El fin de la era Cipriani

Se construyó como un imprescindible de los gobiernos, cuanto más fachas, de facto y más oscuros mejor, siempre al lado de los poderosos y no de los vulnerables.

1 Jun 2018 | 6:05 h

Tuve la dudosa idea de ver el documental, Rehenes, que está en Netflix, sobre la toma de la residencia. Es un buen documental, pero hay algo que me rechinó y es que una de las estrellas es Cipriani y su “desgarrador” testimonio.

Ahora bien, ni siquiera porque el Cardenal se pasa la mitad de la película llorando consigue que le creamos que no fue el topo principal de Fujimori, pero él tiene muy calculado su papel. El hombre siempre ha sido un impostor. Me refiero a la impostura de presentarse como mensajero de paz, pastor de los aflijidos, voz de la esperanza, cuando sabemos que su papel es muy diferente. 

Es interesante la construcción que ha hecho Cipriani de sí mismo en todos los años que hemos tenido que soportar al figureti de la política que es. Si el fujiaprismo tuvo y tiene operadores en la televisión –porque sus líderes saben que es el mejor camino para seguir alienando a la población de su proyecto de país conservador, clientelar, capitalista y corrupto–, Cipriani ha sido ese operador clave en la misa de las 12, cuyo trabajo pastoral consiste en intentar que nunca dejemos de ser los borregos del pastor autoritario, siempre al acecho para que nada progrese, ni en derechos ni en libertades, ni en justicia, ni en igualdad; con especial mención a su destacable empeño por mantener a las mujeres serviles, a los gays apestados y a los niños desprotegidos. 

Se construyó como un imprescindible de los gobiernos, cuanto más fachas, de facto y más oscuros mejor, siempre al lado de los poderosos y no de los vulnerables. Por eso pasará a la historia. A estas horas en que se le homenajea, su poder ha menguado y ya poco más le queda que unos minutos en la radio para amonestarnos por vivir como nos da la gana.

Lo veo llorar en la peli, con sus lágrimas de cocodrilo, cuando nunca lo vimos llorar por la gente asesinada por el régimen de Fujimori, ni por los niños violados por sus compañeros de sotana. Y me reconforta sentir cada vez más cerca el fin de la Era Cipriani.

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