Cargando...
Opinión

Política vs familia, por René Gastelumendi

El dilema de la polarización política se vive en las familias, donde figuras como el tío Alberto se convierten en símbolos de una resistencia ideológica.

rené
René Gastelumendi

Vi a mi querido tío Alberto en una pantalla antes de recordarlo, en un radical flashback, en la mesa de los desayunos de mi infancia pacasmayina. Allí estaba él, capturado en una fotografía que circulaba por las redes como el símbolo de una resistencia que yo, desde mi vereda de derecha liberal, suelo cuestionar con argumentos que mi tío, por supuesto, desdeña. En la potente imagen, Alberto sostiene una pancarta con un grito furibundo, de guerra, un 'primal scream' impreso en mayúsculas donde no hay espacio para la duda: “No a la dictadura comunista terrorista”, dice, estableciendo una trinchera en donde no cabe lo distinto. Para él, en ese cartel y en su vida, el comunismo, el terrorismo y lo que él llama 'caviarismo', que, repito, incluye hasta la derecha liberal, son una misma hidra de una sola cabeza roja y maldita.

Es uno de los dilemas de nuestra época, que crece como mala hierba en cada campaña: ¿qué hacemos con los afectos cuando la ideología levanta muros que no reconocen matices? Alberto pertenece a ese grupo de peruanos que sienten su país bajo asedio, convencidos de que el Perú está a un paso del abismo y que cualquier orilla que no sea la suya es el enemigo. Son dicotómicos por naturaleza: o estás con ellos o eres parte de la conspiración. Por eso, su fe hoy está depositada en Rafael López Aliaga y su discurso se alimenta del fraudismo; esa creencia de que, si la realidad no les da la razón en las urnas, es porque hubo un complot de ese comunismo invisible que ven en todos lados.

Alberto ha comprado una idea muy peligrosa de la virilidad política: cree que la verdad se mide por el nivel de atrincheramiento. Para él, tener huevos es no ceder un milímetro, es cerrarse en el búnker y disparar etiquetas a todo lo que se mueva fuera de su radar. En su mapa mental, mi búsqueda de puentes o mi defensa de una derecha liberal no son posturas legítimas, sino síntomas de debilidad o complicidad disfrazada. En esta coyuntura, reconocer irregularidades groseras de la ONPE, pero no llamar a eso fraude, es una traición de clase.

Sé que, para él, mi periodismo es también una suerte de traición; sé que me ha dejado de querer desde que mi discurso dejó de encajar en el guion de su programa favorito de Willax. Él preferiría verme como un barra brava de la DBA, y, al no serlo, me ha desplazado a ese limbo de los 'sospechosos'.

Sin embargo, me niego a caer en ese mismo pensamiento dicotómico que lo atrapa. Me niego a que una pancarta borre los recuerdos de mi infancia frente al mar de Pacasmayo, las vivencias compartidas desde tan temprano y ese orgullo que alguna vez sintió por mí. Alberto no es solo el 'señor de la foto'; es el hermano de mi madre, el hombre que estuvo ahí mucho antes de que la polarización nos convenciera de que la intransigencia es una virtud heroica.

Escribo esto porque sé que no soy el único. En casi todas las familias hay un Alberto y un René intentando no estallar en el almuerzo del domingo o en el chat. Hemos aprendido a transitar por puentes frágiles, a callar para no herir, a separar al ser humano de sus fantasmas políticos. Es un ejercicio de resistencia emocional: entender que detrás de ese grito contra 'los rojos' todopoderosos y omnipresentes hay miedos reales, atávicos y, al mismo tiempo, un vínculo que es mucho más antiguo que cualquier campaña electoral.

A veces, cuando lo miro, siento que la política nos ha robado un trozo de nuestra historia. Pero luego lo veo de cerca y reconozco su mirada. Mi tío Alberto ama a su país a su manera, con una intensidad que lo desborda. Yo lo quiero con paciencia, que me obliga a ver la ternura que todavía se esconde detrás de esa furia de cartel.

Si permitimos que la grieta política devore también la mesa familiar, habremos perdido la última trinchera de humanidad que nos queda. Yo elijo quedarme con el tío, aunque él a veces no pueda ver al sobrino detrás de lo que él cree que es un 'caviar'. Al final del día, el cartel se guarda, pero la familia es lo único que debería quedar en pie.

 

Lo más visto

Fujimorismo redobla baterías para la impunidad

LEER MÁS

Disonancia cognitiva, por Jorge Bruce

LEER MÁS

¿Puede ganar Keiko a la cuarta?, por Rosa María Palacios

LEER MÁS

Recetas

Ofertas

Lo Más Reciente

Opinión

El viaje póstumo de Carmen Caballero, por Leyla Aboudayeh

Fujimorismo redobla baterías para la impunidad

Al final, nadie los quería, por Mirko Lauer

Estados Unidos

Elecciones en Nueva York 2025: Zohran Mamdani gana la alcaldía y triunfo le da un fuerte golpe a la era Trump

El 11S el atentado terrorista con más víctimas de la historia: alrededor de 3.000 afectados y cuestionó la seguridad global

Estos son los 5 mejores destinos del mundo para hacer trekking: están en Estados Unidos, España y Perú

Política

Fiscalía solicita más de 5 años de prisión contra Roberto Sánchez por aportes a Juntos por el Perú

EN VIVO Resultados ONPE al 99.923%: sigue minuto a minuto el conteo entre Keiko Fujimori, Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga

Piero Corvetto se queda sin seguridad: PNP confirma que le retiraron el resguardo policial tras renunciar a la ONPE

Deportes

Programación de la Liga 1 2026: día y hora de los partidos por la fecha 15 del Torneo Apertura

Christian Cueva revela deuda de 5 millones de dólares con FIFA: “Si no pago, no puedo jugar”

Vivian Baella se pronunció tras comunicado de Flavia Montes en su contra por polémicos comentarios: "Lo que puedan entender ya escapa de mis manos"