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"El problema de la Ley Mulder es que se creó para 'vengarse' de los medios que, en la mitología keikista, impidieron a su lideresa llegar al poder. No hubo ninguna otra consideración".

"El problema de la Ley Mulder es que se creó para 'vengarse' de los medios que, en la mitología keikista, impidieron a su lideresa llegar al poder. No hubo ninguna otra consideración".

Esta semana el fujimorismo virtual salió a celebrar las noticias de que las utilidades netas de El Comercio y Latina habían experimentado caídas dramáticas (82% en el segundo trimestre y 45.5% en el primer semestre, respectivamente). En un ejemplo clásico del ambiente de posverdad en el que se suele mover la maquinaria fujitroll, le atribuyeron ambos descensos a la Ley Mulder. Lo cierto, sin embargo, es que esta norma rige recién desde la segunda quincena de junio, por lo que su impacto en los periodos contables mencionados es insignificante. Sin contar el hecho, demostrado en un informe de Semana Económica, que la publicidad estatal ha representado, en promedio, solo el 7,6% de los ingresos publicitarios para los medios de comunicación.

Este es el punto en el que este columnista debe aclarar, para ciertas tribunas, que la Ley Mulder no lo afecta en absoluto (su impacto en medios digitales como Utero.pe es cero absoluto). Y también hay que decir que sí es cierto que la publicidad del Estado, en tres gobiernos al hilo, se manejó con favoritismos indebidos y hasta ahora no investigados por absolutamente nadie (porque pierden todititos). Pero esto se debe, precisamente, a la Ley 28874, promulgada en agosto del 2006, cuando el gobierno de Alan García no tenía ni dos semanas de instalado. Esta norma era absolutamente todo lo contrario a la Ley Mulder, su extremo opuesto, y fue la causa de que García viviera una luna de miel con los medios que duró más de dos años (hasta los petroaudios).

¿Es tan difícil encontrar el equilibrio? Una ley razonable debería considerar en una categoría aparte a aquellos que usufructúan el espectro radioeléctrico del Estado (radios y TV). Para esto debería modificarse, a su vez, la Ley de Radio y Televisión (28278) y garantizar, por ejemplo, una hora diaria de noticieros en la que nadie –ni Estado ni privados– pueda anunciar nada, para que la agenda de esos informativos no esté dictada por el rating, sino por el criterio periodístico. También deberían reforzarse la capacidad de sanción del MTC a los medios al margen de la ley (por ejemplo, Exitosa continúa incumpliendo los artículos 34 y 35 que le exigen tener un Código de Ética, con los resultados que todos vemos).

El problema de la Ley Mulder es que se creó para “vengarse” de los medios que, en la mitología keikista, impidieron a su lideresa llegar al poder. No hubo ninguna otra consideración. El resultado está a la vista para cualquiera que asome su nariz fuera de Lima: es imposible planificar campañas de comunicación, algo dramático en el caso del friaje o asuntos de salud (y no, el periodismo no puede asumir esa labor: un aviso de campaña se pautea para que pueda ser escuchado o visto o leído varias veces al día por un tiempo estimado hasta que funcione). Después se preguntan por qué el 80% de desaprobación.

La próxima semana: los caminos de la mermelada.

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