
Estados Unidos ya no es el ancla del sistema económico mundial. Hoy, sus sacudidas fiscales, monetarias y comerciales están generando un efecto dominó que golpea bolsillos más allá de sus fronteras.
Y aunque Donald Trump vuelve a escena con amenazas arancelarias, el problema de fondo —según economistas— es mucho más grande y tóxico: una economía con 37 billones de dólares en deuda y una política fiscal que parece diseñada para incendiar el sistema global.
“El mundo entero está en peligro por lo que haga o deje de hacer Estados Unidos, porque no solo exporta productos. Exporta inflación, exporta recesión, exporta inestabilidad”, advierte Eduardo Recoba, economista principal para Latinoamérica de iFOREX, en entrevista con La República.
El show comenzó otra vez. Trump anunció un arancel del 30% a las importaciones mexicanas, argumentando que así combatirá el narcotráfico y reducirá el déficit fiscal. También aplicó un gravamen del 17% a los tomates mexicanos, y amenazó con tarifas de 100% a Rusia y 30% a la Unión Europea (UE).
Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, respondió que esa medida “interrumpiría las cadenas de suministro transatlánticas”, y ya prepara represalias si la amenaza se concreta el 1 de agosto. Desde México, Claudia Sheinbaum pidió diálogo y moderación.
Pero para Recoba, el drama arancelario es solo la superficie. El problema real está en otro lado.
“El déficit fiscal de EE. UU. se ha vuelto inmanejable. Solo en junio creció en 2.000 millones. En la última década, el agujero es de 37 billones de dólares, y la deuda pública supera el 100% de su PBI”, subraya el economista.
La consecuencia inmediata: los bonos del Tesoro, que pagaban 0,2% hace cinco años, hoy pagan 4% o más. Y eso encarece el dinero a nivel global. “Nada te dice que en poco tiempo cueste 6, 7 u 8%. Y si eso pasa, acá los bancos van a tener que subir tu hipotecario, tu tarjeta, tu préstamo personal”.
¿Y las empresas? “Van a retrasar o cancelar proyectos. Especialmente las pymes. El golpe va a ser doble: a tu billetera y a la productividad”, advierte.
Aunque la economía estadounidense no ha colapsado, empieza a enfriarse. El PBI cayó -0,5% en el primer trimestre del año, y si el segundo también es negativo, se activará oficialmente la palabra que nadie quiere oír: recesión.
En paralelo, la inflación volvió a subir. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) trepó 2,7% en junio, y la inflación subyacente alcanzó el 2,9%. Muebles, ropa, gasolina y alimentos ya muestran alzas significativas.
“La inflación ya se internalizó”, apunta Recoba. “Pero el problema es que se está combinando con un menor gasto. El índice de confianza del consumidor cayó, el consumo es discrecional. Y eso ya está enfriando la economía”.
El resultado: estanflación, esa mezcla letal donde todo sube, pero nada crece.
En medio del incendio, la Reserva Federal opta por mirar con cautela. Aunque no descarta recortes de tasas, la inflación no da tregua y el empleo aún resiste. La próxima reunión será el 30 de julio.
Mientras tanto, Trump presiona a su estilo: con insultos. Ha llamado a Jerome Powell “lento”, “bestia” y exige recortes agresivos de tasas. ¿El motivo? “Trump sabe que si baja la tasa, el consumidor promedio se animará a gastar más, y eso se traducirá en encuestas. Es cálculo electoral puro”, explica Recoba.
Pero Powell ha resistido. “Lo bueno es que se ha mantenido firme pese a los ataques. Pero ahora la política monetaria está atrapada entre la economía real y el berrinche político”, resume.
Aunque Perú no está en la lista negra de Trump, los efectos indirectos pueden ser severos. Si EE. UU. enfría su economía, nuestro nivel de exportaciones puede caer. Si sube la inflación y la Fed no baja tasas, el dólar se fortalece y las tasas de interés en Perú suben.
Además, si los mercados internacionales perciben a EE. UU. como un emisor de riesgo, los capitales podrían huir de economías emergentes como la nuestra. Y eso encarecería aún más la deuda externa y el crédito local.
“La economía estadounidense ya no es una garantía de estabilidad. Está haciendo todo lo contrario a lo que recomiendan los manuales de finanzas públicas: baja ingresos con reformas que benefician a los ultra ricos y sube gastos en defensa o deportaciones”, critica Recoba.
Trump, los aranceles y la Fed son solo piezas visibles de un tablero más preocupante. Estados Unidos está dejando de ser el estabilizador del mundo para convertirse en su principal fuente de riesgo macroeconómico.
“Por décadas creímos que EE. UU. era el salvador de la democracia. Pero hoy es una economía tóxica, sobreendeudada y peligrosamente populista”, concluye Recoba.
Y cuando esa bomba explota, los escombros no respetan fronteras.

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