Informe Un estudio de The Economist puso contra las cuerdas al servicio oncológico del país. Fuera de Lima las carencias se agudizan: hay equipos averiados que no se reemplazan y médicos que no se dan abasto. A la angustia por la enfermedad se suma la precariedad.,Todos los días peregrina hasta el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN) gran cantidad de gente del interior del país que ha sido diagnosticada con cáncer. Se los puede ver dormitando en las salas de espera. Todos, al igual que sus pares de Lima, tienen caras de angustia. No es para menos, el cáncer es la segunda causa de muerte en el país después de las enfermedades cardiovasculares. Cada año, 55 mil peruanos son diagnosticados con esta enfermedad y solo un grupo podrá sobrevivirla si tiene el tratamiento adecuado. PUEDES VER Claves para entender el cáncer de tiroides De los doce mil pacientes que recibe este hospital estatal, más del 60% proviene de provincias, sobre todo de Áncash e Ica, pero también llegan del norte y sur, pese a que allá se han inaugurado institutos regionales especializados como el IREN de Trujillo y el IREN de Arequipa, y hay, además, hospitales que ofrecen el servicio de oncología que en teoría debería satisfacer la demanda de esa población. Sin embargo, la logística de estos centros de salud suele ser precaria. En el Hospital Belén de Trujillo, por ejemplo, los sillones de cuerina donde los pacientes reciben el tratamiento de quimioterapia se rompen de viejos y el equipo de radioterapia que se averió el 2011 no ha sido reemplazado. En Arequipa el panorama es más crítico. A pesar de ser considerado un hospital de alto nivel, el IREN-Sur no ofrece el servicio de radioterapia a sus pacientes porque no tiene un acelerador lineal. Lo que resulta insólito es que en uno de sus ambientes está paralizado uno de estos dispositivos, vital para combatir células cancerosas, que le fue embargado a la empresa Oncoserv del empresario y hoy reo Rodolfo Orellana. A la directora del Departamento de Control de Cáncer del IREN-Sur, Mercedes Rodríguez, no le falta razón cuando pide que el equipo sea retirado o donado. Avanzamos lento Hace unas semanas, un informe del periódico británico The Economist, "Control del cáncer, acceso y desigualdad en América Latina", auspiciado por Roche, puso al sistema de salud peruano y de otros once países de la región contra las cuerdas: ¿Cuánto ha avanzado el Estado para combatir el cáncer? El cirujano oncólogo del INEN Eduardo Payet, el único médico peruano que asistió a la presentación del informe en Bogotá, Colombia, señala al respecto: "En 2060, los números de casos de cáncer van a aumentar en un 60%, la pregunta es si estamos preparados para esta especie de epidemia". Como hemos visto, en nuestro país, a la preocupación de haber sido diagnosticado con algún tipo de tumor se le suma la angustia de enfrentarse a un sistema de salud que da muestras de orfandad. Las palabras del doctor Payet lo dicen todo: "Si te da cáncer y no estás protegido, primero te enfermas y luego te mueres porque es una enfermedad catastrófica que no solo destruye al paciente sino a las familias". La evaluación de The Economist lo comprobó, el indicador en el que quedamos más bajo fue la disponibilidad de radioterapia. Según el doctor Payet, el 60% de diagnosticados requiere este tratamiento. Sin embargo, en todo el país solo hay 23 equipos de radioterapia repartidos en los hospitales del SIS, EsSalud, las Fuerzas Armadas y las clínicas privadas. De estos, cinco se encuentran en el INEN y ocho en los hospitales de provincia (Chiclayo, Trujillo, Huancayo y Arequipa). Estos equipos valorizados en siete millones de dólares son insuficientes. En su momento, la Federación Médica del Perú señaló que necesitábamos 120 equipos, uno por cada 250 mil personas. Pero no solo faltan equipos de radioterapia. En 2011, el Hospital Docente Las Mercedes de Chiclayo, por ejemplo, estrenó su departamento de oncología. Sin embargo, la doctora Amira Santa Cruz señala que "no se puede dar quimioterapia por la falta de una unidad de mezclas donde se preparen a diario los antibióticos parenterales para el tratamiento". Por esta insuficiencia, en muchos casos, los enfermos se ven obligados a viajar a Lima. Y al déficit de equipos se le suma el de profesionales de la salud. Solo hay 200 oncólogos de distinta especialidad inscritos en la Sociedad Peruana de Oncología, la mayoría está en Lima. Y son pocos los egresados de medicina que se especializan en el tratamiento del cáncer. En este primer semestre, por ejemplo, de la Unidad de Segunda Especialización de la Facultad de Medicina de San Marcos, solo se graduaron cinco profesionales de la especialización de Oncología Médica, un número menor comparado con los que optaron por Ginecología (53) o Medicina Interna (34). "Hay que aumentar especialistas en oncología pero también hay que formar preventólogos, patólogos que tengan la capacidad de tipificar la enfermedad, radiólogos, cirujanos oncólogos en diversidad especialidades", señala Payet. Incluso, hay que construir más hospitales. Walter Medina, jefe del servicio de oncología del Hospital Belén de Trujillo, señala que el Ministerio de Salud (MINSA) recomendó que se construyan dos hospitales con servicio oncológico por cada millón de habitantes: "La Libertad tiene dos millones y solo un hospital especializado, el Instituto Regional de Enfermedades Neoplásicas (IREN) que no se da abasto, deberíamos tener cuatro nosocomios no uno", dice. Diagnóstico precoz En el aspecto que sí obtuvimos alta calificación fue en la ejecución de planes estratégicos. No todo es desaliento. Hay que mencionar al Plan Esperanza, que beneficia a los afiliados al SIS y que ofrece un combo completo: campañas de prevención, diagnósticos, tratamiento y cuidados paliativos. "Tenemos un importante programa de coalición contra el tabaco y de prevención de cáncer de cuello uterino, pues hoy se vacuna a las niñas gratuitamente contra el virus papiloma humano (VPH)", menciona el doctor Payet. La prevención y el diagnóstico precoz de la enfermedad son las principales herramientas para disminuir las muertes. "Si el cáncer es detectado a tiempo, hay enormes posibilidades de salvar una vida –dice Adolfo Dammert, presidente de la Liga contra el cáncer– Los programas de prevención del Estado son insuficientes. Nosotros nos concentramos en hacer chequeos preventivos sin fines de lucro a la gente sana: mamografías, papanicolau, etc. En lo que va del año hemos realizado 100 mil chequeos". Un diagnóstico precoz del cáncer también implica menor gasto público. El doctor Jorge De La Cruz, coordinador de la Unidad de Oncología del Hospital Regional de Lambayeque, precisa que "el tratamiento de un cáncer de mama o cérvix detectado en estado avanzado tiene un costo de entre 20 y 30 mil soles si el paciente cuenta con SIS". Pero para alentar la prevención hay que romper viejos paradigmas. "¿Cómo convences a un padre para que su niña reciba la vacuna del VPH que va a prevenir el cáncer de cuello uterino? Ese padre piensa que su hija nunca va a tener relaciones sexuales porque, claro, vivimos en un país conservador", dice Payet. Hay que ajustar tuercas: "Se debe usar la infraestructura de los hospitales generales, transferir tecnología, y establecer niveles de atención de tal forma que los casos menos complejos como el cáncer de mama o de tiroides sean tratados en provincia, mientras que los más complejos sean derivados a la capital", finaliza el médico. The Economist prendió la luz de alerta, es hora de trabajar en la prevención. En el IREN-Sur, un equipo de radioterapia permanece inutilizado. Le perteneció a Rodolfo Orellana. Piden su donación.