
Minutos antes de las once de la mañana, Keiko Fujimori salió de su vivienda en San Borja acompañada de sus dos hijas con rumbo al Gran Teatro Nacional, donde ya la esperaba la mesa de honor presidida por el titular del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, junto a los otros cuatro miembros del pleno electoral. En los exteriores del recinto, una portátil entre militantes y excandidatos del partido Fuerza Popular la esperaba con arengas y aplausos.
La jornada tuvo un peso simbólico que trascendió el protocolo. A sus 50 años, Fujimori se convirtió en la primera mujer elegida presidenta del Perú por voto directo, un hito que el propio Burneo destacó minutos antes del acto al calificarlo como una muestra de la madurez democrática alcanzada por el país en las últimas décadas.
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Para la hija del exdictador Alberto Fujimori (1990-2000), la credencial recibida esta tarde representa el cierre de un ciclo que comenzó hace tres elecciones. Antes de 2026, había disputado y perdido la presidencia en 2011, 2016 y 2021, siempre en segunda vuelta y siempre por márgenes estrechos. Esta vez, el resultado también fue ajustado: la fórmula de Fuerza Popular obtuvo 9 millones 223 mil 396 votos frente a los 9 millones 173 mil 755 de la candidatura de Juntos por el Perú, una diferencia menor a 50.000 sufragios en todo el país.
La ceremonia de este miércoles no solo acreditó a la nueva mandataria. También formalizó a quienes la acompañarán en el Ejecutivo: Luis Galarreta como primer vicepresidente y Miguel Torres como segundo vicepresidente, ambos parte de la fórmula que Fuerza Popular llevó a las urnas.
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El acto se desarrolló con el formato habitual de estas sesiones solemnes: instalación de la mesa de honor, entonación del Himno Nacional y lectura de la resolución de proclamación. Recién después llegó el momento central, cuando el JNE llamó de manera individual a cada integrante de la fórmula ganadora: primero a Miguel Torres como segundo vicepresidente, luego a Luis Galarreta como primer vicepresidente y, finalmente, a Fujimori, quien recibió su credencial de manos de Burneo entre aplausos y arengas de "sí se pudo" desde las bancas del teatro.
En su discurso, Fujimori agradeció a los miembros de su partido y a otras fuerzas políticas que, dijo, dejaron de lado sus diferencias para respaldar el proceso democrático, y llamó a construir un Perú más inclusivo para las comunidades que durante décadas esperaron carreteras, hospitales, agua potable y títulos de propiedad. Prometió un Estado que "resuelva" y no que administre la inercia, un gabinete elegido por capacidad técnica antes que por militancia partidaria, y una reconciliación nacional que, insistió, no significa borrar las diferencias sino construir sobre lo que une a los peruanos. "He aprendido a pedir perdón, pero, sobre todo, a perdonar", dijo en uno de los pasajes más citados de su intervención.
Ese llamado a la reconciliación y esa promesa de un gabinete elegido por mérito técnico, sin embargo, contrastan con lo que esta misma redacción ha venido documentando en las últimas semanas sobre la propia transferencia de gobierno de Fujimori. Una investigación de La Encerrona reveló que los equipos designados para recibir la información de los distintos ministerios repiten un patrón: operadores con trayectoria en el fujimorismo, en el partido de César Acuña o en la gestión de Dina Boluarte, varios de ellos con procesos judiciales, acusaciones de corrupción o cuestionamientos de la Contraloría a cuestas. En la Presidencia del Consejo de Ministros, por ejemplo, Fujimori colocó a su abogada personal, Juliana Losa, y a un exasesor del fallecido Alan García; a ellos se suma Shirley Montenegro, señalada por el equipo especial Lava Jato como la persona que habría incinerado pruebas de lavado de activos vinculadas a la propia Fujimori.
El contraste no se limita al gabinete. Frente a su promesa de una seguridad "sin miedo", esta redacción también ha reportado que Fujimori evalúa replicar el modelo de seguridad del presidente ecuatoriano Daniel Noboa, cuya gestión ha sido cuestionada por organismos de derechos humanos por presuntas ejecuciones extrajudiciales y abusos de las fuerzas del orden. A ello se suma un antecedente: Fuerza Popular apoyó en bloque el paquete de las ‘leyes procrimen’ que, según se ha venido documentando por parte de especialistas, debilitaron la persecución hacia los delincuentes.
La ceremonia de entrega de credenciales a Keiko Fujimori pasó de ser un acto protocolar a un mitin político. Durante el momento en que Fujimori y sus vicepresidentes, Miguel Ángel Torres y Luis Galarreta, recibieron sus credenciales, los simpatizantes fujimoristas presentes lanzaron fuertes gritos que interrumpieron por breves instantes el desarrollo de la ceremonia.
Tras recibir su credencial como presidenta electa, Fujimori ofreció un discurso que fue constantemente acompañado por las arengas de los asistentes.
En cada pausa se escucharon gritos como ‘¡Sí se pudo!’, ‘¡Fujimori presente!’ y otras consignas, lo que cambió el tono protocolar que había caracterizado el evento hasta ese momento.
El bullicio también fue protagonizado por figuras ajenas a las filas tradicionales del fujimorismo, pero que en los últimos años han mostrado cercanía con ese movimiento.
Una de ellas fue el cómico Pablo Villanueva, más conocido como Melcochita, quien contribuyó al desorden al gritar: ‘¡Melcochita siempre estará contigo, Keiko!’. Otras figuras del fujimorismo también estuvieron presentes, como Fernando Rospigliosi y Martha Moyano, entre otras.
Simpatizantes llegados desde distintas regiones del país lanzaron arengas durante la ceremonia. Poco antes de concluir el acto, uno de los asistentes gritó ‘¡Huancavelica presente!’.
Incluso, durante la fotografía oficial, el moderador tuvo que pedir orden para evitar que la algarabía continuara.
Las celebraciones fujimoristas continuaron una vez finalizada la ceremonia. A la salida del evento, la organización improvisó un estrado para prolongar las actividades proselitistas.
Desde allí, Keiko Fujimori ofreció un breve mensaje junto a sus vicepresidentes, mientras sus simpatizantes seguían celebrando.
Después se dirigió junto con el alcalde de Lima, Renzo Reggiardo, y encabezó la ceremonia por el 205º aniversario de la Declaración de la Independencia por el Cabildo Abierto de Lima en el Palacio Municipal. En el acto, le entregaron la Orden al Mérito en el Grado de Gran Cruz a Julio Velarde.





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