En los años 80, los científicos hicieron un experimento forestal y lo olvidaron: 30 años después, lo retomaron y el resultado los dejó sorprendidos
El estudio sugiere que estrategias de manejo adaptadas pueden equilibrar producción de madera y conservación.
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Un experimento forestal iniciado hace casi cuatro décadas y abandonado durante años terminó ofreciendo una de las pruebas más llamativas sobre cómo responden los bosques al manejo humano. Cuando un grupo de investigadores regresó al lugar treinta años después, encontró árboles más grandes, una notable recuperación del carbono almacenado y señales de que ciertas especies silvestres se beneficiaban de las condiciones creadas por el proyecto.
Un experimento que quedó en el olvido
A finales de los años 80, el gobierno del estado de Victoria, en Australia, impulsó un amplio proyecto para estudiar alternativas a la tala rasa, una práctica que consiste en cortar todos los árboles de un área determinada, según explica un artículo en The Conversation. En aquella época, este método generaba un intenso debate entre quienes defendían la conservación de los bosques y quienes consideraban necesaria la explotación forestal.
Como parte de esa iniciativa nació el Silvicultural Systems Project, desarrollado entre 1987 y 1989 en dos zonas de bosques de fresno de montaña. Los investigadores compararon diferentes estrategias de manejo forestal, entre ellas la tala rasa tradicional, la tala en pequeños parches, el aclareo intensivo —que consistía en retirar entre el 50% y el 70% de los árboles— y sectores que permanecieron intactos para servir como referencia.

Vistas aéreas del Proyecto de Sistemas Silvícolas de Tanjil Bren. Izquierda: Pequeñas zonas despejadas de tamaño variable y forma. Derecha: Aclareo intensivo. Foto: Centre for Forest Tree Technology
Durante los primeros años se monitorearon miles de plántulas y cientos de parcelas. Los resultados iniciales mostraron que el fresno de montaña se regeneraba mejor en las zonas sometidas a tala rasa, mientras que en otros tratamientos predominaban especies del sotobosque, como las acacias.
Después de publicarse esos hallazgos, el proyecto fue abandonado. El camino de acceso quedó cubierto por la vegetación, el cartel del sitio terminó destruido y el experimento cayó prácticamente en el olvido.
El bosque reveló una sorpresa
Todo cambió en 2014, cuando un grupo de investigadores de la Universidad de Melbourne visitó nuevamente el lugar durante una actividad académica. Lo que encontraron superó sus expectativas.
Las conclusiones obtenidas décadas atrás seguían siendo válidas, pero el mayor descubrimiento apareció en las áreas sometidas al aclareo intensivo. Los árboles que permanecieron en pie habían crecido de forma extraordinaria gracias a que disponían de más espacio, luz y recursos.
Muchos ejemplares, con apenas 80 años de edad, superaban un metro de diámetro a la altura del pecho y algunos alcanzaban más de 1,5 metros. En promedio, los árboles más grandes eran un 20% más gruesos que los que crecían en las parcelas donde nunca se había realizado ninguna intervención.
Los científicos también comprobaron que esos bosques habían recuperado todo el carbono extraído durante la cosecha inicial y, con el paso de los años, almacenaban una cantidad igual o incluso superior a la registrada en los sectores que nunca fueron talados.
Un hallazgo que podría cambiar el manejo de los bosques
Los investigadores sostienen que estos resultados ofrecen nuevas perspectivas sobre la gestión forestal. Los árboles de mayor tamaño suelen resistir mejor los incendios y tienen más probabilidades de desarrollar cavidades naturales que sirven de refugio para especies amenazadas.
Además, las acacias que crecieron en varias de las áreas intervenidas también resultaron importantes para el petauro de Leadbeater, un pequeño marsupial que utiliza estos árboles para desplazarse y buscar alimento. De hecho, las cámaras instaladas en el lugar detectaron ejemplares de esta especie en todas las parcelas manejadas con tratamientos silvícolas, mientras que no registraron ninguno en las zonas sin intervención.
A partir de estos hallazgos, los autores concluyen que el aclareo forestal puede aportar beneficios simultáneos para la producción de madera, el almacenamiento de carbono y la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, también advierten que no existe una única estrategia válida para todos los bosques y que cada ecosistema requiere un manejo adaptado a sus propias características.


















