Carmen Mc Evoy: “El Perú es un desorden controlado por momentos”

Entrevista a la historiadora peruana quien, de cara al año del bicentenario, analiza los recientes episodios de crisis que nos dejó el 2020.

Mirada. Mc Evoy señala que la crisis política de  noviembre se inscribe en la tradición nacional. "A los historiadores, especialmente los que trabajamos el siglo XIX, estas cosas no nos sorprenden," dice. Foto: difusión
Mirada. Mc Evoy señala que la crisis política de noviembre se inscribe en la tradición nacional. "A los historiadores, especialmente los que trabajamos el siglo XIX, estas cosas no nos sorprenden," dice. Foto: difusión
Enrique  Patriau

Este 2021 el Perú va a conmemorar su bicentenario, fecha de importante carga simbólica que encuentra al país en medio de una crisis política, social, y sanitaria que no termina. La historiadora Carmen Mc Evoy ofrece una rigurosa descripción del momento actual.

Hemos tenido tres presidentes en un mes, aunque uno de ellos, el segundo, de dudosa procedencia. ¿Qué se puede decir de algo así?

Que es parte de nuestra historia política, ¿no? Si en el siglo XIX se hubiera visto esta situación, la hubieran denominado como parte de lo que se llamaba la anarquía. Y la anarquía es la ausencia de estructura gubernamental. El ejemplo más claro es cuando al expremier (Ántero Flores-Aráoz) le preguntan si el presidente (Manuel Merino de Lama) va a renunciar y dice que no tiene la menor idea.

Dijo que no le respondía el teléfono.

Exacto. Entonces, esa ausencia de estructura que hemos visto en esos momentos ocurría frecuentemente en el siglo XIX. Había sucesiones de presidentes, constituciones por doquier. Estamos en una situación que ha sido común a la historia del Perú, que se caracterizado por eso que Julio Cotler llamaba lo coloidal, un Estado que es como una emulsión que no llega a ser sólido. Hemos vivido uno de esos momentos. Lo triste es que ocurra a puertas del bicentenario, lo que significa que no hemos logrado consolidar instituciones. Seguimos en la misma lucha, como una suerte de eterno retorno.

¿Un regreso?

Sí. A mí me gusta recordar los documentos del siglo XIX, entre ellos una carta entre dos parientes. Uno preguntaba que cómo está la situación en el Perú y el otro responde que es la anarquía moderada. El Perú es un desorden controlado por momentos. Siempre digo que a nosotros nos gusta jugar al borde del precipicio pero no saltamos. Bailas, pero no te terminas de decidir. El asunto es que no puedes construir nada ni enfrentar a una pandemia con ese tipo de estructura política. Estás perdido. Es lo que decía (Luis Alberto) Sánchez: retrato de un país adolescente. ¿Cuándo nos volveremos adultos? ¿Cuándo asumiremos nuestras responsabilidades? ¿Cuándo pensaremos en términos del bien común? Una característica de esta coyuntura es que todos funcionan por sus intereses personales.

¿Esperaba una actuación diferente de nuestros dirigentes, quizás por estar en medio de una gran crisis por la pandemia? ¿Le sorprendió lo visto estas semanas?

A los historiadores, especialmente los que trabajamos el siglo XIX, estas cosas no nos sorprenden, ya nada nos sorprende, porque es una especie de repetición maquinal, de viejas tendencias, de viejos comportamientos. Los actores son diferentes pero tienen los mismos libretos y actúan de manera similar. Yo le quiero recordar al lector que esta es una situación que se origina en una sucesión presidencial. Otra de las características que ha tenido la política peruana es que las sucesiones presidenciales han terminado en guerras civiles, la consecuencia lógica de no determinar bien un claro ganador. En este caso, hay que remontarse a la victoria de Pedro Pablo Kuczunski y esta señora totalmente irresponsable…

Keiko Fujimori.

Totalmente ignorante de las consecuencias de sus actos, que se propone una guerra. No reconoce al ganador y ella se erige como una suerte de presidenta alternativa. Ahí empezó todo. Hay que recordar eso. Esta es una guerra declarada de una candidata que perdió y que decidió hacer la vida imposible al ganador y destruyó las bases de una convivencia política.

¿Las destruye, o ya eran unas bases frágiles?

Bueno, eran unas bases frágiles pero las termina de petardear, a lo que se añade -y acá no disculpo a Kuczynski- el gran escándalo Lava Jato. Es como una tormenta perfecta, donde se cruza una decisión personal de atacar al que ganó más todo lo que se venía con la corrupción internacional en la que todos estaban involucrados. El asunto es que se perdió la legitimidad del sistema. Toda la clase política terminó involucrada en la corrupción. Es el antecedente de los tres presidentes que van a venir en secuencia, porque no se resuelve el tema de la legitimidad, los partidos son débiles, no se puede llegar a acuerdos. El único mecanismo es la guerra. Y una cosa más, que esta señora (Fujimori) descubre también esta arma letal, como la ha llamado (Alberto) Vergara, que es la vacancia por incapacidad moral. Esa suerte de nebulosa en la descripción de la vacancia, permite ser usada indiscriminadamente.

Claro. Eso en la etapa anterior, con el Congreso disuelto. En esta, el fujimorismo ya no tiene la mayoría. Se ve más una confluencia de intereses particulares de varios partidos, entre ellos algunos tradicionales como Acción Popular.

Exacto. El asunto de fondo es que el bien común, el horizonte compartido desaparecen. Y acá ya es un sálvese quién pueda. Es una confederación de intereses dispares: defender tu universidad, los intereses de los gremios de los transportistas y otros. Sí debemos apuntar a lo siguiente: la vacancia es como una droga que te permite empoderarte. La probaste, te funcionó, y la sigues usando y sigues degradando el sistema y sigues creando el caos político en el que estamos inmersos en medio de una pandemia. Lo triste es que con la muerte al frente no seas capaz de llegar a acuerdos básicos…

¿Mínimos?

Mínimos, para no dejar que el país muera. A veces cuando una ve esto entiende las razones por las cuales perdimos la guerra del Pacífico. Era una guerra civil dentro de una guerra, un poco lo que está ocurriendo.

Optimistamente, se podía pensar que la asunción de Francisco Sagasti podía calmar un poco la situación. No ha sido así. La protesta social está desbordada. ¿Qué piensa del presidente?

Yo creo que el presidente Sagasti es una persona bien intencionada. Ha llegado por esta situación azarosa que permite el conflicto permanente. Hay un asunto de azar. Pero también hay que conocer bien el núcleo del problema que son las mafias políticas, enquistadas en la política, como este señor (José) Luna, que conoce el sistema al derecho y al revés, que saben penetrarlo, que, según las investigaciones en curso, ha logrado inscribir un partido de una manera ilegal. El presidente Sagasti tiene que entender que las buenas intenciones no son suficientes, que la sensibilidad no es suficiente, que la poesía no es suficiente. Hay que conocer cómo operan las mafias políticas en el Perú, que probablemente están buscando una nueva vacancia presidencial.

Es posible, aunque las protestas sociales tienen que ver más con una sociedad que se siente postergada, negada, maltratada y explotada, ¿no?

Completamente de acuerdo. Lo que estamos viviendo es un desembalse de demandas sociales que no han sido atendidas por este conflicto permanente que no ha permitido que se revisen acuerdos que eran provisorios y que se convierten en permanentes, como la excepción tributaria. Entonces, el Estado no está atento, no le sigue la pista a los actores económicos porque está inmerso en sus luchas, peleando por su vida. Sí, las protestas en el norte y en el sur vienen de demandas justas. A lo que voy, sin embargo, es que a río revuelto, ganancia de pescadores, y en esas protestas podrían participar otros actores que no conocemos, enmascarados en el sentido literal y real, con intereses políticos y de desestabilización. No hay que ser inocentes y pensar que los que perdieron en el Congreso no van a seguir la pelea en la calle. Es parte, también, nuestros protocolos políticos. La violencia va escalando y tiene múltiples rostros. Concuerdo que hay demandas sociales que solo son atendidas con movilizaciones. ¿Por qué no se resolvió por la vía del diálogo, de la conversación de los agricultores y los agroexportadores?

Porque no les hacen caso a los más pobres.

Se espera llegar a la situación más difícil para recién negociar, en vez de resolver los problemas de manera progresiva. Si sientes que participas de la bonanza, no te vas a levantar contra un patrón injusto. Hay una explotación que se ve, que es real. Creo que se debe ir a un gran acuerdo nacional sobre el sector agrario. La gran discusión tiene que ser cuál es la gran agricultura de acá a 50 años. ¿Cómo la vamos a desarrollar? Y eso debería llevarse a todos los sectores productivos. ¿Pero qué ocurre? Que estamos en la lucha política que no permite establecer una agenda de desarrollo-económico sostenible para los 50 años que se nos vienen.

Ya que me habla de expectativas a largo plazo, ¿tiene alguna expectativa del proceso electoral que tendremos en pocos meses?

No, no tengo expectativas. Como muchos peruanos vemos, la oferta electoral es realmente pobre. Hay partidos o agrupaciones mejor posicionadas que otros en cuanto a sus propuestas. El sistema está muy pervertido, muy degradado, la reforma política nunca ocurrió. Fue otra de las grandes iniciativas que se quedó en el camino, distorsionada, como ocurre siempre en el Perú. Lo que hay que buscar son buenos representantes para llevar al Congreso, que sean honestos, que muestren una trayectoria de responsabilidad y que sean defensores del sistema democrático. Hay que tratar a través de un nuevo Congreso -que no sabemos cuál será su perfil- que el sistema vaya regenerándose. Creo que esa es la palabra: regeneración. Y que esta generación del bicentenario que salió a luchar por la democracia se prepare para las próximas elecciones y que comiencen a pensar en participar en la política desde regidores, que comiencen a tomar el Estado, en el bien sentido de la palabra.

He leído críticas contra ese nombre de generación del bicentenario, en el sentido de que es demasiado generalizante, simplificador.

Pero en lo que todos pueden converger es que fue en defensa de la democracia. Cuando Inti le dice a su mamá que va a defender a la patria, tenía en su cabeza de que había un secuestro, de que alguien había tomado el poder de manera ilegal. Creo que la idea de la democracia, de la ciudadanía participando, ha calado en la juventud. Y eso debemos celebrarlo.

Lo malo es que nuestra democracia es deficitaria.

Exacto. Hay otro nivel de desigualdades que se ha visto durante la pandemia, que también hay que erradicar. Se necesita educación pública de calidad, salud pública de calidad. No hay que quedarnos solamente con las libertades básicas, sino que hay que pensar en que cuando se habla de un sistema de gobierno republicano hay que considerar un nivel de bienestar para la población.

Mencionó al inicio el bicentenario. ¿Una historiadora vive de manera especial un año como este?

Sí. El año que acaba de terminar pude asistir a las conmemoraciones de muchas independencias en las regiones. He estado en Barranca, Huacho, Tarma, Huamanga, Trujillo y he sentido ese orgullo regional de haber sido parte de un proceso que va a culminar en Lima pero que, digamos, es un recodo en el camino porque hasta el 24 la independencia no se termina de sellar en Ayacucho. Como historiadora siento que estamos caminando en los hitos. Trujillo, por ejemplo, era un bastión para el virreynato, para la corona, y cuando cae ya un poco las puertas de la independencia de Lima se abren. El tema es la divulgación, que todos nos sintamos partícipes de que estamos llegando a estos 200 años. El problema es la frustración de cómo llegamos a este bicentenario.

Hubo varias independencias en el Perú.

Claro. Cuando llega San Martín hay una columna que entra a la sierra y que va independizando Tarma, Huamanga, toda esa zona. Pero nosotros nos hemos centrado más en lo que pasa en Huaura, en la llegada a Lima, y hemos perdido de vista de que se estaba dando un proceso revolucionario y de guerra en la sierra peruana, con guerrilla, con formación de gobierno.

Es un proceso que debería ser reivindicado.

Ha sido reivindicado. Cada región ha ido celebrando. Lo que tiene que haber es un mejor conocimiento y reconocimiento. Lo que hay que reconocer es que sin esas independencias previas, no se hubiese logrado consolidar la independencia del centro más importante del imperio en América.

Y en buena hora que se reivindique, porque es una parte de la historia que quedó desenfocada, por decirlo de alguna manera.

Creo que el cuadro de Lepiani, con la jura de la independencia en Lima, nos ha enfocado en ese momento, cuando ha habido otras independencias con mujeres participando.

Una profesora puede hacer una gran diferencia

¿Cómo empieza su relación con la historia?

Yo tuve una muy buena profesora de historia en el colegio, Teresa León de Gago, una maestra que siempre recuerdo y llevo en el corazón. En su clase utilizaba fuentes primarias y nos leía la carta de Vizcardo a los españoles americanos, documentos de la revolución de Túpac Amaru. Siendo una niña camino a la adolescencia, me impactó conocer a los personajes. A partir de ese momento me quedó ese bichito, Después estudié educación, quería ser maestra de escuela, y por esas cosas de la vida hice una maestría en la PUCP y me encontré con un grupo de excelentes profesores como Franklin Pease, Scarlett O’Phelan, Alberto Flores Galindo, Heraclio Bonilla. Todos ellos fueron mi maestros. Ahí terminé de decidir que ese iba a ser mi camino y entré al terreno de la historia política.

Que es su especialidad.

La historia de la República, del pensamiento político peruano. Después, poco a poco, exploré otros campos de estudio y me dediqué a la guerra. He trabajado la Guerra del Pacífico, por ejemplo. Cuando estuve en Chile me encontré con toda la correspondencia de Domingo Nieto y puede reconstruir todos los años de la anarquía, que son diez años de desorden político absoluto. Y ahora acabo de terminar un libro sobre la violencia con un colega chileno, Gabriel Cid. Mi próximo proyecto es la historia global del espectáculo con Yma Sumac. La idea es que la voy a ir acompañando a través de sus giras en Nueva York, Moscú. Es un poco la globalización de una peruana universal.

La suya es una carrera impulsada por una profesora de escuela. Qué importante ese trabajo, ¿no?

Por eso creo que en la escuela está la raíz de todo. Un niño aprende ahí a identificarse con el país. Esta maestra, Teresa León de Gago, era una amante del Perú y trataba de que sus alumnas conocieran a estos personajes que lo habían construido. Es verdad, una profesora en un salón de clases puede hacer una gran diferencia. Tenemos que invertir en educación pública de calidad, es nuestro gran reto.

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