Politóloga, máster en políticas públicas y sociales y en liderazgo político. Servidora pública, profesora universitaria y analista política. Comprometida con la participación política de la mujer y la democracia por sobre todas las cosas. Nada nos prepara para entender al Perú, pero seguimos apostando a construirlo.

Tiempo de terquedad, por Paula Távara

No puedo prometer que algo bueno vaya a salir, pero antes o después, el péndulo tendrá que moverse, y será por terquedad.


El inicio de año suele venir con una especie de mandato imperativo de evaluación del año que se deja y propósitos para el que empieza: nuevo trabajo, dieta, culminar ciertos retos, lanzarse a nuevos proyectos.

Así, las redes, los coach y la parafernalia lifestyleinsisten en que esto nos genere ilusión para el año que empieza. A mí, la verdad, es que lo que tanto propósito de Año Nuevo me genera es ansiedad.

Como alineado a esa parafernalia, y alimentado por más influencers que por comunicadores políticos de verdad, el gobierno ha elegido estos días para lanzar su slogan: “El Perú a toda máquina”, muy bien alineado con la imagen superflua e irrelevante del encargado de la presidencia, y muy alejado de lo que la gran mayoría de la ciudadanía percibe hoy como una realidad.

En la víspera de Año Nuevo se reportó el asesinato de tres personas al interior de una mina en Pataz. La noche misma de Año Nuevo, una agrupación musical fue atacada a balazos en pleno concierto en Carabayllo.

También por esos días, y casi como un mal augurio del slogan presidencial, tuvo lugar el choque de trenes en el Cusco, en la codiciada y maltratada ruta a Machu Picchu. El saldo fueron dos fallecidos, un centenar de heridos y otros tantos ciudadanos y turistas abandonados a su suerte buscando cómo retomar camino. Eso sí, pese a que el dueño de una de las empresas de trenes es un candidato a la presidencia (o quizás precisamente porque lo es), lo que hemos recibido ha sido silencio absoluto por su parte.

Además, los primeros días del mes de diciembre se levantaron las alertas por la llegada de una variante de la influenza y se reavivó la preocupación por las muertes de niños y niñas en la Amazonía producto de la tos ferina, una enfermedad que debería estar casi erradicada, pero que hace un año azota estas zonas del país, develando el decreciente nivel de vacunación en el país.

¿Qué es entonces en el país lo que va “a toda máquina”?

Si en esos últimos días del 2025 no tuvimos más malas noticias fue probablemente porque los actores de nuestra fauna política estaban centrados en concretar sus candidaturas a las elecciones de abril y empezando campaña con chocolatadas, regalos y afines.
Puestos entonces en ese escenario, parece casi naífplantear ilusión y propósitos bonitos para el año que empieza, máxime cuando hablamos del futuro político de nuestro país.

Lo que he encontrado más bien, entre villancicos y celebraciones de estas fechas, es una preocupación que linda con el temor, una expectativa que se confunde con incertidumbre. Y las elecciones de abril como un ejercicio de resignación antes que de ilusión política.
Y eso a mí, que desde niña contaba los años para poder votar y que, ya con la mayoría de edad a cuestas, cruzaba los dedos pidiendo que me toque ser miembro de mesa, me genera pena, preocupación y un poquito de mala leche.

Es imposible para una politóloga no reconocer el estado en que nos encontramos, negar los procesos y causas que nos han traído hasta aquí, y que bien ha denominado Alberto Vergara como de “descomposición y demolición”. Le decía hace unos días a unos amigos que me resulta muy difícil desconectar de la teoría y de la práctica de estos años y responder con esperanza a las preguntas que me hacen sobre el devenir del país.

Y, sin embargo, estos días convive en mí la politóloga pesimista con esa niña-ciudadana que aún cree que las elecciones sirven, que importan. Que ese día en que, por un breve instante, todos los miembros de esta comunidad política llena de clasismo y racismo valemos lo mismo, tiene que ser útil.

En este estado complejo de ánimo me ha encontrado “Canarios de las minas de carbón: las batallas de la prensa centroamericana”, episodio del podcast El Hilo(3.10.2025). En él, Eliezer Budasoff —con su voz grave y de gravedad— narra la terrible represión que viven hoy en esta parte del continente quienes ejercen el periodismo y las razones por las que, aún a riesgo de su vida y del exilio, siguen buscando formas de ejercer su profesión, generando como efecto inesperado de la represión una especie de “semilla de obstinación mucho más resistente que la impunidad de un tirano centroamericano promedio”.

Hay una frase en particular que me ha atravesado: de alguna manera, lo que ellos hacen “sostiene una promesa de futuro extraña, basada en la terquedad antes que el optimismo”.

Claramente, con 36 partidos en contienda, un parlamentarismo forzoso y buena parte de nuestras instituciones políticas y democráticas controladas por las mafias, es muy difícil ser optimistas.

En las próximas semanas veremos seguro más de una candidatura desplomarse, veremos vendettas e inhabilitaciones, fake news y terruqueo al por mayor.

Y, sin embargo, si la ciudadanía se permite negar su poder, ese que le da el marcar una cédula de votación, si no con ilusión, al menos con conciencia, habremos entregado el poquito de democracia que nos queda.

Quizás por eso, y porque es inicio de año y nos tendremos que poner propósitos y metas, he de insistir en que busquemos un sentido a estos meses de campaña, un propósito a las elecciones y terquedad a nuestros votos. Que leamos, que miremos, que escuchemos con atención y que tomemos partido, antes que por un candidato o candidata en específico, por el compromiso de estos con las instituciones democráticas y el Estado de derecho. Que le cerremos la puerta a quien quiera hacernos retroceder más.

No puedo prometer que algo bueno vaya a salir, pero antes o después, el péndulo tendrá que moverse, y será por terquedad.

Paula Távara

Politóloga, máster en políticas públicas y sociales y en liderazgo político. Servidora pública, profesora universitaria y analista política. Comprometida con la participación política de la mujer y la democracia por sobre todas las cosas. Nada nos prepara para entender al Perú, pero seguimos apostando a construirlo.