Gladys Tejeda: correr, pese a todo
Nuestra medallista dorada no está bien de salud. Tiene una dolencia que no le impidió ganar los 42K de Toronto pero que, a causa de la medicación, amenaza con empañar su hazaña. Si queremos que siga ganando medallas para el Perú, necesitamos a Gladys Tejeda sana y contenta. Siempre.
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Fotografía: Luis Centurión / John David Mercer-
USA TODAY Sports /Reuters
Sangre. Era sangre lo que salía de sus fosas nasales. Gladys Tejeda (29) había llegado a Lima sintiéndose un poco mal, con los pies ligeramente inflamados, pero a pesar del malestar decidió correr los 10 kilómetros de la Panamericana Running. No había avanzado más de tres kilómetros cuando sintió la sangre brotar de su nariz y, tras limpiarse apuradamente, la vio en sus manos.
Ocurrió el 12 de octubre del año pasado. Gladys no sabe cómo llegó a la meta, pero llegó. De inmediato fue trasladada a una clínica local. Parecía una simple descompensación pero, al final, se vio que era algo más: la atleta retenía líquidos. Permaneció en la clínica varios días. Sus hermanos Rosario, Constancio y César llegaron de Junín para cuidarla.
Se recuperó.
Sábado 16 de mayo de este año. Campeonato Nacional de Atletismo de Mayores. Gladys corría los 1,500 metros. Era una prueba sencilla, casi una preparación para la de 5 kilómetros, al día siguiente. Pero nuevamente se sintió mal. Pesada. Hinchada. Acabó la carrera como pudo. Su entrenador, el mexicano Roberto Gómez, la vio, preocupado. Tenía los ojos, todo el rostro inflamado. Gómez decidió que la revisara un médico cuanto antes. Nuevamente, era un problema de retención de líquidos. Pero se desconocía la causa.
Gladys no participó en el Sudamericano de Atletismo de junio en Lima. Quería estar al cien por ciento para los Juegos Panamericanos. Su objetivo era traerse la de oro en la prueba de los 42 kilómetros. Su salud parecía ser lo que menos le importaba en ese momento.
Tomando riesgos
A estas alturas, dos semanas después de su espectacular hazaña en Toronto, todo el país tiene constancia de la garra y el coraje que impulsan a nuestra máxima fondista nacional, la hija predilecta del distrito de Junín, en la región del mismo nombre, a 177 kilómetros al norte de la ciudad de Huancayo.
Lo que pocos saben es que Gladys Tejeda no está bien de salud. Según Víctor Carpio, médico del Comité Olímpico Peruano (COP), su problema aún no ha sido diagnosticado. Lo que está claro es que ya ha afectado su desempeño al menos en dos competencias.
–Mientras los médicos de la clínica que la atiende no le hagan los estudios detallados, seguiremos en la nebulosa – dijo en diálogo con Domingo.
Carpio sostiene que fue una "irresponsabilidad" que Gladys haya suspendido los análisis que se le estaban haciendo para irse a México un mes antes de los Panamericanos a someterse a una intensa preparación. Dice que como peruano está orgulloso de lo que ha conseguido, pero que como médico no puede dejar de decir lo que piensa.
–¿Qué pasaba si después de los 42 kilómetros no se recuperaba y tenía un serio problema de salud?– se pregunta.
Para evitar la retención de líquidos, antes de la maratón de Toronto, Gladys tomó un antidiurético que le había recetado su médico. Como explicó esta semana el diario El Comercio, el medicamento no mejora su rendimiento sino todo lo contrario. Incluso, pudo haberle causado una deshidratación. Sin embargo, el antidiurético estaba en la lista de sustancias prohibidas del Código Mundial Antidopaje (porque beneficia a deportistas que necesitan bajar de peso para competir). Por eso es que su caso está siendo evaluado en la Organización Deportiva Panamericana.
Lo que está totalmente claro es que Gladys no usó esa medicina buscando una ventaja sobre sus competidoras. Ella solo quería evitar los problemas que habían afectado su rendimiento en el pasado.
Lo único que quería era conseguir la medalla dorada y darle una alegría a su familia y a todos los peruanos.
La chica sin zapatillas
Gladys Tejeda nació el 30 de setiembre de 1985. Es la última de nueve hermanos, cuatro de los cuales murieron muy chicos, según su hermano Jorge debido a enfermedades causadas por el frío y la falta de atención médica oportuna.
Sus primeras carreras fueron entre ella y Jorge, dos muchachitos que se encargaban de llevar a pastar a las pocas ovejas y vacas de la familia a una pampa situada a pocos kilómetros de su vivienda, en el centro poblado de Mariac.
A los 11 años ganó una carrera de 5 kilómetros organizada por el municipio distrital. El premio fueron 50 soles. Jorge recuerda que Gladys, emocionada, le dio el dinero a su madre para que comprara alimentos para la casa. Luego vendrían otras competencias en las que continuaría destacando. Como aquella que premiaba al ganador con una cocina, que ella recordó en un pequeño video grabado hace tres años. Es verdad, ella no tenía zapatillas. Un amigo le prestó las suyas, pero le quedaban grandes. Igual quedó segunda.
Uno de los momentos más emocionantes para la familia fue cuando Ollanta Humala la nombró abanderada en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Gladys encabezó la delegación nacional que desfiló en la inauguración. Lo mejor fue que una empresa privada llevó a su madre y a su hermano a la capital británica para que la vieran desfilar, en el mismísimo Estadio Olímpico, con un hermoso traje de su región y con la bandera en las manos. Jorge dice que fue algo increíble.
Pero lo más increíble fue verla llegar antes que ninguna en la maratón femenina de Toronto, la mañana del sábado 18 de julio, rompiendo el récord panamericano y llevándole 2 minutos 37 segundos de ventaja a su más cercana perseguidora.
Eso fue histórico.
En busca de un médico
Esta mañana, su segundo día en Lima desde su regreso de Toronto, Gladys está haciendo ejercicios de recuperación en la Videna. Trote por media hora, piques de 100 metros y luego cinco vueltas a la pista atlética de 400 metros. El profesor Roberto Gómez la observa tranquilo. Dice que en una semana aumentará la intensidad de los entrenamientos. La contractura en la pantorrilla derecha que le impidió correr la prueba de los 10K en los Panamericanos es cosa del pasado.
Gómez es de los que sospecha que el problema de Gladys puede ser renal. Médicos amigos le han dicho que podría ser insuficiencia o cálculos.
–Hay que hacerle las pruebas para estar seguros– dice.
Cuando hablamos, al final del entrenamiento, Gladys no está del mejor humor. A la sospecha de doping lanzada por un medio local, que la irritó, se sumó la actitud de la prensa anoche que, en el desorden que armó en Palacio de Gobierno durante la premiación a los medallistas panamericanos, golpeó a su madre. La atleta está francamente indignada.
Le pido que me diga qué tipo de apoyo necesita para mejorar. Y ella habla de sus dolencias.
–Desde el año pasado estoy mal– dice, y cuenta lo que le ocurrió en octubre y en mayo.
El apoyo a nuestros deportistas suele manifestarse en indumentaria. En pasajes. En dinero. Pero pocos se preocupan de su salud. Gladys quiere que un médico atienda de forma permanente a los fondistas que entrenan en Huancayo. Y quiere saber qué ocurre con su cuerpo. Ha decidido pasar todas las pruebas posibles para hallar su diagnóstico. Hay más medallas de oro en su mira. Y quiere asegurarse de estar totalmente sana para ganarlas.






















