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Opinión

Combatir la polarización electoral: un desafío ciudadano

Ad portas del inicio formal de las campañas electorales, es fundamental destacar el rol de cada peruano en propiciar un debate serio de lo que necesita nuestra democracia.

Editorial
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Los procesos electorales siempre colocan a las sociedades democráticas ante decisiones que marcan su rumbo. Son momentos en los que se condensan expectativas, frustraciones y esperanzas, y en los cuales cada persona proyecta su idea de futuro.

En el Perú, sin embargo, esa intensidad ha terminado demasiadas veces convertida en confrontación y  polarización exacerbada. Y justamente porque las elecciones son cruciales para la vida de cada ciudadano, es necesario reconocer que la polarización nace de las conductas, emociones y hábitos cívicos.

El país ya ha visto cómo la crispación electoral fractura familias, bloquea conversaciones y convierte la política en un campo de batalla permanente que empeora la calidad de la convivencia. No obstante, la tensión no es un destino inevitable.

La ciudadanía tiene la primera responsabilidad de impedir que el debate vuelva a degradarse al nivel en el que la agresión se convierte en un lenguaje aceptable.

Evitar la polarización comienza por algo sencillo pero decisivo: escuchar. En cada elección peruana reciente, la urgencia de “ganar” ha postergado el debate sobre cuáles son los problemas que cada comunidad sufre y deben solucionarse.

En ese sentido, recuperar la capacidad de diálogo, incluso cuando parezca inútil, es un acto de defensa democrática.

También es vital que la ciudadanía coloque la información verificada por encima de la reacción emocional reactiva. Las campañas electorales que usarán sin duda algunas redes sociales intentarán explotar miedos. Pero el ciudadano tiene la posibilidad de frenar esa maquinaria preguntándose qué es cierto, qué es rumor y quién se beneficia de sembrar la discordia.

Finalmente, el próximo proceso electoral exige recordar algo elemental: el adversario no es el vecino que vota distinto. La democracia necesita competencia, no hostilidad, como la que intentan imponer quienes detentan el poder actualmente contra las necesidades de las personas.

Si la ciudadanía adopta ese compromiso mínimo —escuchar, informarse, no deshumanizar al otro, por ejemplo a través de la caricaturización del diferente—, el Perú podrá atravesar la próxima elección con tensiones propias de cualquier democracia, sí, pero sin repetir el desgaste que en los últimos años ha paralizado al país.

Por lo tanto, vale la pena recordar que el futuro político no depende únicamente de quién gane, sino de cómo decidimos vivir el proceso.

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