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En los cafés de Damasco, los sirios disfrutan del "sueño" de hablar libremente


Tras acostumbrarse a susurrar en las cafeterías de Damasco para hablar de política, Mohannad al Katee puede ahora conversar abiertamente con sus amigos en la capital siria, liberada del yugo de la represión.

"Es la primera vez que me siento en un café y puedo hablar de política, era un sueño para los sirios", celebra este investigador de historia política y social de 42 años.

En Damasco, las paredes de los cafés emblemáticos, testigo de discusiones acalladas por la represión del derrocado gobierno de Bashar al Asad, vibran al ritmo de las conversaciones políticas.

"Estaba prohibido bajo el régimen anterior. Hubo una relativa apertura durante la primavera de Damasco, pero no duró", explica Mohannad al Katee, sorbiendo su té en el café Al Rawda.

Cuando Bashar al Asad sucedió en julio del 2000 a su padre Hafez, que gobernaba con mano de hierro, se abrió un paréntesis inédito.

El nuevo presidente aflojó un poco las riendas, haciendo que florecieran salones políticos y reclamos de reformas en el país, acostumbrado al miedo y el silencio.

Sin embargo, Bashar al Asad revirtió estos avances unos meses después y la represión puso fin a esta efímera "primavera de Damasco".

Según Katee, "los espías estaban por todas partes, el camarero del narguile, la persona a la que pagabas la cuenta... Podía ser cualquiera".

- "El día y la noche" -

Mohannad al Katee, activista político desde 1998, huyó a Arabia Saudita en 2012, un año después del inicio del levantamiento popular que fue sofocado derramando sangre.

"La vida política consistía en reuniones secretas, siempre nos enseñaron que las paredes tienen oídos", afirma.

A partir de ahora, "los sirios no pueden volver al oscurantismo y la dictadura, ni aceptar el reinado de un solo partido", añade.

Un poco más lejos, en el café Havana, donde antaño se reunían activistas e intelectuales, Fuad Obeid, de 64 años, conversa con su amigo.

Él mismo fue propietario de un café que tuvo que cerrar. "Los servicios de inteligencia pasaban todo su tiempo en mi local, consumían gratis como si estuvieran en sus casas", afirma.

Durante las décadas de mandato de los Asad, los servicios de seguridad fueron auténticos instrumentos de represión, temidos por la población.

El sábado, el nuevo jefe de los servicios de inteligencia sirios, Anas Jattab, anunció la disolución de todas sus ramas.

"Mantenía un perfil bajo para que no se supiera que yo era el propietario, y solía decir a los clientes que no hablaran de política por miedo a las represalias", añade Obeid. Ahora, en Havana o en cualquier otro lugar, "es como el día y la noche".

- "Realmente libre" -

En el café Al Rawda, las discusiones se suceden entre narguiles y partidas de backgammon.

El propietario, Ahmad Kozorosh, no da crédito a lo que ve tras haber presenciado numerosas detenciones en su café.

"Ahora veo casi exclusivamente caras nuevas", celebra. "Gente que había sido condenada a muerte, encarcelada".

Como símbolo de esta nueva efervescencia, una vez por semana se organizan conferencias en su local e incluso creará un partido político con el nombre del café, afirma.

Nersine Shuban, una agente inmobiliaria de 42 años, pasó más de tres años en la cárcel por llevar encima dólares estadounidenses, una moneda prohibida.

Las nuevas autoridades la liberaron de la prisión de Adra el 8 de diciembre, día en que tomaron el poder en Damasco.

"Nos daban esperanzas de una posible amnistía" del gobierno, explica. "Afortunadamente, la amnistía vino de Dios".

"En los cafés no nos atrevíamos a decir nada, incluso temíamos que nuestros teléfonos estuvieran pinchados", confiesa la mujer, que dice sentirse "realmente libre" por primera vez.

Aunque los nuevos dirigentes proceden de una coalición de grupos armados dominada por islamistas radicales, un soplo de libertad recorre la nueva Siria, donde se organizan manifestaciones públicas, algo impensable hace apenas un mes.

"Ya no tenemos miedo. Y si Jolani comete errores, los denunciaremos", afirma Shuban, refiriéndose al nuevo dirigente sirio, Ahmed al Sharaa, conocido como Abu Mohmad al Jolani.

"De todas formas, no puede ser peor que Bashar al Asad".

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