Una cueva de 12.900 años de antigüedad abre una ventana a un mundo olvidado de cazadores-recolectores: fuego, herramientas y adornos personales
Los hallazgos permitirán comprender mejor la alimentación y el entorno de los antiguos grupos humanos, así como sus interacciones culturales.
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Arqueólogos que excavaban una cueva en el noreste de Turquía han encontrado valiosas evidencias de la vida de grupos cazadores-recolectores de hace unos 12.900 años. El hallazgo de herramientas de piedra, una hoguera y objetos utilizados como adornos personales en la cueva de Koskarlı ofrece una nueva perspectiva sobre la vida de las comunidades que habitaron la región hacia el final de la última Edad de Hielo.
Los hallazgos constituyen una evidencia excepcional de la presencia de cazadores-recolectores en la región oriental del mar Negro durante un periodo del que todavía se conoce relativamente poco.
La cueva se encuentra a unos 1.030 metros sobre el nivel del mar y a 24 metros por encima de un arroyo cercano. Su ubicación resulta especialmente relevante porque gran parte de la investigación sobre este periodo en Anatolia se ha concentrado en yacimientos situados más al sur.
Una antigua hoguera revela actividad humana
Durante la primera temporada de excavaciones, los investigadores exploraron distintas zonas del interior y los alrededores de la cueva. En la principal área de excavación analizaron una superficie de 16 metros cuadrados.

aisaje general que rodea la cueva Koskarlı. Foto: Hülya Çalışkan Akgül
La capa superior contenía una mezcla de materiales arqueológicos antiguos y restos más recientes. Entre ellos aparecieron objetos del Epipaleolítico y otros mucho más antiguos, pertenecientes al Paleolítico Medio. La actividad posterior y las alteraciones del sedimento parecen haber mezclado parte de estos materiales. Sin embargo, una capa más profunda proporcionó evidencias mucho más claras de ocupación humana.
Los investigadores identificaron allí una capa epipaleolítica que conservaba ceniza, sedimentos finos y material carbonizado. El suelo quemado y fragmentos de sílex afectados por el calor indican la existencia de una hoguera utilizada dentro de la cueva.
La datación por radiocarbono de restos de carbón vegetal y huesos sitúa esta ocupación cerca del final del XIII milenio a. C., hace aproximadamente 12.900 años. Las herramientas de piedra recuperadas en la misma capa son compatibles con esta cronología.
Las herramientas muestran que fabricaban objetos dentro de la cueva
Los investigadores recuperaron una amplia colección de artefactos de piedra tallada. La mayoría fueron elaborados con sílex de tonalidades rojas, verdes y amarillas. También encontraron obsidiana y una cantidad menor de herramientas fabricadas con roca dacítica. Por el momento, no se ha determinado con precisión el origen de las materias primas.

Selección de artefactos de la cueva Koskarlı. Foto: Hülya Çalışkan Akgül
La distribución de los restos sugiere que los cazadores-recolectores fabricaban o modificaban muchas de sus herramientas dentro de la cueva. Entre los materiales recuperados aparecen núcleos de piedra, hojas parcialmente preparadas y fragmentos generados durante el proceso de talla.
La colección incluye raspadores, hojas, hojitas, puntas, perforadores y buriles. También aparecieron pequeñas piezas de piedra con forma de media luna, conocidas como lúnulas.
Varias de estas piezas presentan técnicas específicas de conformado y retoque. Herramientas similares han sido documentadas en otros yacimientos epipaleolíticos de Anatolia y el Levante, así como en contextos del Pleistoceno tardío del Cáucaso.
Estas semejanzas tecnológicas podrían ayudar a los arqueólogos a investigar posibles conexiones entre comunidades prehistóricas de Anatolia, el Cáucaso y otras zonas próximas al mar Negro.
Los adornos muestran una faceta más personal de sus habitantes
Dos objetos encontrados en la cueva permiten acercarse a un aspecto diferente de la vida de sus antiguos ocupantes. Los arqueólogos recuperaron un fragmento de asta con surcos y un diente de animal perforado, elementos que podrían haber sido utilizados como adornos personales.
La excavación también proporcionó restos de animales y conchas de moluscos. Las especies representadas todavía deben ser identificadas con precisión. Los análisis futuros de estos restos, junto con los materiales vegetales que puedan recuperarse, permitirán conocer mejor la alimentación de estos grupos, las condiciones ambientales de la época y la manera en que aprovechaban los recursos del entorno.
Un vacío en la arqueología del este del mar Negro
La cueva de Koskarlı ocupa una posición geográfica especialmente interesante, cerca de una zona que conecta Anatolia con el Cáucaso. Esta ubicación podría ayudar a comprender mejor los desplazamientos de las poblaciones prehistóricas y la circulación de tecnologías entre distintas regiones.
El yacimiento también aporta información a una zona donde los registros arqueológicos de este periodo son escasos. Mientras que las comunidades epipaleolíticas del sur de Anatolia han sido estudiadas durante décadas, existe mucha menos información sobre las poblaciones que vivían en el entorno oriental del mar Negro.
Por ello, Koskarlı constituye un contexto epipaleolítico de especial relevancia para estudiar esta región. Los investigadores prevén continuar las excavaciones y los análisis de laboratorio para determinar con mayor precisión cómo utilizaban la cueva sus habitantes.
Los futuros estudios también podrían aportar información sobre la manera en que los cazadores-recolectores respondieron a los cambios ambientales que acompañaron la transición del Pleistoceno tardío al Holoceno temprano.
Por ahora, la hoguera, las herramientas de piedra y los adornos personales conservados en Koskarlı ofrecen una mirada excepcional a la vida de grupos humanos que ocuparon esta cueva de montaña hace casi 13.000 años. Sus restos podrían ayudar a reconstruir las rutas, tecnologías y formas de vida de las comunidades que se desplazaban entre Anatolia y el Cáucaso al final de la última Edad de Hielo.




















