En 1967, EE. UU. detonó un dispositivo nuclear a 1.288 metros bajo tierra para extraer gas natural: produjo millones de metros cúbicos, pero el gas era radiactivo
El ensayo formó parte de un programa que buscaba aprovechar la energía atómica con fines civiles, pero dejó el suelo contaminado.
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En diciembre de 1967, Estados Unidos realizó un experimento tan inusual como arriesgado en el noroeste de Nuevo México. A 1.288 metros de profundidad, detonó un dispositivo nuclear de 29 kilotones con la intención de fracturar las rocas de un yacimiento y facilitar la extracción de gas natural. El proyecto produjo 213 millones de pies cúbicos de gas durante sus pruebas, pero también dejó un problema inesperado: el combustible extraído contenía cantidades medibles de elementos radiactivos.
El experimento, conocido como Proyecto Gasbuggy, se realizó el 10 de diciembre de 1967 en el condado de Rio Arriba, dentro del Bosque Nacional Carson. La iniciativa formaba parte del Programa Plowshare, creado para investigar posibles usos pacíficos de la energía nuclear.
Una explosión nuclear para abrir caminos al gas
La idea era sencilla en teoría. La detonación debía romper las rocas situadas alrededor de una formación que contenía gas y generar nuevas vías para que este pudiera desplazarse con mayor facilidad. Para ello, el dispositivo fue instalado en un pozo de emplazamiento denominado GB-E.
La explosión generó temperaturas extremas que vaporizaron parte de la roca. Durante unos instantes se formó una gran cavidad subterránea rodeada de material fracturado. Posteriormente, las rocas situadas encima colapsaron hacia ese espacio y crearon una estructura conocida como chimenea de colapso, que quedó llena de fragmentos de roca.
Cuando la cavidad se enfrió, parte del material fundido y vaporizado se acumuló en el fondo y terminó solidificándose en forma de un vidrio conocido como melt glass. Este material atrapó gran parte de los radionúclidos de alto punto de fusión.
El experimento produjo gas, pero surgieron problemas
Para comprobar si la técnica funcionaba, se perforó otro pozo, denominado GB-ER, hasta la chimenea de colapso. El gas procedente de la zona de la detonación fue llevado a la superficie y quemado durante diferentes pruebas de producción.
Los ensayos comenzaron en julio de 1968 y continuaron hasta octubre de 1969. En cinco pruebas, Gasbuggy produjo un total de 213 millones de pies cúbicos de gas natural, equivalentes a unos 6 millones de metros cúbicos.
La explosión consiguió aumentar la producción en comparación con algunos pozos convencionales cercanos. Sin embargo, el resultado estuvo lejos de ser el esperado. El gas extraído contenía cantidades medibles de componentes radiactivos y, además, presentaba un poder calorífico considerablemente menor.
Otro inconveniente fue la fracturación subterránea. Las grietas generadas sobre la cavidad no se extendieron por la formación gasífera tanto como se había previsto. En consecuencia, la explosión no consiguió estimular el yacimiento al nivel que buscaban los responsables del proyecto. Tras evaluar los resultados, en 1976 se decidió que no se realizarían nuevas pruebas en Gasbuggy.
El material radiactivo permanece bajo tierra
La Comisión de Energía Atómica desmanteló el emplazamiento en 1978. Se retiraron los equipos y estructuras utilizados durante el experimento, mientras que los materiales que requerían descontaminación fueron tratados antes de su retirada.
Parte de los residuos radiactivos líquidos fue inyectada en la antigua cavidad subterránea. Los residuos sólidos, en cambio, fueron retirados y trasladados al Nevada National Security Site. Los pozos empleados durante el experimento también fueron clausurados y sellados.
Aunque la superficie fue sometida a labores de limpieza, parte de la contaminación radiactiva continúa bajo tierra cerca del pozo GB-E. El Departamento de Energía estudió mediante modelos si ese material podía desplazarse hacia otros pozos de gas próximos. Las estimaciones indicaron que la contaminación debería permanecer dentro de la zona afectada por la explosión.
El monitoreo de aguas comenzó en 1972 y se mantuvo durante décadas. Se analizaron manantiales, estanques, zonas de drenaje, pozos de ranchos y lugares utilizados para dar agua al ganado. No se detectaron radionúclidos relacionados con Gasbuggy en los puntos examinados y el programa de vigilancia del agua terminó en 2015.
La remediación de la superficie concluyó en septiembre de 2004, después de retirar 5.562 yardas cúbicas de suelo contaminado de unas fosas de lodo. Hoy, el terreno puede utilizarse nuevamente en la superficie, aunque permanece restringido el acceso al subsuelo en la zona del antiguo experimento.
El Proyecto Gasbuggy dejó así una lección clara sobre los límites de utilizar explosiones nucleares para modificar el subsuelo: aunque consiguió liberar gas natural, también generó contaminación radiactiva y no alcanzó el nivel de estimulación que se esperaba.






















