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Opinión

¿La verdadera y única libertad es la económica?

“La paradoja (aparente) es que ese ‘libre mercado’ ha sido hechura del Estado. Sí. Ha sido moldeado y construido por el neoliberalismo: durante años...”.

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“La paradoja (aparente) es que ese ‘libre mercado’ ha sido hechura del Estado. Sí. Ha sido moldeado y construido por el neoliberalismo: durante años...”.

Hace años que escuchamos un solo discurso. El modelo económico actual nos ha traído crecimiento y disminución de la pobreza, por lo que no hay ninguna razón para cambiarlo. Todos los demás modelos significan una vuelta al pasado, al estatismo, la hiperinflación y el estancamiento.

No. Todos los países de la región han tenido tasas de crecimiento y de reducción de la pobreza similares a las nuestras, con excepción de Venezuela. Esto se ha dado en países con modelos económicos más o menos ortodoxos –Colombia, Chile, Perú y México– como en países que tuvieron regímenes “progresistas”: Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Uruguay.

Todos se beneficiaron con los altos precios de las materias primas –impulsados por la industrialización de China– y se acuñó esta frase: el “Consenso de Washington” ha sido reemplazado por el “Consenso de las materias primas” (“commodities”). Todos se abocaron a aumentar su producción. Pero ese “súper ciclo” terminó en el 2013-2014.

Y casi nadie puso en marcha políticas de desarrollo productivo que redujeran nuestra dependencia de las materias primas, para que quienes salían de la pobreza no engrosaran las filas de la informalidad sino que tuvieran empleos con mayor valor agregado y estabilidad.

La razón: la creencia ciega en que “el mercado y el piloto automático proveerán”. No cambiar nada para que nada cambie. Eso tiene nombre y apellido: se trata de la preservación de un orden económico que ha beneficiado, sobre todo, a algunos sectores oligopólicos, como la banca comercial, las AFP, el cuasi monopolio farmacéutico, el sector energético y minero y las tiendas importadoras, entre otros.

La paradoja (aparente) es que ese “libre mercado” ha sido hechura del Estado. Sí. Ha sido moldeado y construido por el neoliberalismo: durante años dio carta libre a las fusiones y adquisiciones y mercados oligopólicos, creó las AFP con mercantilismo puro, permitió el oligopolio bancario y la exportación del gas modificando la legislación existente, impulsó a las universidades privadas y maltrató a las estatales, y descuidó la salud pública, con los resultados que hoy vemos.

La derecha económica solo reconoce como suyos los resultados favorables del crecimiento económico (tiene memoria selectiva): se deben al libre mercado, dicen. Y todo lo “malo” son hijos ajenos. Su argumento central: el Estado siempre es parte del problema, nunca de la solución.

Hay aquí una doble moral: el Estado es bueno cuando, desde el poder, aplica las leyes que los favorecen. Y malo cuando tiene problemas “de gestión”. Pregunta: ¿no es la derecha económica la que ha gestionado el Estado 30 años y ha estado involucrada en la corrupción? Pues no, dicen. Y algunos tienen la desfachatez de decir que casi todos los gobiernos desde el 2000 hasta hoy han sido de “izquierda”. Por favor.

Entonces, más allá de la economía, el fracaso del “modelo económico” se traslada ahora al terreno de la democracia, al respeto del voto. Para el neoliberalismo, la única y verdadera libertad es la económica, siendo incluso superior a la “eventual” y “transitoria” mayoría producto de una votación electoral que, si interviniera en el mercado, atentaría contra la libertad, desnudando su “carácter autoritario”. Así, la vigencia del “modelo” es condición sine qua non de la democracia. Si ganan los que se le oponen, no hay democracia.

El tema de fondo: así como el modelo estatista de la URSS sucumbió en 1990, ahora el neoliberalismo y la subsidiariedad del Estado se han derrumbado, lo que ha sido confirmado en EE. UU. con el giro hacia la economía mixta de Biden.

En Chile, cuna del neoliberalismo mundial (Pinochet, 1973), las elecciones a la Constituyente configuran un “nuevo momento histórico” (Piñera dixit). No sabemos qué pasará en el Perú. Pero sí sabemos que el respeto a la voluntad de las mayorías, de la democracia, es la tarea del ahora.

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