraestructura de activismo con conexiones con La Habana. El texto aclara, sin embargo, que el apoyo de los Socialistas Democráticos de América sería primordialmente ideológico y no producto de control directo por parte de la inteligencia cubana.
Otro de los puntos destacados es el “Plan Nacional de Respuesta Rápida”, difundido públicamente por la Red Nacional sobre Cuba. La propuesta plantea protestas coordinadas frente a edificios federales, bases militares e instalaciones del ICE en caso de una acción militar estadounidense frente a la isla.
La administración Trump ha intensificado su campaña de imposición económica en 2026. El presidente firmó una orden ejecutiva que autorizó aranceles a importaciones de países que suministran petróleo a Cuba y amplió las sanciones contra entidades extranjeras vinculadas a sectores estratégicos de la economía cubana.
Estas medidas se suman al embargo vigente desde la década de 1960. Según el informe, el endurecimiento de las restricciones coincidió con el bloqueo de las vías de abastecimiento de petróleo venezolano, lo que agravó la situación energética del país.
Trump ha insistido en que el gobierno cubano podría ser el siguiente en sucumbir a su coerción y llegó a afirmar en junio que Estados Unidos estaría en condiciones de “tomar el control” de la isla “casi de inmediato”.
El presidente Miguel Díaz-Canel rechazó las acusaciones y aseguró en una entrevista con RT que la Casa Blanca aplica “una política de máxima asfixia y presión”.
“Hoy no vivimos solamente el asedio tradicional que hemos resistido durante más de 66 años. Tenemos además un bloqueo energético. Es una política de máxima asfixia con el objetivo de quebrar la voluntad del Estado”, afirmó el mandatario.
Díaz-Canel sostuvo que las autoridades estadounidenses deberán responder “a nivel internacional por el crimen y el genocidio que han orquestado contra Cuba” y calificó las medidas como “un castigo colectivo sobre la población”.
El gobernante también señaló que el apremio respecto a empresas extranjeras provocó la salida de una parte importante de los inversores y afectó procesos productivos y servicios esenciales.
Pese al aumento de la tensión, Cuba aseveró que mantendrá el canal de conversación con Estados Unidos. Díaz-Canel recordó que la Revolución cubana “siempre ha defendido encontrar por la vía del diálogo la solución a las diferencias bilaterales”.
“Vamos a tener diferencias ideológicas, pero es posible descubrir áreas y espacios en los cuales podamos construir cooperación con beneficio para ambos pueblos”, declaró el mandatario.
El presidente cubano añadió que “la confrontación no es lo que merecen dos naciones” y defendió una relación “civilizada entre vecinos", basada en respeto, igualdad y "sin condicionamientos sobre la soberanía y la autodeterminación”.
También denunció el “alto nivel de retórica amenazante” de Washington y sostuvo que las acusaciones con respecto a una supuesta plataforma de terrorismo político de izquierda son un nuevo pretexto.





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