
En Prima Facie, Tessa es una abogada con una carrera en ascenso que celebra los casos ganados, al mismo tiempo que recuerda sus orígenes humildes y a su familia. Sin embargo, será víctima de la violencia y de los vacíos del mismo sistema que le dio poder.
Wendy Vásquez Larraín la interpreta en un brillante monólogo de 90 minutos.
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Hablábamos de los distintos casos de violencia. ¿Cómo te preparas para interpretar a una mujer con poder que termina siendo víctima?
Bueno, la verdad es que la realidad es terrible. Empiezas a trabajar este texto y, de pronto, está este sistema de activación reticular que uno tiene. He empezado a ver todos los casos que hay de agresiones sexuales alrededor y no sé si es que ahora estoy más atenta, pero lo preocupante es que siempre han estado ahí.
¿Está el reto de sostener la intensidad con la que hablaría una abogada?
Te diría que a mí misma me sorprende porque no siento que he hecho un trabajo técnico en absoluto. Siento que mi manera de trabajar, conforme van pasando los años, va cambiando. Inicialmente era muy técnica, pero ahora no me he puesto a ver videos de abogadas. Siento que cada vez soy más intuitiva y trato de ponerme en el lugar del personaje, de imaginar cómo sería si fuera yo. Felizmente, no he sido víctima de abuso sexual, es una bendición, pero sí me he sentido abusada en otras situaciones de la vida.
¿Te refieres al machismo?
Exactamente. Uno trabaja desde la intuición y la imaginación. Entonces, siento que mi mayor reto ha sido abrir mi corazón, ¿sabes? Preparar mi alma para contar esa historia y ser un intermediario. Es una forma de honrar a las mujeres que han pasado por esto. Lo que más me gusta de mi trabajo es que hay un componente de servicio que tiene poder. La motivación principal en este caso ha sido darles voz a esas mujeres, tantas y tantas en Perú y en el mundo.
Según las estadísticas, es probable que varias mujeres del público de cada función hayan sufrido una agresión sexual en sus vidas. ¿Te pones a pensar en eso?
Sí, totalmente. Es algo que pienso todas las noches cuando hago la función. En la parte final, cuando le digo al público que mire a su izquierda y a su derecha, siempre elijo mirar a las mujeres. De hecho, me conmueve. No siento que tenga que forzar una emoción o algo, sino que realmente me conmueve muchísimo saber que una de esas mujeres a las que estoy señalando ha sido víctima.
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Algo muy interesante de este texto es que la violación se da sin armas y en su entorno de confianza. ¿Crees que a partir de obras como esta muchas mujeres pueden identificar una agresión?
¡Uf! Totalmente. La autora (Suzie Miller) se pone en aprietos al contar la violación de esta forma. No es que ocurra en una calle oscura con alguien que no conoce, donde la víctima empieza a correr hasta que es atrapada. No, ocurre en un lugar seguro, con alguien con quien ya tiene relaciones sexuales, con alguien con el que inicia una relación, aparentemente. Y eso es lo que más me duele del proceso de contar la historia, porque siento que hay muchísimas mujeres que pasan por eso y que, probablemente, se dan cuenta después de muchos días de que han sido abusadas o ni siquiera son conscientes de eso y se culpan a sí mismas.
¿Se ha normalizado la conducta violenta de los hombres? Es decir, esta llamada ‘cultura de la violación’.
Sí. Ahora mismo, cuando pasó lo de la cantante Naldy Saldaña salió un montón de gente a decirle: "No se ve que te estás defendiendo tanto". Es de locos cómo la sociedad castiga tanto a las víctimas de agresión sexual solo por denunciarlo. Así como para los hombres está tan normalizado, probablemente, el uso de la insistencia o de la fuerza. Un "no" es suficiente.
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El texto no propone un desenlace feliz, dice la verdad y habla de los vacíos legales.
Sí, Tessa se da cuenta de que va a perder. La verdad legal va a ir en su contra, de todas maneras. Ella podría simplemente aceptarlo, sufrir, resignarse y maldecir el sistema. Pero como es abogada y tiene la posibilidad de hablar en esa corte, también decide usar el único poder que le queda: tratar de hacer algo por otras mujeres.
¿Es su propio proceso de cambio?
Ella no lo dice, pero de alguna forma hace un mea culpa, ¿no? Dice: “Hasta hoy en la corte aseguraba que esta mujer estaba confundida porque no podíamos probarlo, pero ahora sé que está girando sobre el eje equivocado la ley de agresión sexual”. Ojalá que eso cambie, pero en este contexto no pasa y el personaje hace lo mejor que puede. Es grandioso porque es trascender y tratar de dejar este mensaje instalado para que se sepa que el sistema es fallido, está roto.
Bueno, hace poco tuvimos un presidente acusado de violación...
Y a la gente le ha importado tres pepinos el caso. No es un criterio que el pueblo peruano considere como algo grave y eso es alarmante.
Escena de la obra Un espejo, dirigida por Wendy Vásquez Larraín en 2025.
El año pasado dirigiste Un espejo, sobre el poder político y la censura a los artistas. ¿Qué panorama enfrenta el gremio artístico en Perú?
Estamos en un escenario tan adverso, ¿no? Es terrible. Los artistas estamos dándole la batalla a esto, como estando en contra de la ley que crea el Colegio de Artistas. La principal batalla la hacemos expresando nuestro rechazo a las normas que nos intentan imponer y rechazando que intenten silenciarnos. Lo peor que podemos hacer es conformarnos y aceptar las injusticias que intentan caer sobre nuestro oficio. Los que hacemos teatro estamos convencidos de que no vamos a parar. La cultura no es solo entretenimiento, es una forma de revolución, de intentar cambiar las cosas. Hay un acto de fe en sentir que podemos transformar algo.
Ahora, los estudiantes de arte protestan por el recorte presupuestal.
Es que a la clase dominante no le interesa la cultura. Los artistas le somos incómodos, pero el arte tiene esa labor cuestionadora y claro, eso es muy incómodo porque es mejor estar silenciados, estar oprimidos, no expresar nuestra inconformidad, nuestra oposición a nada. Somos incómodos para los que tienen el poder, pero nos van a seguir teniendo.





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