
La fragmentación de la oposición parlamentaria debilita los contrapesos frente al Gobierno. La fiscalización y el control político siguen siendo herramientas esenciales ante la emergencia climática y los posibles abusos de poder.

¿Qué esperamos, entonces, de nuestras autoridades? ¿Estamos dispuestos a apostar por construir alternativas nuevas para nuestros territorios? Nos quedan solo algunos días para responder esta pregunta"

La oposición política, a pesar de promesas de firmeza, aún no se ha manifestado contundentemente, dejando a peruanos y peruanas sin respuestas claras sobre sus demandas y necesidades.

"Reconocer que este ha sido un proceso no solo político sino emocional me ha permitido mirar con otra perspectiva lo que se viene y empezar a analizarlo desde otra perspectiva"

"Mientras estos partidos sigan intentando dominar nuestras vidas, también habrá mujeres peleando por un lugar en la política, en la democracia y en la vida pública"

La presencia de mujeres en el Congreso es crucial para avanzar en temas trascendentales como la violencia de género y las brechas salariales. Apoyar a mujeres en política es un paso hacia una representación más efectiva y equitativa.

"Que mientras sean ellos los que controlen la agenda y la acción pública, este seguirá siendo un país sin lugar para las niñas"

No puedo prometer que algo bueno vaya a salir, pero antes o después, el péndulo tendrá que moverse, y será por terquedad.

Uno en el que estamos ante la posibilidad de seguir bajo un “pacto mafioso” o garantizar un “cordón sanitario” que nos permita retomar, al menos, parte de lo perdido en estos años.

Porque lo que es bueno para la democracia es bueno para las mujeres.

Dos años y 10 meses después, el Congreso ha vuelto a activar la vacancia presidencial por incapacidad moral.

Tenemos la responsabilidad de pelear en cada espacio, de no ceder ni un centímetro, de no dejar que nos regresen a los márgenes.

"Sin embargo, es preciso recordar que tal desvergüenza no sería posible si no supiese ella que no tendrá mayorías opositoras entre los actores políticos predominantes, quienes, con desvergüenza, miran a un costado mientras Boluarte hace y deshace".

Con más de cincuenta asesinatos a cuestas y una decena de investigaciones fiscales en curso, la señora Boluarte se ha ganado a pulso el rechazo ciudadano y la movilización social que ese rechazo genera.

Todas estas son expresiones arcaicas del poder y de un ejercicio del poder en el que no existen ciudadanos sino súbditos.

Tomar decisiones casi nunca es sencillo. Cada una o uno de nosotros puede seguro hacer memoria de situaciones en las que la decisión pareció muy obvia y evidente y otras en las que las que tuvo que analizar distintos factores, incluido preguntarse ¿es este el momento indicado para esta decisión?Y es que incluso cuando la decisión pueda verse como objetivamente buena, a menudo llevarla a cabo en un contexto adverso puede evitar que los resultados sean los deseados. Se trata de tener la capacidad de identificar el momento “oportuno” para que las posibilidades de que esa acción o decisión genere un resultado positivo o beneficioso de incrementen.Si este sentido de oportunidad es de suma importancia para la vida individual de cada persona “de a pie”, en la política, y en la toma de decisiones de los actores políticos, la capacidad de tomar decisiones oportunas cobra una relevancia esencial.El análisis de la oportunidad, o la pertinencia, en el caso de los actores políticos, no puede quedarse en el campo de los datos duros, las necesidades propias o incluso los beneficios objetivos que una decisión parezca involucrar, sino que deberá considerar un factor adicional y de máxima relevancia: la percepción de la ciudadanía sobre la oportunidad de la decisión tomada.Y aquí vale la pena añadir un apunte: El sentido de oportunidad no se trata sólo de decidir bien cuándo HACER, sino también cuando NO HACER. Así, como leí alguna vez “un político maduro debe tener sentido de la oportunidad: hacer comentarios oportunos y tener silencios oportunos”. Cuando actuar, y cuando no.Podemos recordar como las declaraciones de la señora Dina Boluarte sobre “el menú de diez solcitos” (frente al reclamo de ciudadanas de más presupuesto para programas sociales) resultaron en el repudio general y siguen siendo recordadas cada vez que alguna de sus angurrias de lujo y boato es conocida.Y sobre este mismo personaje y sus acciones “inoportunas”, es posible intentar analizar objetivamente la necesidad de revalorar el salario de quien ostente la presidencia de la República pero ¿era oportuno, señora Boluarte, con 2% de aprobación y ningún resultado destacable de su gestión, pedir duplicarse el sueldo?Cuando estas impertinencias ocurren, corroboramos la languidez de un gobierno que Rodrigo Barrenechea a descrito bien como una “Mequetrecracia”. Solo eso explica que ni un solo asesor haya tenido la capacidad de decirle “no se haga eso señora”.Pero la falta de sentido de oportunidad no alcanza sólo al Poder Ejecutivo. Recientemente, frente a un debate sobre la pertinencia de una nueva normativa electoral, un colega espetó con razón “si una ley no es oportuna, entonces, sencillamente, no es buena”.Cuando previo a la reforma constitucional que hizo el Congreso para restablecer la reelección parlamentaria algunas personas insistieron en los excelentes resultados que en la calidad democrática de otros países tenía dicha medida, sostuve que “mientras que lo deseable sería que la ciudadanía pudiese sentir confianza en que un Senado genere mejores leyes, y que la reelección fortalezca la sapiencia política de sus representantes, lo que se siente en el aire es interés particular, intentos de reelección y formas de garantizar los intereses y el control de los partidos políticos que conformarán bancadas parlamentarias”.Lo mismo ocurre hoy con decisiones que se vienen adoptando en cuanto a la posibilidad de que congresistas puedan realizar actividades parte de las campañas proselitistas de sus partidos.Esclarezcamos que quienes son congresistas lo hacen en representación de la ciudadanía, pero usando como vehículo para llegar allí a los partidos políticos los mismo que tienen ideologías, programas de gobierno, posturas y grupos poblacionales a los que representan preferentemente. Por tanto, los congresistas de estos partidos habitualmente expresan, defienden y promueven “posiciones ideológicas, programáticas y partidarias ".Dicho esto, ¿es oportuno facilitar que desde su labor parlamentaria puedan promover estas posturas a costa abandonar las labores de representación y legislación para acompañar a sus candidatos a mítines y demás actividades de campaña?Recordemos que los parlamentarios reciben asignaciones para “gastos de representación” y para cubrir las actividades de la semana de representación. ¿Cómo se determina dónde empieza y dónde termina lo que se gasta en representación y lo que se gasta en campaña?Gravemente inoportuno además justificar esta decisión diciendo que como los actuales parlamentarios tienen una alta desaprobación deben poder invertir el tiempo de campaña en mejorar su imagen pública. Cinco años han tenido para mejorar su imagen pública, para legitimar la acción política y legislativa. La reelección debiese ser producto del éxito de su función y no de un intento de lavada de cara de última hora.El país requeriría de políticos que muestren responsabilidad con las preocupaciones de la ciudadanía y con la necesidad de relegitimar la política, pero los nuestros siguen priorizando, a todo nivel, su oportunidad de acomodar normas a su beneficio. Una retorcida forma de ver el sentido de oportunidad.Así, sólo queda a la ciudadanía exigir oportunamente respuestas claras a quienes gobiernan y quienes quieren gobernar. Y avanzar a las elecciones buscando la oportunidad de cambiar nuestra política para mejor. De otro modo, seguiremos en manos de un montón de inoportunos.

Llama la atención que siendo esta la realidad de nuestras organizaciones políticas, se permitan vanagloriarse de sus inscripciones sin hacer a su vez un mea culpa por su absoluta inoperancia e ineficiencia a la hora de representar y aglutinar intereses ciudadanos.

A las mujeres se nos ataca, primero, pretendiendo ofender nuestro comportamiento sexual.

La batalla cultural no tiene negociación de paz posible con estos actores, solo la demolición les resulta aceptable. Advertidos estamos.

Aunque parece que estos tres hechos indignan por separado a muchos y muchas, termino insistiendo en algo que he dicho ya antes en esta columna, y es que estamos dando poca relevancia a la batalla cultural que, de forma más organizada de lo que creemos, se viene dando desde los sectores reaccionarios del país, y que mira ya directamente a las elecciones de 2026.

Quizás la esperanza sea muy difícil de mantener en estos tiempos, pero aun entonces cobra mayor fuerza la necesidad de valentía, tesón, arrojo. La necesidad de levantarnos, aunque parezca que no hay horizonte a la vista, para construir ese horizonte.

A propósito de cumplirse dos años desde que Dina Boluarte juramentó el cargo, quizás podamos preguntarnos: ¿ha ocupado realmente en algún momento la señora Boluarte la plenitud del cargo de presidenta?

Quisiera pensar que es posible, a propósito de estas fechas, seguir abogando por reducir la brecha de datos y por incorporar en las estadísticas públicas la desagregación necesaria para responder de forma específica a los problemas de las mujeres. Quizás, así, podamos salvar nuestras vidas.

En lugar de promover una educación pública de calidad y presencia continua en la vida de los estudiantes, que permita también prevenir que se acerquen a conductas de riesgo que puedan desencadenar en delito, el Gobierno trata la educación pública como un bien de segundo orden.

La mirada teológica de Gustavo era, en primer lugar, la de la entrega y el amor gratuito por el otro, la otra. Su claridad sobre el amor de Dios, que se daba sin condición, pero comprometido con la realidad y el bienestar del otro.

Necesitamos políticas serias para recuperar la seguridad, sin ceder al discurso de la mano dura.