Cultura al final de la década

“Los concursos de apoyo al cine, al sector editorial, la gestión cultural, mejoran el acceso equitativo al apoyo estatal.”

La Republica
José Agüero

Se acaba el año, la década y también esta columna, que duró un suspiro. Podría hacer una lista de las peores cosas que encuentro en el trabajo de los demás, pero mejor comentar algunas experiencias estatales del mundo cultural que, con suerte, disfrutaremos aún en la década que viene. No paso por alto que se va imponiendo una visión de la cultura como insumo para el comercio, pero hay esfuerzos que pueden ayudar a revertir esta mirada empobrecedora.

El Gran Teatro Nacional tiene una buena programación. Los elencos presentan regularmente piezas de repertorio clásico y han recuperado mucho acervo nacional. Algunos vimos a Kiri Te Kanawa, el estreno de la ópera Atahualpa, escuchamos a la mejor cantante del mundo, Marizza. Pero fuimos pocos. ¿Qué falta? Democratizar. Aún es un consumo de élite. Debe conectarse con otras partes de la ciudad, con los colegios, ir por la gente.

Los concursos de apoyo al cine, al sector editorial, la gestión cultural, mejoran el acceso equitativo al apoyo estatal. Esto irá quebrando las antiguas redes de privilegio. Toca aumentar sus fondos, darles mejores leyes, servicios complementarios. Lo mismo con La Independiente, Ruraq Maqui y otras iniciativas. Finalmente, el Lugar de la Memoria hoy es un espacio de encuentro cultural sobre valores democráticos, que hay que sostener. Ojalá en los próximos años, bicentenariales además, tengamos una sólida política cultural, y la oferta estatal para garantizar los derechos culturales se fortalezca.